artivismo

#OccupyWallStreet o la bendita metamorfosis (Ángel Luis Lara)

“Venimos para quedarnos”. El mensaje es exhibido por una simpática señora de unos setenta años. No es una joven e irrendenta activista. Es, simplemente, una señora de setenta años. La acampada del movimiento #OccupyWallStreet en el corazón del distrito financiero neoyorquino supera las tres semanas de existencia y ya no es la misma. Desde que arrancara el pasado diecisiete de septiembre se ha transformado. En sentido inverso a lo que le sucediera al Gregorio Samsa de Kafka, la metamorfosis se ha producido desde el ser extraño a la persona común. Como si las lluvias torrenciales caídas en Nueva York la semana pasada hubieran ayudado a enjuagar la inercia inicial hacia lo identitario, el lastre de lo ideológico, la supremacía de los significantes y la lógica activista tout court. #OccupyWallStreet ya no es el mismo movimiento. Sin embargo, su existencia se debe en gran medida a la decidida obstinación de los apenas doscientos activistas que han mantenido el campamento contra viento y marea desde su inicio. La metamorfosis de #OccupyWallStreet posee una naturaleza eminentemente incluyente: todos y todas formamos parte de ella. También la mayoría de los que compartimos pesimismo en las calles del distrito financiero de Nueva York ante el evidente fracaso inicial de la convocatoria el pasado diecisiete de septiembre: lejos de irnos a casa y de abandonar el barco, cada uno y cada una ha aportado su granito de arena como ha sabido, como ha podido y como ha aprendido durante estas semanas. Ese es el milagroso efecto del 15M y de los movimientos en el Mediterráneo: nos hemos imbuido de una extraña y maravillosa energía, una especie de determinación colectiva que no nos abandona. Estamos aprendiendo que, a diferencia de los partidos o las instituciones, los movimientos no tienen miedo a las transformaciones, a los cambios o a los gerundios. Ser movimiento es estar en movimiento. Sabíamos que se trataba de romper la burbuja inicial, de cambiar. Parece que, poco a poco, entre todos y todas lo vamos consiguiendo: hace unos días decenas de miles de personas tomaron el sur de Manhattan al grito de #OccupyWallStreet!. El pasado mes de julio el colectivo de cultural jammers Adbusters lanzaba la convocatoria y vaticinaba que veintemil personas tomarían Wall Street. Nos equivocamos estrepitosamente aquellos que subestimamos sus previsiones. Adbusters tenía razón, a pesar de Adbusters. No ha sido en la fecha prevista, pero ha ocurrido tres semanas después.
Tras el diecisiete de septiembre proponíamos un relato parcial de los inicios del movimiento y de la problemática disonancia observada entre lo esperado y lo realmente acontencido aquel día en Nueva York. Lo que sigue son nuevas notas de viaje. Tal vez ayuden a trazar mapas actuales del movimiento y de sus mutaciones. Entre límites probables y potencias posibles. Entre decidida obstinación y bendita metamorfosis.

Movimiento y efecto mariposa

Es cierto que uno no cambia si no está dispuesto a cambiar. Ocurre a veces, sin embargo, que elementos fortuitos y azarosos modifican hasta tal punto la coyuntura que habitamos que no nos queda más remedio que cambiar. Si además hablamos de un proceso abierto e indeterminado, como es el caso del movimiento #OccupyWallStreet, el dibujo necesariamente caótico que va trazando con su devenir subraya la relevancia de lo azaroso. Ese es el principio que orienta el denominado efecto mariposa: “dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes” (Wikipedia). Mientras los partidos y las instituciones se llevan mal con el azar, los movimientos sociales lo convocan constantemente. En este sentido, #OccupyWalStreet ha vivido una especie de efecto mariposa. La aparición de un input externo ha producido una importante variación que ha modificado su suerte: al igual que sucediera en Madrid y Barcelona con el movimiento 15M, la policía se ha aliado involuntariamente con #OccupyWallStreet y le ha dado vida de manera determinante. Las imágenes de los centenares de arrestos indiscriminados e injustificados, así como la dureza y la violencia exhibida por las fuerzas policiales en su relación con el movimiento, se han replicado masivamente en Internet y en medios de comunicación, afectando a los sectores más progresistas de la sociedad estadounidense y generando la aparición de un reseñable campo de empatía. El contraste entre la violencia policial y el carácter decididamente pacífico de #OccupyWallStreet ha funcionado como un campo magnético que ha atrapado no sólo la atención sobre el movimiento, sino también los afectos. Ni uno solo de los responsables del desastre económico desatado desde Wall Street ha sido detenido y procesado. Casi novecientas personas han sido arrestadas desde que el movimiento ocupara Liberty Plaza el pasado diecisiete de septiembre. El contraste se ha hecho sencillamente insoportable para mucha gente.
En realidad, ese contraste ha desembocado en una cadena sucesiva de inputs que están en la base del crecimiento y de la positiva evolución del movimiento. La secuencia es sencilla: la violencia policial injustificada atrae a los media, que atraen a algunos personajes públicos con influencia en importantes sectores de la opinión pública local y mundial (Michael Moore, Susan Sarandon, Tim Robins), lo que intensifica el interés de los media, lo que desemboca en que, finalmente, la izquierda le conceda importancia al movimiento y quiera asociarse a él. Bingo. Ya no estamos solos. No sólo todo el mundo nos está mirando, sino que muchos no se conforman con mirar y quieren participar activamente: error en el código fuente del activismo tout court y del nos-otros que hasta ahora había definido y conformado el movimiento. El proceso reclama la abolición de la diferencia entre el nos y el otros. No hay un adentro y un afuera. Somos el 99%. Todos cabemos en #OccupyWallStreet. No se trata de una sentencia definitoria, sino de una posibilidad real. Ese es ahora el gran reto.

Argonautas en Liberty Plaza: ¿una vez en el Kula, siempre en el Kula?

Mientras el movimiento era solamente cosa de activistas la ocupación de Liberty Plaza estaba poblada fundamentalmente por Argonautas: Nueva York no está en el Pacífico Sur, pero #OccupyWallStreet descansaba en una lógica muy parecida a la que Bronislaw Malinowski describiera en 1922 en su clásico Los Argonautas del Pacífico Sur, en el que daba cuenta de las formas de intercambio entre los pobladores de la provincia neoguineana de Milne Bay. Según el célebre antropólogo polaco, la institución fundamental de ese intercambio era el Kula, una práctica de interacción social que descansaba en el trueque de objetos sin valor de uso alguno. Esa carencia de utilidad como base de las interacciones parecía haberse transportado por arte de magia hasta Liberty Plaza. Era algo que llamaba poderosamente la atención en los primeros días de acampada. Más allá de las actividades concretas de logística, proliferaban prácticas y lenguajes que, en realidad, nadie estaba muy seguro de que sirvieran realmente para algo. Como en el Kula, lo que los activistas poníamos en juego era una suerte de ritual que, lejos de disolvernos, acentuaba nuestros lenguajes, nuestras estéticas y nuestro sentido particular. Afortunadamente, esa lógica se ha visto limitada por la llegada masiva de personas y de diferencias, lo que parece estar contribuyendo decisivamente al debilitamiento del ritual activista, orientando necesariamente el movimiento hacia la producción de espacios operativos y de herramientas útiles para la participación activa de todos y todas. Es un proceso lento, plagado de problemas y de tensiones, pero ya se han dado los primeros pasos. Han aparecido mesas de información, foros públicos, pequeñas asambleas, tablones de anuncios. Valores de uso concretos. Herramientas. Bye bye Kula, hello people.
Quizá lo más interesante del proceso es que ha sido simplemente una frase la que se ha constituido en el elemento más decisivo de la derrota del orden Kula: “We are the 99%”. Jesús Ibáñez mantenía que el orden social es siempre del orden del decir. La hegemonía de la frase “We are the 99%” en el conjunto de los eslóganes del movimiento ha modificado la suerte de éste por lo menos en dos direcciones: por un lado, ha funcionado como un enunciado evidentemente incluyente que ha hecho que la gente común se sienta interpelada y se acerque al movimiento; por otro lado, nos ha obligado necesariamente a abrirnos y a devenir ese 99% que declaramos ser. Se trata de una frase reversible: We are the 99% ha conectado hacia afuera y ha modificado hacia adentro. Ahora, cuando alguien exhibe un comportamiento sectario, reproduce un lenguaje ideológico o hace una propuesta excluyente, basta con decirle “no, es que somos el 99% de la gente”. Es muy probable que sigamos sin convencerle, mucho menos que consigamos que deponga su actitud, pero lo que sí es incuestionable es que ahora está en fuera de juego. La semántica determinando la materialidad de las prácticas. ¿El mundo al revés? No, puro sentido común. Puro sentido hacia lo común.

El nieto de César Vallejo en Wall Street

No obstante, el fin de la supremacía del orden Kula y de las lógicas con escaso valor de uso no ha arrastrado consigo el cierto desorden que a ratos emerge en Liberty Plaza, dificultando notablemente los procesos incluyentes y de participación en el movimiento. Hay una anécdota que ilustra esta decisiva dificultad por encima de otras. Una de las noches que nos dieron las tantas entre la charla, la lluvia torrencial y la conspiración, o sea, el respirar juntos, unos pocos acabamos entre cervezas en el O’Hara’s, un pub cercano en el que uno tiene siempre la sensación de haber entrado en el set de rodaje de The Wire y que en cualquier momento se va a topar con el bueno de McNulty y el ínclito Moreland ahogando en alcohol sus miserias y sus frustraciones. Allí, sentado en la barra y borracho como una cuba, encontramos a un chico muy joven, solo y desolado, a todas luces parte de los heróicos y pasados por agua acampados en Liberty Plaza. Al preguntarle inquietos por su estado de ánimo y lo evidente de su soledad, el joven nos contó que se había sumado al movimiento porque quería ser poeta. Tras leer en Internet que en el campamento de #OccupyWallStreet existía una asamblea de poetas, lo que es efectivamente cierto, no lo había dudado ni un instante y había cogido su saco de dormir y sus poemas y se había instalado en Liberty Plaza desafiando a las autoridades, a las lluvias ingentes de esos días y a los fríos nocturnos. Después de que evocáramos inevitablemente al gran Vallejo (“Wall Street madrugada de jueves un otoño con aguacero”), el chico continuó su amargado relato: llevaba cinco días con sus cinco noches recorriendo la plaza como alma en pena preguntando sin cesar por la famosa asamblea de poetas, sin haber podido encontrar interlocución alguna capaz de orientarle sobre la dichosa asamblea. Quedamos desolados. Si el movimiento no estaba siendo capaz de ayudar a un joven en su deseo de ser poeta, algo estábamos haciendo rematada y dramáticamente mal.
Ese tipo de desorganización, quizá difícil de evitar en una experiencia de ocupación de un espacio público tan precaria como la del campamento de Liberty Plaza, puede estar dificultando relativamente la integración de la gente en la dinámica del movimiento. Parte del problema seguramente tenga una naturaleza cultural: entre los amigos y las amigas españolas que estamos viviendo juntos #OccupyWallStreet no deja de llamarnos la atención la dificultad que encuentran los estadounidenses para hacer sociedad, para componer en común. Es una sensación muy parecida a la que genera la serie Treme: todos los personajes son sujetos de una suerte de insubordinación molecular y cotidiana, pero al final siempre acaban solos y sin poder afrontar sus problemas en colectivo. Es, muy probablemente, una violenta consecuencia antropológica de la desestructuración social originada por décadas de extremo neoliberalismo, ligada estrechamente a la profunda atomización que caracteriza la vida social en Estados Unidos. Desde este prisma, resulta evidente por qué entre muchos de los participantes en #OccupyWallStreet se observa una tendencia a concebir el sentido de la experiencia en Liberty Plaza como un acto de resistencia: seguramente pueden imaginar fácilmente la posibilidad de defender una plaza tomada, pero quizá tengan dificultades para concebir la creación de un mundo dentro de ella, no digamos la idea de que la plaza se pueda disolver para empapar toda la ciudad. Desde este punto de vista, no es de extrañar que el movimiento se defina explicitamente en su página web como un movimiento de resistencia (“Occupy Wall Street is leaderless resistance movement (…) The resistance continues at Liberty Square”). Houston, tenemos un problema.

