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Posesión neoliberal (Leónidas Martín)

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Autor: Leónidas Martín

Querido amigo, sé por lo que estás pasando. El neoliberalismo te tiene poseído y no sabes cómo deshacerte de él. Por si te sirve de consuelo, te diré que no eres el único. El neoliberalismo, más que una ideología o una política, es un espíritu que lo ha poseído todo. Ha poseído al Estado y a todas sus instituciones, y los hospitales, las escuelas, los lugares de trabajo. También nos ha poseído a nosotros. Ha tomado nuestros cuerpos, nuestros deseos e ilusiones, nuestras ideas y nuestros sueños. Y, una vez poseídos, el espíritu del neoliberalismo nos gobierna bajo una única ley: la ley de la competencia.

Competir, competir, competir. Este es el principio universal de nuestros días. Está presente en todas partes. Compiten las empresas, compiten los mercados, compiten los gobiernos, “debemos adoptar unas políticas más competitivas”, dicen; y, por supuesto, nosotros competimos también. La ley de la competencia la llevamos tan dentro que ha llegado a ser parte de nosotros. Por más que nos pese, amigo mío, nos hemos convertido en una especie de pequeña empresa individual dedicada a competir sin descanso con las otras pequeñas empresas individuales que nos rodean: nuestros semejantes. Por eso te sientes hoy tan mal.

Para dejar de sentirte así te aconsejo que no prestes mucha atención a lo que dicen por ahí algunos falsos curanderos. Si el neoliberalismo fuese —tal y como afirman— “algo que se encuentra únicamente ahí fuera”, en el Estado, en los mercados o donde sea, tú ahora no sufrirías tanto, te lo aseguro. Créeme, el neoliberalismo no es una institución, es más bien una actividad paranormal (completamente normalizada y normativizada) que opera a la vez tanto dentro como fuera de nosotros. Así es como dirige nuestros comportamientos, los que tenemos hacia nosotros mismos y los que tenemos hacia los demás. Por eso, cuando un día nos sentimos tan mal como te sientes tú hoy y decidimos que ya está bien, que hasta aquí hemos llegado y que vamos a plantarle cara a este maldito espíritu, nos resulta muy difícil saber por dónde empezar.

Siento decirte que no existen conjuros definitivos, ni antídotos capaces de terminar para siempre con esta posesión. Lo que existen son conductas que, una vez repetidas, crean unos hábitos que debilitan en gran medida a esta fuerza malévola. Siento decirte también que poner en práctica estas conductas no es nada fácil. Si lo intentas, lo más probable es que sientas un miedo atroz, que tus labios zumben como moscas y comiences a oír voces raras en tu cabeza: ecos de un canto fantasmal llegados de la oscuridad más profunda para hacerte reconsiderar tu decisión.

Una de esas voces espectrales que aparece con más frecuencia es aquella que nos induce a pensar que, tomando el Estado y sus instituciones, acabaríamos de golpe y porrazo con la posesión neoliberal. No me gustaría que me malinterpretases; por supuesto que estoy a favor de cualquier incursión institucional de signo contrario a las políticas neoliberales, algo así multiplicaría las posibilidades de enfrentarnos a este espíritu; sin embargo, mucho me temo que no sería suficiente. A un espíritu no se le elimina simplemente con un cambio de política. Eso, sin unas nuevas prácticas de subjetivación, sirve de bien poco. Aunque el espíritu neoliberal se siente mejor cuando los gobiernos fluyen en la dirección del neoliberalismo, es capaz de adaptarse a circunstancias muy adversas. No lo olvides.

Otro hechizo a evitar es el que popularmente se conoce como La gota que colma el vaso. Bajo su influjo uno tiende a pensar que el sujeto no debe hacer nada para desposeerse, que la historia lo hará por él. Más que intentar crear unos nuevos valores que hagan emerger una subjetividad distinta, este embrujo nos sugiere que será el mismo neoliberalismo, mediante sus propias contradicciones internas, quien se encargará de ello. Así, un buen día, de buenas a primeras y sin que nadie sepa muy bien por qué, comenzará una especie de reconquista espiritual que lo cambiará todo. Lo único que necesitamos hacer nosotros, pues, es tomar conciencia de lo que nos sucede y esperar a que se den las condiciones idóneas para nuestra desposesión.

Como te habrás dado cuenta, ambos espejismos desatienden la lección más importante que nos ha enseñado el propio neoliberalismo: poseer es producir una subjetividad. Y eso no se hace únicamente tomando el Estado y aplicando unas políticas económicas distintas. Lo dijo la mismísima Margaret Thatcher: “La economía es sólo un método, el objetivo es cambiar el corazón y el alma”. Y para cambiar el alma de la gente, amigo mío, para crear un nuevo sujeto, es necesario realizar un trabajo constante en todos y cada uno de los planos de influencia que afectan a ese sujeto. Esa actividad incesante es, precisamente, el espíritu que nos tiene poseídos.