Izquierda y opinión pública

A veces, cuando uno escucha a alguno de los activistas que pernoctan en la plaza o conversa con alguno de los jóvenes que componen el comité de cocina o el media center, no puede evitar tener la sensación de estar frente a uno de los personajes de Muchachada Nui: el mítico Cabeza de viejo, cuerpo de joven. Una aparente y relativa predisposición hacia la repetición de lo existente relcionada seguramente con dos de las diferencias sustanciales entre #OccupyWallStreet y el 15M.
La primera de esas diferencias es que mientras que el movimiento en España demuestra unos niveles reseñables de desconfianza y de rechazo hacia lo instituido, el movimiento en Nueva York reconoce la alianza con las instituciones de la izquierda como una clave sustancial de su estrategia. Es cierto que la situación en España y el contexto estadounidense tienen poco en común en este sentido, pero no es menos cierto que en una coyuntura local tan dura como la actual, hecha de Tea Party y de extrema apatía generalizada, el hecho de que #OccupyWallStreet esté consiguiendo movilizar el disenso y obligando a la izquierda a recomponerse, es ya en sí mismo una conquista de un mérito incuestionable.
La segunda de las diferencias entre #OccupyWallStreet y la fenomenología asociada al 15M viene determinada por el contraste entre un movimiento que hace del anonimato su herramienta más potente y otro que convierte la presencia de personajes públicos en una de sus bazas más significativas. Mientras que en la Puerta del Sol de Madrid ni se reclamaba ni se veía necesaria la presencia de personajes famosos, no se puede entender el impulso que ha tomado #OccupyWallStreet sin la presencia de personalidades como Michael Moore, Susan Sarandon, Tim Robins o Naomi Klein. En el fondo, y a pesar del “We are the 99%”, lo que subyace es una cierta incapacidad por parte del movimiento para desactivar la categoría de opinión pública a la hora de pensar a la gente. La centralidad de los personajes famosos como representaciones del movimiento no sólo podría ser susceptible de colocar a la gente en el papel de público, sino que seguramente puede resultar problemático a la hora de desaprender definitivamente la supuesta existencia de un adentro y de un afuera de Liberty Plaza. Si no somos capaces de desprendernos por completo de esa dicotomía, por mucha simpatía que seamos capaces de generar, corremos el riesgo de concebir a las personas como espectadores. Hace unos días un amigo me decía: “nos hemos ganado a la gente”. Yo me acordé de Fernando Gaviria, un ex-guerrillero brasileño que en uno de sus libros cuenta una anecdota muy interesante: en medio de un viaje clandestino a Río de Janeiro, un taxista le reconoció y le dijo: “yo sé quién es usted y le admiro mucho. Ustedes son como los astronautas, hacen cosas que todos sabemos que hay que hacer, pero que ninguno nos atrevemos a hacer”. Gaviria entendió inmediatamente que si la gente los veía como astronautas, ya habían perdido. Seguidamente abandonó la guerrilla.

De lo conquistado

Sin embargo, y pese a que los viajes al espacio puedan constituir un peligro posible para el movimiento neoyorquino, afortunadamente todavía no hemos visto ningún astronauta en Liberty Plaza. Nada de lo que allí sucede implica la necesidad de un atrevimiento desmedido e impracticable. Conversaciones, bailes, asambleas, juegos para niños, picnics improvisados sobre la acera, talleres y reuniones constituyen actividades participables por el común de los mortales. Como decía un amigo hace unos días a voz en grito y subido a una de las jardineras de la plaza: “no tenemos que convencer a la gente, nosotros somos la gente”. “El 99%”, le contestó un señor mayor que aplaudía sus palabras.
Pese al cúmulo de límites con los que seguramente contamos, #OccupyWallStreet ya no es el mismo movimiento que arrancó durante el verano. Mucho menos aquella cita paseada por unos pocos cientos de activistas el pasado diecisiete de septiembre. Ahora el movimiento es de las personas. Más de los gerundios que de los adjetivos. Su máximo logro es el hecho mismo de su existencia: Liberty Plaza representa la reconquita de la sociabilidad, la posibilidad de poner en común, el bloqueo de la soledad. Por eso lo primero que uno percibe al entrar en la plaza es una suerte de alegría contagiosa, una emoción difícil de explicar. Algunos neoyorquinos han comenzado a llamarlo “el milagro de estar juntos”. Eso ya no es la indignación, es mucho más. Eso ya es otra cosa.

Politizaciones en el ciberespacio (Margarita Padilla)

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Qué se juega en el ciberespacio

No es fácil comprender Internet, porque Internet es recursiva. Es al mismo tiempo un producto y su propio medio de producción. Es tan abstracta como el código y tan concreta como una infraestructura de telecomunicaciones (global y de propósito universal). Es tan artefactual, con ordenadores, cables o satélites claramente identificables, como simbólica, pues permite la construcción de nuevas realidades materiales y virtuales que no podrían producirse de otro modo.

Internet es un asunto complejo. Lo fue en sus orígenes y lo sigue siendo ahora. Sus capas no paran de soportar nuevos desarrollos. Por citar algunos de actualidad: en la capa física, la pasarela entre Internet y telefonía; en la capa lógica, el software como servicio, y en la capa de los contenidos, las redes sociales. La complejidad de Internet no es un asunto solo técnico (aunque también). Es una complejidad política, en tanto que su origen es fruto de una alianza monstruosa que desestabiliza a todos los bandos implicados.

Como todo el mundo sabe, a principios de los sesenta la Rand Corporation, una fábrica de ideas vinculada al complejo militar industrial y de la seguridad y la defensa de los Estados Unidos, puso encima de la mesa el problema de cómo mantener las comunicaciones en una hipotética guerra nuclear. Como respuesta a este insólito problema, surgió el delirante concepto de una red que anula el centro y da a los nodos dos cualidades: inteligencia (para tomar buenas decisiones) y autonomía (para llevarlas a cabo).

En los años sesenta ya había redes (telegrafía, telefonía, radio), pero eran centralizadas y jerárquicas. La industria no estaba interesada en poner patas arriba su concepto de red, que tan bien estaba funcionando, y la flipante propuesta de una red sin autoridad central fue dando tumbos hasta que llegó a las universidades. Las universidades no eran solo catedráticos, departamentos y planes de estudio. También estaban los chicos: una tecno-élite que participaba de la contracultura individualista libertaria (en un mundo de fuertes bloques geopolíticos) y que vio ahí la oportunidad de crear desde cero un nuevo mundo libre: el ciberespacio. Los chicos asumieron el encargo de la Rand Corporation y le entregaron una red a prueba de bombas. Pero por la noche habían trabajado fuera del guion. Tenían el conocimiento y tenían la voluntad, así que incrustaron en Internet desarrollos nocturnos, contraculturales, para las personas, que respondían a sus propias imágenes de lo que debía ser un mundo nuevo. Surgieron el correo electrónico, los grupos de noticias…

En resumen, Internet es fruto de la confluencia entre la gran ciencia propia de la posguerra (la ciencia de las bombas atómicas) y la contracultura individualista libertaria de las universidades norteamericanas de los años sesenta y setenta. Una alianza monstruosa entre poder y contrapoder, con la autoexclusión inicial de la industria.

Esta alianza produjo y sigue produciendo cambios (inestables) en la arquitectura de la realidad, cambios que a su vez pueden generar nuevos y mayores cambios. Recursividad. La industria presenciará estupefacta la proliferación de nuevos y abundantes bienes inmateriales, para cuya gestión y acumulación no tiene mecanismos apropiados, y se dividirá entre los que quieren hacer de Internet otra televisión y los que quieren hacer la Web 2.0. El poder político tendrá que lidiar con un nuevo (ciber)espacio abierto y flexible, ingobernable para cualquier autoridad central, y cuyas leyes internas no termina de entender; verá surgir una nueva esfera público-privada y se pondrá a temblar. Y los movimientos sociales se quedarán perplejos por la abstracción del ciberespacio y por la ambigüedad de la voluntad hacker, que lucha, sí, pero a su manera: sin nostalgia por una comunidad política; haciendo del conocimiento compartido el garante de la libertad; haciendo lo común a base de individualismo, lo horizontal a base de meritocracia…

Pero esto no está terminado. Internet es recursiva e impura. Su arquitectura es su política. Y está inacabada. Se construye y reconstruye en tiempo real en una espiral de oleadas, de bucles y contrabucles, unos bajo la hegemonía de industrias y poderes políticos, y otros propulsados por luchas que dibujan distintas (e incluso contradictorias) imágenes de igualdad y de libertad.

El disfrute de los bienes inmateriales

La revolución digital está poniendo en el mundo un nuevo conjunto de recursos: los bienes inmateriales. Aplicando las lógicas del viejo mundo capitalista, esto solo, de por sí, ya va a desencadenar una lucha por su control y su explotación, igual que cuando se descubre un nuevo pozo de petróleo o un nuevo virus.

Sin embargo, ese nuevo conjunto de bienes inmateriales, que son a la vez medios de producción y productos de consumo, no se rige por las leyes del viejo mundo capitalista: son bienes que no se desgastan, pueden ser míos y tuyos al mismo tiempo, los podemos producir tú y yo en cooperación sin mando, se multiplican a coste cero y cuanto más se usan más crecen. Ni más ni menos, la revolución digital ha puesto en el mundo la posibilidad de una nueva abundancia ¡y sin necesidad de repartirla![1]
La posibilidad de una nueva abundancia va a desencadenar una lucha por su control y su explotación. Es lo que está ocurriendo en la actualidad, dentro y fuera de Internet. Pero esa lucha ya no funciona exactamente según las lógicas del viejo mundo capitalista.

En el pacto social acordado por la burguesía y la clase obrera de Occidente tras la Segunda Guerra Mundial, los derechos sociales quedaron vinculados a la figura del obrero y las libertades democráticas a la figura del ciudadano. Los derechos de autor, completamente insignificantes para este pacto, quedaron fuera de la negociación, como derechos pequeñoburgueses prácticamente irrelevantes.

A la vuelta de sesenta años, el pacto social se está hundiendo y, coincidiendo con este hundimiento, nuevas luchas por el acceso y disfrute de esta nueva abundancia van y vuelven desde el ciberespacio a la calle y viceversa, enfrentándose, atacando y resistiendo contra la imposición de una escasez artificial, gestionada por una alianza entre estados y corporaciones de la industria del entretenimiento y de la cultura, que pretenden legitimarla bajo el cínico discurso de los derechos de autor.

En conversaciones con amigos he oído decir que las luchas en Internet son cortinas de humo para distraer de lo verdaderamente importante: la lucha contra la precariedad laboral y en defensa de lo público. No coincido con esta valoración. La lucha por el disfrute de los bienes inmateriales es tan importante como la que más. Incluso iría más lejos. Una juventud que da por perdida toda capacidad de negociación respecto a los derechos laborales, que asume la precariedad como el suelo que le toca pisar, parece decir: «De acuerdo con los trabajos temporales; de acuerdo con olvidar la jubilación…, pero a cambio de una vida libre y conectada. Precariedad, vale, pero ¡libre y conectada!». Esta parece ser una frontera entre lo tolerable y lo intolerable.

La libertad como derecho (económico)

La lucha por el disfrute de una nueva abundancia (economía) y la lucha contra la censura (política) van de la mano. Copyright y censura son lo mismo. Los cambios en la arquitectura de la realidad están uniendo de nuevo lo que el viejo mundo capitalista quiso separar: la economía (la fábrica y el sindicato) y la política (el parlamento y el partido).

Los derechos de autor, tal y como ahora están gestionados, son la coartada de las corporaciones para mantener su enriquecimiento y su poder. Debido a que los derechos de autor son, en parte, derechos económicos, la lucha por la libertad de acceso a la nueva abundancia es a la vez una lucha económica (contra la escasez artificial) y política (por el reconocimiento de la libertad en el ciberespacio). Como en el ciberespacio todavía no hay ningún derecho reconocido, la lucha contra la censura busca refugio en el viejo garantismo y se enroca en el derecho a la libertad de información y de prensa.

Si en la actualidad hay movimientos sociales, sin duda el movimiento por la libre circulación de las personas (papeles para todos) y el movimiento por la cultura libre (socialización de los derechos de autor) son dos de los más importantes, y están más relacionados entre sí de lo que pueda parecer a simple vista.

Una nueva esfera público-privada

El movimiento por la cultura libre no solo está en lucha abierta por el derecho al acceso y disfrute de la nueva abundancia producida colectivamente, sino que además está transformando las maneras de luchar. El kit del luchador (herramientas, conocimientos y prácticas) está cambiando, y el papel de las vanguardias también.

Pero el desarrollo de las nuevas tecnologías comunicativas no solo ha abierto un nuevo frente para la lucha contra la acumulación y las desigualdades. No es tan simple. También ha cambiado la «normalidad», el día a día de las generaciones conectadas.

No todos los cambios en la «normalidad» son conquistas. Muchas veces son procesos recursivos inacabados, mezcla de distintos intereses políticos, industriales y sociales, en alianzas monstruosas entre distintas instancias de poder y distintos agenciamientos de emancipación y construcción subjetiva.

Remedios Zafra, ciberfeminista, se refiere a los cambios en la «normalidad» de la vida conectada de esta manera:[2]

Los cambios de los que estoy hablando tratan sobre nuestros días conectados a Internet. No se caen las torres, no hay rugidos de la banca, no hay guerras de petróleo ni muertes físicas. No hay una imagen épica que simbolice el cambio al que aludo. Es como una gota sobre una piedra. Es como la acción de los universos simbólicos sobre los cuerpos. Lenta, pero crucial.

Para esta autora, los cambios en la «normalidad» consisten en una nueva articulación entre lo público y lo privado, en la conformación de una nueva esfera público-privada online:

Hoy conviven viejos y nuevos modelos de organización espacial y política de nuestros tiempos y lugares propios, donde la implicación personal y crítica resultaría más necesaria que nunca. Pasa además que acontece una transformación determinante en la esfera privada y doméstica: la Red se instala en mi casa. […] La Red vincula el espacio privado de muchas maneras diferentes con el mundo exterior y la esfera pública, […] y en este entramado […] ocurren oportunidades de acción colectiva y social limitadas antes al «afuera del umbral». Lo privado se funde literalmente con lo público, y entonces lo político se incrementa, […] porque esa combinación entre cuarto propio, soledad, anonimato e intersección público-privada… tiene potencia subversiva.

Según Zafra, al entrar el ordenador en las casas, y más concretamente en los dormitorios (el espacio privado por excelencia), se forma una red de espacios privados conectados que traspasa el umbral y pasa a ser espacio público. Es la potencia del «cuarto propio conectado». Lo que fueron los «garajes» pre-Silicon Valley respecto a la revolución tecnológica lo serían los cuartos propios conectados respecto a la revolución de la esfera público-privada.

Lo privado se funde literalmente con lo público. Economía y política se funden también. Lo político se incrementa. El kit del luchador y el papel de las vanguardias cambian. La implicación personal y crítica es más necesaria que nunca.

El propósito de este artículo es preguntarse cómo se expresa todo esto en una Red ingobernable incluso para aquellos que han escrito su código, y ambigua por naturaleza. Y vamos a hacerlo al hilo de cuatro experiencias: WikiLeaks, Anonymous, Hacktivistas y La cena del miedo.

WikiLeaks

El 28 de noviembre de 2010, WikiLeaks filtra a la prensa internacional (The Guardian, The New York Times, Le Monde, El País y Der Spiegel) una colección de 251.187 cables o comunicaciones entre el Departamento de Estado estadounidense y sus embajadas por todo el mundo. Es la mayor filtración de documentos secretos de la historia, que afectan a un gran número de países, entre ellos España.

Coincidiendo con la filtración de los cables, WikiLeaks empieza a sufrir un ataque distribuido de denegación de servicio (DDoS). El hacker de alias Jester («bufón» en español) dice en su Twitter que es el responsable del ataque. Para eludirlo, el 30 de noviembre WikiLeaks se traslada a los servidores de Amazon EC2, de computación en la nube.

El 1 de diciembre Amazon, ante las presiones del senador estadounidense Joe Lieberman, deja de dar servicio a WikiLeaks, lo cual en la práctica supone eliminar su existencia en Internet, o al menos intentarlo.

El día 2 de diciembre EveryDNS, empresa proveedora de nombres en Internet, rescinde su contrato con WikiLeaks, lo que supone borrarle el nombre. A las pocas horas, WikiLeaks encuentra refugio en un servidor francés que el Partido Pirata suizo tiene contratado con la empresa OVH, y el 3 de diciembre vuelve a estar accesible bajo el dominio wikileaks.ch, su nuevo nombre, también propiedad del Partido Pirata suizo.

El ministro francés de Industria, Energía y Economía Digital, Eric Besson, pide a OVH que corte el servicio a WikiLeaks. OVH se dirige a los tribunales para que aclaren la legalidad o ilegalidad de WikiLeaks, pero los tribunales dicen que no es competencia suya. Todo esto el mismo 3 de diciembre. Ese mismo día se lleva a cabo una reforma de ley en Estados Unidos conocida como el Acta SHIELD (Securing Human Intelligence and Enforcing Lawful Dissemination), una modificación del Acta de espionaje que prohíbe la publicación de información clasificada sobre secretos cifrados o comunicaciones internacionales de inteligencia.

El día 4 de diciembre PayPal cancela la cuenta con la que WikiLeaks obtenía donaciones: aduce que no están permitidas «actividades que defiendan, promuevan, faciliten o induzcan a otros a participar en actividades ilegales». Mientras tanto, simpatizantes no coordinados entre sí han creado más de mil espejos (mirrors, copias en Internet) de WikiLeaks para garantizar su existencia.

El 6 de diciembre, MasterCard retira su sistema como medio de donaciones a WikiLeaks. Ese día, el banco suizo PostFinance también le bloquea la posibilidad de donaciones o pagos. El 7 de diciembre Visa le retira la capacidad de hacer donaciones o pagos.

A todo esto, la opinión pública se echa las manos a la cabeza: los cables filtrados por WikiLeaks muestran que los gobiernos gobiernan a base de secretos, con graves ocultamientos a la ciudadanía. La respuesta de los gobiernos es aliarse con los gigantes económicos y tumbar su web sin ninguna orden judicial. Esto supone un ataque tan grande a la libertad de expresión que hace tambalearse todo el estado de derecho. Lo que está en juego en esta guerra es la libertad de información y, por extensión, la libertad de expresión y la propia democracia. El debate, si es que lo hay, se sitúa en si la libertad de expresión tendría que tener algún límite en aras de la seguridad.

Periodismo postpolítico

Este análisis, siendo muy justo y razonable, no deja de ser curioso. Periodismo de investigación y filtraciones ha habido desde que la prensa es prensa. Escándalos por corrupción, lo mismo. Además, los cables no revelan verdaderos secretos ni ponen en riesgo la seguridad. Solo confirman con pruebas tangibles lo que la opinión pública ya sospechaba de antemano. Y, por otra parte, el fenómeno WikiLeaks no puede atribuirse solo a los efectos de hacer pública una información oculta, ya que por ejemplo respecto a la crisis financiera siempre hemos sabido cómo y por qué se desencadenó, sin que ello haya tenido los mismos efectos. Entonces ¿cuál es la singularidad de WikiLeaks?