Sí, lo sé, te estoy deprimiendo más de lo que estabas. Tú tan sólo buscabas una manera sencilla de expulsar a ese maldito espíritu de tu cuerpo y yo no hago más que complicarlo todo. Pero no desesperes, traigo buenas noticias también; escucha: si el espíritu que nos posee es capaz de poseerlo todo desde todos los sitios a la vez, la resistencia a este espíritu puede darse también en cualquier parte; en cualquier momento. De hecho, si te fijas con atención, verás que esto sucede ya todos los días. Estamos rodeados de experiencias colectivas que se enfrentan al espíritu del neoliberalismo una y otra vez. El movimiento contra la deuda estudiantil en Estados Unidos (You´re not a Loan) o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) son dos buenos ejemplos de ello; pero no son los únicos, ni los más importantes. Miles de personas con sus pequeñas iniciativas de todo tipo se niegan a diario a convertirse en empresas competitivas, plantándole cara al espíritu del neoliberalismo tanto dentro de ellas (negándose a actuar como una empresa) como para con los otros (negándose a competir). En estas experiencias cotidianas y aisladas se halla la materia prima para la elaboración de un nuevo espíritu, un contra-espíritu capaz de expulsar al espíritu que ahora nos posee. Tan sólo tenemos que trazar líneas de unión entre ellas, y eso pasa inevitablemente por establecer relaciones de cooperación.

Como el neoliberalismo no es algo que se encuentre fijo en un lugar determinado, sino más bien una relación con todo, es imposible librarse de él de modo individual. Cuando lo intentas, el suelo se convierte en cemento mojado y enseguida comprendes que sin la ayuda de los demás no llegarás muy lejos. Salvo, quizá, a sentir desprecio y rencor por aquellos que no lo intentan como tú o, en el peor de los casos, a refugiarte en una identidad compartida (un grupo político, una ideología…) que asegure haberse librado del espíritu neoliberal, cuando en realidad lo único que ha hecho es exportar la competencia al terreno de las “pequeñas comunidades”. Compartir, poner en común, amigo mío, ésa es la clave para desprendernos del espíritu que ahora nos posee. Así es como lograremos ensanchar nuestro contra-espíritu hasta llenarlo todo de unos valores distintos. Desde un partido político hasta lo más profundo de nuestras almas: todo. Occupy Everything, my friend.

Supongo que te estarás preguntando cuáles son esos nuevos valores capaces de ejecutar tal exorcismo. Te diré los que yo pienso que son. Pero recuerda: yo también estoy poseído igual que tú y, como bien sabes, en la posesión no existen certezas absolutas, tan sólo intuiciones. Dicho esto, el primer valor a destacar creo que sería la cooperación. Es urgente que comencemos a ver al otro como un compañero en vez de como un obstáculo en nuestro camino, sólo así podremos empezar a caminar en la dirección correcta sobre un pavimento firme. En segundo lugar, la capacitación. Nuestro espíritu debe capacitarnos para realizar por nosotros mismos todas aquellas tareas que ahora delegamos en los “expertos”. Por último, creo que la posesión de nuestro contra-espíritu debería significar una experiencia de disfrute distinta a la que nos ofrece el consumo. Una experiencia donde la abundancia del tiempo y las relaciones humanas, junto con el cuidado de la vida colectiva, fuesen la nueva buena vida; una manera distinta de medir la “riqueza”. Te lo puedo decir de otro modo: acabaremos con la posesión neoliberal únicamente si intensificamos al máximo la dimensión común de la experiencia. Realizar algo así, querido amigo, sería crear la obra de arte más bella de la historia. En nuestras manos está conseguirlo. En las tuyas y en las de todos nosotros juntos. Sin dejar de ser lo que somos y sin movernos del sitio que ya ocupamos.

Espero que mis palabras te hayan sido de ayuda, y te deseo una pronta recuperación. Cuídate mucho.

Leónidas Martín.
Junio 2014, Barcelona.

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Este escrito está inspirado en un par de libros que he leído esta semana, muchas conversaciones mantenidas con mi amigo Amador Fdez-Savater y mis compañeros de Enmedio y un par de películas clásicas de terror que me han vuelto a quitar el sueño las pasadas noches. Aquí va la lista:

La nueva razón del mundo, de Chirstian Laval y Pierre Dardot (Gedisa Editorial)
Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones, de Michel Foucault (Alianza Editorial)
Posesión infernal (Sam Raimi, 1981)
El Exorcista (William Friedkin, 1973)

Bellas vallas (Leónidas Martín)


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