Aunque WikiLeaks comparte características con los periódicos, no es exactamente lo mismo que un papel de periódico pegado en Internet. El dispositivo «prensa», tal como lo conocemos hoy, surgió muy ligado a unas formas concretas de democracia.

David de Ugarte habla de ello en El poder de las redes:[3]

Es difícil entender hoy el cambio que supusieron las agencias de noticias para la democracia. Al principio la novedad consistió en que permitieron incorporar noticias nacionales y globales a la prensa local en un momento en que la alfabetización crecía tanto por necesidades productivas (las máquinas requerían cada vez más habilidades de manejo de los obreros) como por la acción educativa del propio movimiento sindical y asociativo. Pero al incorporar a la prensa popular (y no solo a la «burguesa», inaccesible para la mayoría de las personas tanto por sus costes como por su lenguaje) asuntos nacionales e internacionales, hasta entonces reducto de las cancillerías y la élite, la política exterior y «de Estado» pasó a formar parte de aquello sobre lo que cualquier ciudadano medio, independientemente de su clase social, tenía una opinión. Los argumentos del sufragio censitario se hacían obsoletos porque la información y la opinión abarcaban ahora al conjunto de la ciudadanía.

No hay más que mirar las secciones de un periódico (internacional, nacional, local, etcétera), las líneas editoriales (izquierda, derecha, centro) y los contenidos (mezcla de información, opinión y propaganda) para ver que son un calco de la distribución de poder del viejo mundo capitalista y sus democracias. Pero WikiLeaks es transnacional. No se ajusta bien a las casillas de izquierda y derecha. Desafía tanto a los Estados Unidos como a los enemigos de los Estados Unidos. Con sus filtraciones no pretende tumbar a un gobierno para colocar a otro más afín a su línea política. Y filtra información, pero no la analiza. WikiLeaks no es simplemente lo antiguo que se recicla para usar Internet como un amplificador. Es una nueva constelación que vuelve locas a las viejas brújulas.

Felix Stalder, en «Por qué las instituciones sufren para conservar sus secretos»,[4] a propósito de WikiLeaks, expone cómo están cambiando las estructuras mediáticas:

La desregulación de los medios de comunicación y la concentración de los grupos de prensa y de comunicación han participado en el declive del espacio público en tanto arena democrática. Las presiones, tanto económicas como políticas, han llevado a las redacciones a privilegiar las informaciones livianas (soft news), centradas en los modos de vida o dándole importancia a los comentarios, en detrimento de las investigaciones sobres los asuntos públicos. […] Los blogs y el «periodismo ciudadano» aparecieron durante un tiempo como el relevo de estructuras mediáticas obsoletas. Aunque el cambio anunciado no se ha producido, la esfera pública experimenta, sin embargo, una lenta transformación. Actores diferentes surgen y enriquecen la oferta. Los riesgos jurídicos inherentes a la difusión de contenidos sensibles se subcontratan: uno no revela por sí mismo una información peligrosa, pero analiza la que revela uno y otro sitio. […] La producción de las investigaciones periodísticas se reorganiza, y encuentra así un nuevo aliento, sobre todo porque, desde hace poco, goza de nuevas fuentes de financiamiento. […] En este esquema, las diversas tareas que caracterizan al periodista de investigación −la protección de las fuentes, la búsqueda documentaria, la recolección, el recorte y la puesta en perspectiva de informaciones, la ayuda para la comprensión y la difusión− están repartidas entre varios asociados con modelos económicos diferentes (empresa comercial, asociación sin ánimo de lucro, redes) que trabajan juntos para hacer llegar la historia a la esfera pública.

Contrainformación en el siglo xxi

Cuando pregunto sobre si WikiLeaks está ocupando el espacio de la contrainformación, txarlie, hacktivista, hace el siguiente análisis:

A finales de los noventa la comunicación pública estaba controlada por los medios de comunicación, que no eran ni la mitad de los actuales. Un periodismo cerrado e inaccesible que creaba un silencio en torno a los discursos y las prácticas de cualquier altermundismo. En ese caldo de cultivo nacen Nodo50 y posteriormente la red Indymedia, que intentan suplir ese déficit mediante activismo y tecnología: «Don’t hate the media, be the media».

En el 2003 estalla la revolución blogger, especialmente gracias a Blogspot. Cualquiera en Internet puede (en aquel momento parecía más bien debe) tener un blog. Comienza la crisis del periodismo y la saturación de información. Los Indymedia y similares sobreviven de la misma forma que los periódicos, gracias a sus usuarios históricos. En esta era, el problema ya no es llevar tu voz, sino ser capaz de tener el impacto mediático.

Más o menos en 2006 más de la mitad de los blogs han cerrado. Es lógico: los blogs son una herramienta para el que escribe, no una necesidad real de la audiencia. Si no tienes nada que escribir, ¿qué sentido tiene tener un blog? Arranca el concepto de periodismo ciudadano: no esperes a que llegue un periódico, cuéntalo tú. Portales como meneame.net surgen para intentar cribar entre tantos contenidos ciudadanos. Ese año nace WikiLeaks, porque saben que hay secretos que no pueden ponerse en un blog. Necesitan un espacio no tan cerrado como cryptome.org (la red de revelación de secretos más antigua) y donde una vez filtrado un material los «periodistas ciudadanos» puedan analizarlo y comentarlo.

Nos vamos a 2008. Los medios llegan tarde y encuentran en los meneame.net la fuente para rellenar noticias a base de contratar becarios. Además, se hacen muy permeables a las acciones o campañas de los movimientos sociales, aunque con un discurso pobre, infantilizando cualquier contenido. Sin embargo el internauta estaba en otro sitio. Ya tiene cuenta en Facebook y experimenta con Twitter. La información corre de boca en boca, o de muro en muro o de twitt en twitt. Para estar informado solo tienes que mirar tu página, y lo importante es quién es tu «amigo» o a quién «sigues». WikiLeaks comienza a publicar las primeras filtraciones importantes e incluso reciben su primera orden judicial de cierre, que les hace famosos ante la mayoría de los hacktivistas de todo el mundo.

En el año 2010 se abre la era open disclosure, un fenómeno basado en dos potencias: la incapacidad de realizar una censura efectiva en un mundo digital y el efecto Streisand. WikiLeaks las conoce y las potencia. Sabe que Amazon no es un sitio seguro como hosting, aunque no tiene pruebas de ello. Por eso lo usa, para que Amazon elija su bando. Los bancos no son simples intermediarios y Suiza es famosa por defender a sus clientes, aunque sean criminales. Por eso la cuenta de Assange tiene que estar ahí. Quiere verificar si le van a cerrar la cuenta, y lo hacen. Ahora Suiza ya no es famosa por defender a sus clientes, sino por defender criminales.

La resistencia ante esto tiene que ser doble: por un lado hosting con orientación política (o respeto escrupuloso de la ley, que también es política), por el otro cientos de mirrors (espejos) semidomésticos. El problema es que los medios de contrainformación tradicional en estos cuatro años no han demostrado que les interese WikiLeaks. Igual que los medios tradicionales.

La contrainformación hoy es publicar aquello que van a querer ocultar y poder analizarlo para que la ciudadanía lo entienda. Los colectivos no necesitan de un Indymedia para decir lo que hacen. Para eso ya están los blogs. Como estrategia para ganar visibilidad, el modelo portal está en claro retroceso.

La gente no se va a leer los cables enteros, de igual forma que no se van a leer la Ley de Economía Sostenible entera. No es problema. Si no puedes ser WikiLeaks, tienes que ser un intermediario que sea capaz de destacar información y llevarla a la ciudadanía. Esa es la contrainformación del siglo xxi. O revelas secretos o los analizas. WikiLeaks no necesita de los portales de contrainformación. Es al revés. Nodo50, Kaos en la Red, Rebelión, LaHaine, A las Barricadas, Klinamen, Insurgente, etcétera, tienen que leer los cables, darles contexto y generar discurso. Ya no pueden ser un simple hub (concentrador) de todo un movimiento que ni existe ni avanza unido. No necesitamos portales, necesitamos analistas. Y, además, analistas que sean capaces de complejizar y no infantilizar. Mensajes claros pero profundos. Si no tienes información interesante, estás fuera.

Atendiendo a la abundancia del bien inmaterial «información», txarlie saca del kit del luchador los portales de contrainformación clásica y mete la capacidad de hacer análisis complejos no infantilizados.

Confusión deliberada

En el viejo mundo capitalista la libertad de prensa es un derecho garantizado. En la nueva esfera público-privada online todavía no hay ningún derecho reconocido. Esta indefinición permite dislocar el sistema con sus propios mecanismos: enrocarse en el derecho a la libertad de prensa para denunciar la violación de este derecho.

Una estrategia así de ambigua no puede tener éxito si se reivindica como antisistema. En WikiLeaks no hay nada antisistema, aunque sea una bomba para el sistema. Su meta es profundizar la libertad de expresión. Su programa es liberal: no importan las ideas, sino la libertad para expresarlas (aunque en WikiLeaks no se expresan ideas). Su aparataje es mainstream (Amazon, PayPal, Visa, MasterCard, banca suiza, etcétera). Sus alianzas son grandes grupos de comunicación (The Guardian, The New York Times, Le Monde, El País y Der Spiegel)…

La paradoja de desafiar el sistema operativo del viejo capitalismo democrático jugando con sus propias reglas se proyecta en la propia personalidad escurridiza de Julian Assange: un personaje que mola y no mola a la vez, que pagará con un coste personal muy alto su osadía y que condensa en primera persona todo lo que, desde la vieja lógica, solo puede verse como contradicción: ¿Tenemos que defender a un tipo que se enfrenta a una acusación de violación? ¿WikiLeaks puede exigir transparencia operando desde el secreto? ¿Por qué se alía (quizás buscando denuncia, quizás buscando autoprotección) con periódicos que forman parte de las tramas de poder que quiere denunciar y les brinda el negocio de las exclusivas? ¿Tenemos que apoyar un proyecto centralizado y personalista que distorsiona el carácter descentralizado y colaborativo de Internet?

Julian Assange mete en el kit del luchador el anonimato en primera persona.[5] Anonimato en tanto que no sabemos si es héroe o demonio; y en primera persona en tanto que se expone en un primerísimo plano bajo los focos y así protege y oculta lo que hay detrás.

Dispositivos inacabados

¿Tiene sentido jugarse el físico por filtrar información, así en general, y «nada más»?

Recapitulando lo expuesto hasta ahora tendríamos que: la prensa puso la política al alcance del ciudadano. Posteriormente, con su desregulación y su concentración ha participado en el declive del espacio público en tanto que arena democrática. La investigación periodística se está reorganizando hacia un modelo en el que las tareas se reparten entre nodos que cooperan (pero no necesariamente coordinados) para hacer llegar la información a la esfera pública. La gente no se va a leer los cables enteros. No es problema. Si no puedes ser WikiLeaks tienes que ser un intermediario capaz de destacar información y llevarla a la ciudadanía. Esa es la contrainformación del siglo xxi.

Es de suponer que WikiLeaks no es un autómata, que analiza qué cables filtrar, en qué momento… Es de suponer que sus análisis estén impregnados de una política. Pero esta política no es explícita. WikiLeaks apuesta por un dispositivo inacabado cuyo sentido tiene que ser completado por otros nodos de la red. Como dispositivo inacabado, sus promotores renuncian al control (curioso dispositivo: muy personalista y centralizado y a la vez cede parte del control). Ofrece acceso neutral (igual a izquierdas y derechas) a un bien inmaterial abundante: la información. Como información inacabada que es, distintas redes pueden construir distintos (y antagónicos) significados para los cables. WikiLeaks me ofrece algo que puedo añadir a lo mío sin que lo mío deje de ser lo mío. Hace abundante la información. Contribuye al común renunciando al control. Y cuanto más se renuncia al control, más común es lo común.

Insisto: ¿es eso una locura? ¿Qué grupo de acción política haría una cosa semejante, tan política pero tan poco explícita?

A pesar de su centralismo, WikiLeaks es una tremenda apuesta por la Red. Ofrece un modelo que puede proliferar: WikiLeaks locales, WikiLeaks temáticos… Evidencia la importancia de los conocimientos técnicos y de los saberes profesionales, desde periodistas o matemáticos hasta el soldado Bradley Manning. Interpela el papel de las vanguardias y saca del kit del luchador los discursos totalmente plenos y acabados y el miedo a perder el control.

WikiLeaks presupone inteligencia y autonomía en los nodos, y los nodos han apoyado a WikLeaks de dos maneras: con la creación de mirrors y con ataques a los que le han atacado. Cada solidaridad, a su vez, es una acción inacabada que tomará sentido según la red por la que transite.

Anonymous

El 6 de diciembre de 2010, en defensa de WikiLeaks, Anonymous lanza una Operation Payback (un ciberataque Operación Venganza) contra PostFinance y PayPal por su bloqueo a las cuentas de WikiLeaks. Anonymous explica que la #payback es contra las leyes del ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement o «Acuerdo Comercial Anti-Falsificación»), la censura en Internet y el copyright. WikiLeaks manifiesta que no está ni a favor ni en contra de los ataques cibernéticos en su defensa, pero que estos son la expresión de una parte de la opinión pública.

El 9 de diciembre Twitter cancela la cuenta de Anonymous y Facebook elimina la página de la Operation Payback. El 10 de diciembre Anonymous modifica su estrategia de ataques a las corporaciones que han bloqueado a WikiLeaks y, en su lucha digital para proteger la libertad de información en Internet, decide centrar sus esfuerzos en divulgar las filtraciones.

Discurso genérico

¿Cuál es el programa que organiza las acciones de Anonymous? Lo exponen en su famosa carta:

Anonymous no es siempre el mismo grupo de personas. […] Anonymous es una idea viva. Anonymous es una idea que puede ser editada, actualizada o cambiada a su antojo. No somos una organización terrorista como quieren hacerle creer los gobiernos, los demagogos y los medios de comunicación. En este momento Anonymous está centrado en una campaña pacífica para la Libertad de Expresión. Le pedimos al mundo que nos apoye, no por nosotros, sino por su propio beneficio. Cuando los gobiernos controlan la libertad, le están controlando a usted. Internet es el último bastión de la libertad en este mundo en constante evolución técnica. Internet es capaz de conectar a todos. Cuando estamos conectados somos fuertes. Cuando somos fuertes, tenemos el poder. Cuando tenemos el poder somos capaces de hacer lo imposible. Es por esto que el gobierno se está movilizando contra WikiLeaks. Esto es lo que temen. Nunca se olvide de esto: temen nuestro poder cuando nos unimos.

El mensaje es simple: libertad de expresión. ¿Demasiado simple?

WikiLeaks define así su misión: The broader principles on which our work is based are the defence of freedom of speech and media publishing, the improvement of our common historical record and the support of the rights of all people to create new history. We derive these principles from the Universal Declaration of Human Rights.

Y Hacktivistas se autodefine como un espacio para coordinar nuestras acciones a nivel global, debatir estrategias, compartir recursos y sincronizar movimientos de creación y resistencia hacia una sociedad libre con unas tecnologías libres.

«Libertad» es la palabra comodín que circula por unos y otros espacios. Una palabra clave genérica, pero quizás está todo tan claro que no se necesita más. En el lenguaje, los distintos grupos no parecen esforzarse mucho en desmarcarse unos de otros, a pesar de lo cual no hay hada de genérico. Cada experiencia es singular. Hay diferencias, pero no hay bloques.

¿Es más importante lo que se hace y cómo se hace que las palabras que se usan para hablar sobre ello? ¿El uso de palabras genéricas, comodín, sin marca (porque tienen todas las marcas) y por tanto anónimas («derechos humanos», «todos», «gobiernos», «libertad de expresión», «protesta pacífica», «sociedad libre», «desobediencia civil»…) es una manera de sortear la crisis de palabras?[6]

Estas experiencias meten en el kit del luchador unas pocas palabras genéricas de uso común y sacan el lenguaje identitario con el que las líneas políticas buscan desmarcarse unas de otras.

Dinámicas de botellón

En su carta, los Anonymous añaden: Nuestro pasado no es nuestro presente. Estamos aquí para luchar por todos. En efecto, su pasado no es su presente. Anonymous surge de 4chan.org, un foro orientado a la publicación de imágenes en vez de texto, un sitio en Internet poblado de frikis adictos a las descargas de películas, los videojuegos, los cómics y las charlas por IRC que ha sido calificado por algún medio como «la máquina del odio de Internet», llena de «hackers con esteroides» y «terroristas caseros» no solo por sus bromas y humor negro sino también por sus ciberataques. En esta subcultura bizarra y oscura, cuya actividad raya lo ilegal y lo socialmente reprobable y para la que no hay nada sagrado o prohibido (salvo la pornografía infantil), se va «enjambrando» gente que para defender la libertad en Internet necesita espacios temporales cambiantes donde ser completamente anónimos. Son los anon.

A finales de 2007, mediante un vídeo los anon convocan un ataque a las webs de la Iglesia de la Cienciología, que estaba arruinando a una familia que se había salido de la secta. ¿Por qué van contra la Iglesia de la Cienciología? Porque, al no tener asambleas, su mejor herramienta para generar consensos es utilizar el consenso social ya establecido. Y, desde entonces, persiguen abusos de poder.

Anonymous no es una organización, no tiene estructura ni dirigentes. Es solo gente que actúa a su aire, desde su cuarto propio conectado, aunque a veces también autoconvocan acciones en la calle, como la protesta en Madrid en la última gala de la entrega de los premios Goya (2011).

Sabemos mucho sobre cómo se organiza la gente cuando hay estabilidad. Pero ¿qué pasa cuando gran parte de la sociedad se convierte en un cúmulo de dispersiones de individuos móviles en espacios anónimos? ¿Cómo podemos comprender ahí la autoorganización?

Una de las respuestas es el swarm (enjambre). El swarming es una forma de autoorganización en tiempo real: personas y grupos que coordinan espontáneamente sus acciones sin darse ni recibir órdenes. Se trata de un patrón de ataque: unidades dispersas de una red de pequeñas fuerzas (y quizás algunas grandes) convergen en un mismo blanco desde direcciones múltiples. El objetivo primordial consiste en mantener presión sostenida. Las redes de swarm deben ser capaces de unirse rápida y ágilmente contra un mismo objetivo (nodos autónomos e inteligentes), y después romperse y dispersarse, pero quedar preparadas para reagruparse y emprender una nueva presión. Es una autoorganización en tiempo real que parece surgir de la nada, pero que es reconocible porque se mueve de una forma más o menos rítmica.

En la Indianopedia de Las Indias Electrónicas se diferencia entre guerra, el paradigma de la lucha militante, y swarming, la forma específica del conflicto en la nueva esfera público-privada: multiagente y multicanal, y asociado a formas de resistencia civil más o menos no violenta.

Para los estudiosos de este patrón y para las interpretaciones mercantiles, los elementos clave del swarm son la comunicación y la información. Los teléfonos móviles e Internet permiten generar redes de contacto casi instantáneas, y tanto las redes sociales como los blogs han facilitado este proceso enormemente. Información y comunicación serían las claves de estas «dinámicas de botellón».

El swarming mete en el kit del luchador la conectividad alta, el entrenamiento para mantener microcomunicaciones asiduas, y la acción ágil en tiempo real.

Autoorganización en tiempo real

Pero para otros pensadores, más filósofos o políticos, información y comunicación por sí solas nunca podrán hacer swarming si no hay otros dos elementos más: un horizonte compartido y el intercambio de acontecimientos y de afecto.

El horizonte compartido (estético, ético, filosófico y/o metafísico) da a los que hacen swarming la capacidad de reconocerse entre sí como pertenecientes al mismo universo referencial, aunque estén dispersos y sean móviles. Es algo así como una «creación de mundos».

Y el intercambio de acontecimientos y de afecto es un flujo que va lanzando todo el tiempo pistas que, aunque cambian constantemente, al ser reinterpretadas permiten orientar la actuación en el mundo compartido.

Así, la diferencia entre autoorganización en tiempo real y la actividad de las grandes empresas que luchan por crear mundos de percepción estética y afecto dirigidos a productores y consumidores, con el objetivo de reunirlos en lo que aparentemente son unas comunidades coordinadas bajo las condiciones dispersas de la vida contemporánea no estribaría tanto en la capacidad de informar y comunicar, sino en la potencia que tiene la autoorganización de crear mundos mejores, más ricos y extensos, mundos con impulso expansivo que caminan al encuentro de amigos que aún no conocen, que buscan nuevas relaciones no instrumentales, que van en busca de la alteridad para anudar el lazo que aún no existe.

Si esto es así, sería crucial pensar de qué está hecho un horizonte compartido. ¿De estéticas? ¿De ideas? ¿De narraciones? ¿De imágenes? ¿De palabras? ¿De anonimato? Habría que fijarse en qué horizontes se están proyectando desde las luchas, y si estos pueden ser verdaderamente compartidos. La libertad, ese comodín genérico, está resultando ser un buen horizonte compartido.

Pero tenemos otra pregunta: ¿cómo se hace un horizonte compartido? Para algunos autores (filósofos o políticos) un horizonte compartido se construye paciente y deliberadamente con el tiempo. Puede ser cierto, pero el tránsito que va desde 4chan hasta Anonymous ¿es una construcción paciente y deliberada? ¿De quién? ¿Qué vanguardia se metería en 4chan (no como mirones sino como verdaderos anon) solo por ver si esta construcción tiene lugar? ¿Alguien estaba construyendo el swarming 11-M paciente y deliberadamente? ¿Todos lo estábamos haciendo? ¿Cómo?

A estas alturas está claro que las acciones de los anon son políticas: denuncia, escrache, ataque a los que niegan las libertades. Constatar esta evidencia no tiene ningún mérito. Pero imaginemos 4chan hace unos años. ¿Quién, desde lo político, habría dado dos duros por ese foro? Para valorar de veras, y no solo instrumentalmente como espacios receptores de propaganda, esas dinámicas de botellón, de enjambre, tan ambiguas, oscuras y en parte reprobables, hay que estar dispuesto a participar de un horizonte común poblado de amigos indeseables o, como dicen otros, de alianzas monstruosas.

Anonymous mete en el kit del luchador las dinámicas de botellón y ¿saca las dinámicas asamblearias?

Alianzas monstruosas

En un blog de rpp.com.pe, alguien que dice haber estado en Anonymous escribe:

Los anonymous dicen que están luchando por la libertad en Internet, hecho que apoyo desde este blog. Sin embargo, yo sé que detrás de toda esta lucha la motivación real es hacer algo «épico», inspirado en películas como El club de la lucha o V de vendetta. Me parece que los anonymous se ven a sí mismos como los antihéroes del mundo cibernético.

Y aunque muchos piensen que los cómics, las series de televisión, las películas de ciencia ficción son cosas de niños, presten más atención, porque detrás de todo esto hay una gran carga política, la cual pregona la lucha por la libertad.

Los anonymous no son los chicos buenos de la película. Como en el Club de la lucha, siguen sus vidas normales pero tienen otra vida oculta, en la que luchan desde la oscuridad. Es gente que muy a pesar de estar batallando a favor de un ideal, en el fondo se están divirtiendo más que nadie con todo esto. Es como la película que siempre quisieron vivir, ahora son más fuertes que hace años y, lo más importante, los medios les estamos prestando atención a sus acciones.

¡La industria del entretenimiento produciendo cómics, series de televisión y películas comerciales cuyas imágenes son reapropiadas para la lucha en contra de la propia industria! ¡Los anon enmascarados con la V de vendetta desgañitándose en la entrega de los Goya contra la industria cinematográfica!

Leónidas Martín Saura se ha interesado por la potencia subversiva de las imágenes que produce la propia industria del entretenimiento: películas, videoclips, anuncios publicitarios…

Según Martín Saura, hay acontecimientos que están a medio camino entre la imagen y el activismo: toman una imagen, la interpretan y actúan en consecuencia. En otras palabras, hacen existir la imagen. En esos acontecimientos, el espectador no es una figura pasiva, sino que toma la imagen como un dispositivo inacabado y la interpreta activamente. No solo la interpreta, sino que la malinterpreta y de esa «malinterpretación» surge una posibilidad de subversión.

Esa subversión pasa por identificarse completamente y sin distancia con algunas de las imágenes cliché que el mercado ofrece, por ejemplo, en películas como Matrix, Avatar o V de vendetta. Esa identificación hace existir la imagen, atraviesa el cliché y sirve para crear efectos de reconocimiento y empatía, y para intercambiar afectos. El uso de esas imágenes aligera la seriedad de la política y trasciende los marcos de referencia clásicos (izquierda y derecha), haciéndolos más abiertos e incluyentes y ampliando el horizonte compartido.

Anonymous tiene amigos indeseables (la industria y sus imágenes épico-masculinas) y eso los convierte a ellos en indeseables (para otros): demasiada turbiedad, demasiadas impurezas, demasiada testosterona. Demasiada confusión entre la gamberrada, la desobediencia civil y el «vandalismo» y los «disturbios» en Internet.

WikiLeaks y Anonymous meten en el kit del luchador la capacidad de alianzas monstruosas (con la prensa sesgada y claudicante, con la industria del cine…), lo cual no significa ofrecer amistad a cualquier indeseable. Cada alianza monstruosa tiene que permitir una «malinterpretación».

Lo político se incrementa

Desde el 23 de diciembre de 2010, en España los ataques distribuidos de denegación de servicio (DDoS) son delito. Pero Anonymous no es España. Y además, más allá de la legalidad está el asunto de la legitimidad. Los que se oponen a este tipo de ataques sostienen argumentos éticos y tácticos: no se debe defender la libertad de expresión atacando la libertad de expresión de otros; los ataques pueden provocar una mayor y peor regulación de Internet, y, sobre todo, criminalizan las causas que pretenden apoyar. La cuestión es dirimir si estos ataques son desobediencia civil o «vandalismo» y «disturbios» en Internet.

A propósito de esta polémica, el 17 de diciembre Richard Stallman publicó en The Guardian un artículo a favor de la legitimidad de estas acciones:

Las protestas de Anonymous en la Red en apoyo a WikiLeaks son el equivalente en Internet de una manifestación multitudinaria. Se trata de gente que busca una forma de protestar en un espacio digital. Internet no puede funcionar si hay multitudes que bloquean las webs, de igual manera que una ciudad no puede funcionar si sus calles están siempre llenas de manifestantes. Pero antes de precipitarse a pedir que castiguen a los que llevan a cabo estas protestas en la Red, hay que plantearse por qué protestan: en Internet, los usuarios no tienen derechos. Como ha demostrado el caso de WikiLeaks, lo que hacemos en la Red, lo hacemos mientras nos lo permiten.

En el mundo físico, tenemos derecho a imprimir y vender libros. Si alguien quiere impedirlo, tiene que acudir a los tribunales. Sin embargo, para montar una web necesitamos adquirir un dominio a una empresa, un proveedor de servicios de Internet y a menudo una compañía de hosting; todas ellas pueden recibir presiones para cerrar nuestra web. En Estados Unidos, ninguna ley regula esta situación precaria. Es más, existen contratos que estipulan que hemos autorizado a estas empresas a funcionar de esta manera como algo habitual. Es como si todos viviéramos en habitaciones alquiladas y los dueños pudieran desahuciarnos en cualquier momento.

El hilo argumental de Stallman es muy claro: en Internet no hay derechos ni garantías. Estamos en precario. Esto es lo que ha demostrado el caso WikiLeaks. Si un día PayPal decide cortar su contrato con Wikipedia, por poner un ejemplo, ya no podremos dar dinero a ese proyecto: lo que hacemos en la Red, lo hacemos mientras nos lo permiten.

Además, Stallman argumenta que es un error denominar [a estas acciones] hacking (un juego de inteligencia y habilidad) o cracking (penetrar sistemas de seguridad). Tampoco se puede denominar a estas protestas como ataques distribuidos de denegación de servicio (DDoS).

Para comprender por qué Stallman niega que estas acciones sean ataques distribuidos de denegación de servicio (DDoS) tendríamos que entrar en detalles técnicos muy relevantes sobre qué hacen exactamente los anon desde sus cuartos propios conectados. Richard Stallman mete en el kit del luchador los conocimientos técnicos precisos y el detalle, ambos imprescindibles para comprender una acción (y argumentar a favor o en contra) cuando esta está mediada por la tecnología.

El plan B

El asunto WikiLeaks es una película sobre cómo funcionan las cosas en Internet cuando hay estado de excepción: como en Internet no hay derechos, lo que hacemos lo hacemos mientras nos lo permiten (Amazon, EveryDNS, Visa, MasterCard, PayPal…, más los respectivos gobiernos).

La apuesta decidida de parte de la industria por la Web 2.0 (Google, Youtube, Facebook, Twitter, etcétera) ha creado la ficción de que lo que hacemos ahora está garantizado. Falso. Está habiendo y habrá más estados de excepción. En los estados de excepción toman valor el software libre y las empresas con orientación política (o con neutralidad política, lo cual ya es una orientación).

Es recurrente el debate sobre si se debería crear una Web 2.0 alternativa. Mi opinión es que no, puesto que la Web 2.0 no opera en la excepción sino en la normalidad (mezcla de distintos intereses políticos, industriales y sociales, muchas veces en alianzas monstruosas entre distintas formas de poder y distintos agenciamientos de emancipación y construcción subjetiva). En la normalidad no tiene sentido un Facebook alternativo sino un Facebook tal y como es: dispositivo inacabado, impuro, anonimato en primera persona, etcétera.

Pero tener ascensor en la vivienda y usarlo con normalidad no significa eliminar la escalera, que está para las excepciones (apagones, incendios…). El software libre y las empresas con orientación política son la escalera: algo que hay que cuidar y mantener en buen estado por si acaso, sabiendo que el «por si acaso» tarde o temprano llegará.

El gobierno de Egipto no apagó WikiLeaks: ¡apagó Internet entera! ¿Y qué hicieron los hackers activistas? Si en Egipto hay teléfono, pensaron, sigue habiendo posibilidad de conectarse por módem (como se hacía antes de la ADSL). Los teléfonos modernos pueden funcionar como módems, pero hay que saber hacerlo. ¿Cómo podemos enseñar a los egipcios a conectarse a Internet por su teléfono móvil si no tenemos Internet para explicárselo? Por fax. Vamos a enviar fax masivos, indiscriminados, a todos los faxes de Egipto posibles. Como tirar una octavilla, solo que llega a los faxes. ¿Y adónde se van a conectar con sus móviles? A unos servidores que hemos montado específicamente para esto, y que hemos convertido en proveedores de Internet. Pero las conexiones por teléfono tienen poco ancho de banda. ¿Van a servir para algo? Sí, si en lugar de utilizar entornos gráficos volvemos a la línea de comandos. Vamos a poner también en los fax las instrucciones para chatear por línea de comandos. Ellos que nos digan por chat qué está pasando. Nosotros difundiremos eso y les explicaremos qué está pasando fuera. ¿Y no habrá represión? Anonimizaremos estas conexiones para que no pueda haberla.

Hackers activistas de todo el mundo pudieron montar en tiempo real este dispositivo de emergencia porque tienen cuatro cosas: conocimientos, recursos, autoorganización en tiempo real y un horizonte compartido.

Los hackers activistas meten en el kit del luchador el software libre, el conocimiento para aplicarlo, los recursos para implantarlo, todas las tecnologías habidas y por haber, por obsoletas que parezcan, la creatividad en tiempo real para combinarlo todo y un horizonte compartido que incluye a todos (en este caso a todos los egipcios), aunque alguno de ese «todos» sea indeseable.

Pero los conocimientos y los recursos no caen del cielo. Cuestan tiempo, dinero y voluntad. Muchos hackers activistas, como opción a su propia precariedad, están montado «empresas» con orientación política. Como ejemplos, guifi.net, lorea.org y oiga.me.

Empresas con orientación política

Guifi.net es una red de telecomunicaciones pública formada mediante la agregación de tramos de red propiedad de sus usuarios. Es una infraestructura pública de titularidad privada y operación compartida que se ha constituido en operadora de telecomunicaciones. Guifi.net es el plan B para tener «Internet privada» si hay un apagón de Internet. Quizás en España no ocurra nunca, pero eso no quita valor a guifi.net, que ensaya un modelo económico distribuido de propiedad sobre la infraestructura de telecomunicaciones y está acumulando una gran cantidad de conocimientos técnicos, organizativos, legales y operativos que se pueden transferir a lugares donde el apagón es más probable. Si vives en un ático, aunque no entiendas bien bien para qué, plantéate contactar con guifi.net y financiar e instalar una antena.

Lorea.org se autodefine como un semillero de redes sociales sobre un campo de experimentación federado. Su objetivo es crear una organización nodal distribuida, federada y segura. Es un proyecto militante, sin ánimo de lucro, que trabaja en la confección de algo tipo Facebook pero con seguridad en las comunicaciones (encriptación para evitar escuchas) y distribuido en semillas federadas (cada grupo gestiona su semilla en su propio servidor, pero todas las semillas se autoconectan en una red más grande). Lorea.org ya es operativa, aunque su desarrollo continúa (no tan rápido como sería de desear debido a la falta de recursos). Como es un software libre y distribuido, en sí mismo es como un Facebook en red. Lorea.org como software y guifi.net como hardware proporcionarían un plan B bastante confortable en caso de apagón de Internet. Si perteneces a un colectivo, plantéate aprender a usar Lorea como medio de comunicación interno-externo y ofrecerle apoyo económico.

Oiga.me es una una plataforma para la comunicación directa de la ciudadanía con sus representantes. Ahora, cuando una entidad organiza una campaña de presión, recoge firmas o adhesiones en un formulario ya cerrado, «acumula» las firmas (la fuerza, la representatividad) y con esa acumulación se presenta ante su oponente. Oiga.me quiere cambiar este modelo: alguien propone una campaña pero el dispositivo no le va a permitir «acumular» la representatividad ni tener la hegemonía del discurso, ya que cada persona enviará su protesta directamente a los oponentes y la escribirá y formulará con sus propias palabras y argumentaciones, es decir, cada persona tendrá que terminar de definir la campaña. Con oiga.me, la asociación aLabs quiere reutilizar la experiencia colectiva del activismo hacker y ofrecerla como servicio para una participación ciudadana directa. En la actualidad, el modelo técnico-social está en fase de definición. Está por ver si las entidades que organizan campañas aceptarán contribuir y financiar este modelo inacabado que les propone renunciar a parte del control. ¿Hasta qué punto oiga.me tiene que ser un dispositivo inacabado? La nueva esfera público-privada que se forma por la conexión de los cuartos propios, ¿en qué cambia el modelo «campaña política»? Si perteneces a una asociación, plantéate debatir con aLabs el modelo social para oiga.me.

¿Cuál es el valor político de estas «empresas»? ¿Cómo son sostenidas afectiva y económicamente por sus redes naturales? ¿Cuánta devastación (política) supondría su muerte por depresión, falta de viabilidad, dificultades de todo tipo?

Las «empresas» con orientación política no son solo planes B: producen, conservan y difunden el conocimiento técnico; disponen y proveen de recursos físicos y simbólicos; permiten abolir la división entre trabajo y militancia; atesoran conocimiento organizativo y operacional. Son la evolución natural para un hacking activista que se hace mayor. Un magnífico plan A.

WikiLeaks mete en el kit del luchador las empresas con orientación política o con neutralidad política. En su caso, el Partido Pirata sueco y OVH Francia. Pero ¡ojo!, esas empresas no tienen por qué ser forzosamente «empresas» militantes. Ya hemos hablado de alianzas monstruosas entre distintas formas de poder y distintos agenciamientos de emancipación. Cada acontecimiento, cada excepción revelará su quién es quién.

Hacktivistas

Hacktivistas es una plataforma tecnopolítica para el activismo en Internet que surge de la comunidad de hacklabs en el hackmeeting de 2008, justo cuando WikiLeaks filtra un documento del ACTA.

El ACTA es una respuesta de la industria mundial al incremento de los bienes falsificados y obras protegidas por copyright pirateadas en el mercado global. Aunque el ámbito del ACTA es amplio, e incluye desde la falsificación de bienes físicos a la distribución en Internet y las tecnologías de la información, es en Internet donde Hacktivistas (y muchos otros) ven venir el enésimo ataque de las corporaciones mundiales de la industria del entretenimiento a las libertades de acceso a los bienes inmateriales. Y se autoorganizan para absorberlo.

Desde 2007, las negociaciones del ACTA se llevan en secreto, pero se sabe que el objetivo de la industria es que los gobiernos aprueben leyes a su favor. ¿Puede un grupo de chavales pensar que se va a enfrentar con éxito a la gran industria global? Bueno, los chavales no son tontos. Analizan la situación, interpretan el plan del adversario, prevén el curso de los acontecimientos, valoran las fuerzas propias y diseñan una estrategia y una táctica.

¿Qué van a hacer? Sitúan el ámbito de su lucha: España. El gobierno de Zapatero está débil y debe favores al mundo de la cultura, que lo ha posicionado donde está (recordemos el «No a la Guerra»). España va a asumir la presidencia de Europa en el primer semestre de 2010. En primer lugar, se trata de impedir que España apruebe leyes a favor de la industria del entretenimiento antes del 1 de enero de 2010. Y, en segundo lugar, se trata de impedir que España utilice la presidencia europea para colarlas en Europa.

Por estas fechas, aunque unas pocas noticias publicadas en prensa no son suficientes para demostrar esta trama, Hacktivistas tiene la seguridad de haber situado bien su estrategia. Ha sido en diciembre de 2010, con la filtración de los más de doscientos cincuenta mil cables en WikiLeaks, cuando se han hecho públicas las evidencias de que el gobierno de los Estados Unidos ha estado presionando al gobierno español para que aprobara leyes a favor de la industria (una de las cuales ha sido la ley Sinde).

Pero ¿qué podían hacer contra todo esto? Iokese y apardo, hacktivistas, hablando de los inicios, me contaron:

Construimos una red para luchar contra los gigantes. Trazamos un plan a tres años. El plan no era vencer; sabíamos que no podíamos vencer. El plan era que cuando todas estas leyes se aprobaran estuvieran ya totalmente deslegitimadas y listas para la desobediencia social civil masiva. Y empezamos a trabajar como si pudiéramos conseguirlo.

A día de hoy podemos decir que el plan ha sido un éxito: la ley Sinde tumbada varias veces y colada a finales de 2010, totalmente deslegitimada antes de tener un reglamento. Por enmedio, el ministro Molina se tiene que pirar, Xmailer contra Telecom, patadón a Redtel, etcétera.

Naturalmente, esto no se debe exclusivamente a la acción de Hacktivistas. Es la lucha de un movimiento social que cruza de la izquierda a la derecha, y viceversa, y que es capaz de alianzas monstruosas. Iokese y apardo cuentan:

Tuvimos que crear una conexión de confianza fuerte con otras redes estratégicas que nos iban a permitir llegar a donde nosotros no podríamos llegar. Somos buenos para la comunicación, la agitación y la organización de acciones rápidas y potentes. Pero hacen falta interlocutores, negociadores y otro tipo de actores sociales que sean capaces de tocar otras teclas. Nosotros no somos gente para ir a negociar a los ministerios. Para eso hay otros actores que lo pueden hacer mucho mejor. Y confiamos en ellos.

Hacktivismo copyleft

Hacktivistas se autodefine como hacktivismo copyleft. Esto significa abrir el código: en Hacktivistas todo es público y accesible. La plataforma se coordina mediante una lista de correo electrónico a la que cualquier persona, literalmente cualquiera, puede suscribirse. De vez en cuando se celebran reuniones por IRC. En un wiki público se anotan las discusiones y los acuerdos. Con estos recursos online, más el trabajo de los grupos de afinidad y algunos encuentros presenciales, se analiza la situación y se organizan las campañas y las acciones.

Su actividad es incesante. Como muestra, mencionaremos el fake «Si eres legal, eres legal» y el Xmailer contra el paquete Telecom.

En julio de 2008 se publicó en el BOE el concurso para la campaña del Ministerio de Cultura contra las redes P2P «Si eres legal, eres legal», con un presupuesto de 1.948.000 €. La respuesta de Hacktivistas fue un google-bombing, método para colocar una página web en los primeros lugares en Google. Se diseñó una réplica, una página web paralela con contenido veraz y a favor de la cultura libre. Hacktivistas consiguió situar su página muy por encima de la del Ministerio de Cultura, de manera que cuanta más propaganda hacía el ministerio de su lema «Si eres legal, eres legal», más visitas obtenía la página de la contracampaña en defensa de la cultura libre.¡Casi dos millones de euros de dinero público tirados a la basura! La visibilidad y legitimidad de «los ilegales» fue tan grande que el Ministerio de Cultura tuvo que plegarse a un cara a cara argumental, en la prensa mainstream, para dar explicaciones del porqué de su ensañamiento contra esos «ilegales».

El 6 de mayo de 2009 el Parlamento Europeo iba a votar el paquete legislativo conocido como paquete Telecom, pero la presión ciudadana evitó de nuevo la aprobación de las leyes que iban a hacer de Internet otra televisión.

El paquete Telecom es un conjunto de directivas europeas para regular los servicios y redes de comunicaciones electrónicas, es decir, las infraestructuras y aplicaciones necesarias para transportar señales. En 2007 la Comisión presentó una propuesta para modificarlas. Lo que se presentaba como una simple y conveniente homogeneización de las distintas normas y leyes de cada país respecto a las telecomunicaciones e Internet, en realidad era una alianza de tres de los lobbies más fuertes del mundo: el político, el de las telecomunicaciones y el de los derechos de autor, que modelaron el paquete según sus intereses con el objeto de acabar con la neutralidad en la red y con Internet tal y como la conocemos.

Una red neutral es aquella que permite una comunicación de punto a punto independientemente de su contenido. La neutralidad en la Red no es directamente un asunto de privacidad o de censura (aunque al final lo termina siendo), sino de igualdad de oportunidades. Mi operadora de banda ancha me tiene que dar el mismo ancho de banda independientemente del uso que yo le dé, incluyendo si lo uso para descargar P2P.

Una explicación técnica sobre la neutralidad de la Red excede el propósito de este artículo (aunque de nuevo los detalles técnicos son muy relevantes), pero, simplificando, si Internet deja de ser una red neutral eso equivaldría a convertirla en una televisión.

La comunidad internauta europea se movilizó contra el paquete Telecom con una estrategia clara: parar a los europarlamentarios, cada uno a los suyos y todos a los de todos, y hacerles considerar el coste político de aprobar este paquete. Hacktivistas diseñó el software Xmailer, un pequeño código informático compatible con cualquier web que permite rellenar un formulario para enviar un correo electrónico a una lista de destinatarios, en este caso los europarlamentarios.

El poco sectarismo de los internautas, así como el hecho de que puedes poner Xmailer en tu web (algo que puedo añadir a lo mío sin que lo mío deje de ser lo mío), permitió que este dispositivo de comunicación persona a persona (ciudadano a eurodiputado) enviara más de 200.000 correos electrónicos de ciudadanos/as europeos/as a sus máximos representantes en las primeras cuarenta y ocho horas de campaña. Iokese y apardo recuerdan: Los parlamentarios europeos nos decían que dejáramos de enviarles mails, y nosotros les decíamos: «Nosotros no os estamos enviando ningún mail. No somos nosotros, es la gente».

Hacktivistas mandó un mensaje contundente a los lobbies de la industria cultural, a las entidades de gestión y a los políticos españoles y europeos que colaboran en el saqueo de los bienes comunes: El P2P vino para quedarse. Ni siquiera comprendéis el problema al que os enfrentáis. La realidad os pondrá en vuestro sitio, y la caché de Internet recordará siempre vuestras vergüenzas.

Así opera Hacktivistas. Todas sus acciones se anuncian con antelación. Incluso se comunican a la policía. Todo lo que hacen es legal, público y abierto. Sacan del kit del luchador el miedo a ser vigilados y el miedo a abrir el código, y meten la transparencia como estrategia de crecimiento y el hacking a la legalidad como estrategia para evitar la represión y sus consecuencias reactivas.

Libre circulación

Hacktivistas es muy distinto de Anonymous. Hacktivistas es diurno, da la cara, no cruza el filo de la legalidad… Anonymous es nocturno, lleva máscara, pisa el filo de la legalidad… Y sin embargo el recorrido de ida y vuelta entre uno y otro es muy corto, de manera que algunos hacktivistas pueden estar entrando y saliendo de Anonymous y viceversa. Sin coste, sin problemas.

Según Juan Urrutia, una de las características de las redes distribuidas es el bajo coste de la disidencia:[7]

Para ser tu propio dueño has tenido que renunciar a las pautas de tu grupo, las propias de la red a la que perteneces, y abandonarte en la malla de otro, puesto que no hay, dada la ontología presentada, un vacío de redes. […] Las TIC permiten la generación de una amplia red distribuida que funciona autónomamente pero que, a diferencia de otras identidades colectivas, permite la disidencia a bajo coste con consecuencias interesantes. […] [En las] redes distribuidas, al ser muy tupidas, las distintas identidades sociales de los subgrupos están muy cercanas y cuesta poco pasarse de una a otra, llegando así a entender a los demás.

Es decir, en una red distribuida ser un disidente de poca monta (de rebajas, dice el autor) tiene un coste muy bajo, debido a que el propio grupo tolera de buen grado la «reinserción» después de la disidencia.

Hacktivistas y Anonymous son muy distintos entre sí, pero hay circulación entre uno y otro. Comparemos esta circulación (que permite el intercambio de acontecimientos y afectos) con la organización de los bloques en las contracumbres: en la manifestación no puedes estar a la vez en el bloque azul y en el bloque rosa. Tienes que elegir. Pero sí puedes estar a la vez en Hacktivistas y en Anonymous, en primer lugar porque la virtualidad es el mundo de la abundancia y en segundo lugar porque está cambiando el significado y la manera de «estar», disminuyendo la importancia de «pertenecer» y aumentando la importancia de «comparecer» (soy anon en tanto que comparezco en el foro, en el IRC, en las operaciones…, no en tanto que pertenezco a un supuesto grupo que en realidad no existe).

Hacktivistas y Anonymous meten en el kit del luchador la disidencia de poca monta. La cuestión estriba en si este «entender a los demás» del que habla Juan Urrutia, efecto del bajo coste de la disidencia, es una debilidad o una fortaleza. (¿Quiénes son los demás? ¿Hasta qué punto hay que entenderlos?).

Podríamos citar muchos casos de colaboración entre discrepantes (e incluso entre adversarios). Por repetido no deja de sorprenderme cada vez que veo en el blog de Enrique Dans un link Hacktivistas, u oigo a amigos hacktivistas aceptar sin problemas que hay gente mejor que ellos para ir a negociar a los ministerios. Horizontes comunes que incluyen amigos indeseables, entre los que circulan acontecimientos y afecto.

La ley Sinde

A finales de 2009 se conocieron las intenciones del gobierno de aprobar la ley Sinde. En este artículo no hay espacio para un análisis de esta ley. Brevemente, su objetivo es permitir que una comisión dependiente del Ministerio de Cultura tenga la potestad de cerrar páginas web que de acuerdo a su propio criterio vulneren los derechos de propiedad intelectual, previa autorización de los Juzgados Centrales de lo Contencioso-Administrativo. El juez autoriza, pero no instruye.

Esta ley, que si se aplicara rigurosamente implicaría el cierre de Google, es una chapuza que confunde enlaces, dominios, P2P, páginas de descargas, etcétera. Evidencia que quienes legislan no tienen ni idea de aquello sobre lo que legislan y ha sido criticada desde todas las esquinas de Internet:

Se trata de una ley sin límites claros, ya que para aplicarla no necesariamente se tiene que probar que ha habido daño, sino que basta con que haya una posibilidad de causar daño (la existencia de enlaces a contenido con copyright, por ejemplo). Invierte la carga de la prueba, ya que si cierran tu web tienes que abrir un proceso en la Audiencia Nacional (el sitio donde se juzga a los terroristas y a los piratas somalíes) para que reabran tu web. No son los que te denuncian los que tienen que demostrar el delito, sino que eres tú el que debes demostrar tu inocencia. Está sobredimensionada: si los contenidos «infractores» no se encuentran en España (porque la empresa de hosting está en otro estado o la persona reside fuera), entonces ¡se podrá bloquear todo el dominio o incluso toda la IP en cuestión!

La Ley Sinde se considera un ataque a las garantías para ejercer la libertad de expresión porque abre la puerta al cierre de webs por vía administrativa (es decir, por un organismo del gobierno) y no por la vía judicial, lo cual vulnera un derecho y una libertad fundamental en España, la libertad de expresión, y supone una bofetada al sistema jurídico español. Por si esto no fuera suficiente, en diciembre de 2010 las filtraciones de WikiLeaks revelaron que se gestó y redactó con fuertes presiones de lobbies estadounidenses representantes de las industrias audiovisuales (es decir, los estudios y las discográficas). Los cables demuestran cómo desde el año 2004 el gobierno norteamericano ha presionado al gobierno español y ha dictado una agenda represiva para que el Ministerio de Cultura acabe con la libertad en Internet en favor de la industria del entretenimiento.

Como tantos y tantos otros, Hacktivistas no ha parado de luchar contra esa ley. Y en la actualidad, una vez aprobada, se ha centrado en divulgar recomendaciones para saltársela, algo factible, ya que la arquitectura de Internet está diseñada para evitar el control: Da igual lo que intenten, siempre habrá una vía para saltarlo.

Autogestión por capas

A la política de la emancipación le gusta mucho la autogestión. Sin embargo, la autogestión total, como ideal al que tender, en una complejidad tan alta como la actual termina ocupando todo el tiempo y consumiendo toda la energía, y colapsa.

Si la autogestión termina por ocupar todos nuestros tiempos de emancipación (algo habitual cuando se busca la coherencia política) de poco vale, porque se hace impracticable. Entonces ¿sería necesario modular la autogestión según cada situación y abandonar el ideal asambleario? ¿Sería emancipador combinar capas de autogestión con capas de delegación? ¿Qué tipo de horizontalidad destilan WikiLeaks, Anonymous, Hacktivistas? ¿Qué tipo de delegación?

En los tres casos parece haber un núcleo (core) que asume la iniciativa, diseña dispositivos inacabados y los libera renunciando, en todo o en parte, al control. Sea como sea, estas experiencias no lanzan las machaconas llamadas a la participación y a la implicación. Diseñan dispositivos en los que la participación va de suyo, que no es lo mismo.

Tal vez el papel de una vanguardia en el nuevo espacio público-privado sea el diseño y la implementación de dispositivos para que otros tomen las decisiones y actúen. Una especie de mandar obedeciendo que renuncia al control, soporta amistades indeseables y cree en la inteligencia y en la autonomía de todos los nodos.

La cena del miedo

A principios de enero de 2011 Amador Fernández-Savater, editor copyleft vinculado a la cultura libre, recibe una invitación de la ministra de Cultura para participar el viernes día 7 de enero en una cena con figuras relevantes de la industria cultural española y charlar sobre la ley Sinde, las descargas P2P y todo eso.

Después de la cena, el 12 de enero publica en uno de tantos blogs lo que vivió, lo que escuchó y lo que pensó esos días. Su conclusión es simple: Es el miedo quien gobierna, el miedo conservador a la crisis de los modelos dominantes, el miedo reactivo a la gente (sobre todo a la gente joven), el miedo a la rebelión de los públicos, a la Red y al futuro desconocido.

El post, titulado La cena del miedo (mi reunión con la ministra González Sinde),14 alcanza una visibilidad inaudita: centenares de comentarios, enlaces, reenvíos, twitteos, retwitteos, meneos, shares… y muchas discusiones y conversaciones por mail y de viva voz, e incluso una respuesta de la ministra en El País unos días más tarde.

¿Qué es lo que funcionó en ese post que cruzó fronteras ideológicas y corporativas, tocó en un punto común a gente de todos los colores políticos y apolíticos y de múltiples perfiles sociológicos, y suscitó una enorme confianza y creencia en la veracidad de la palabra personal? Amador Fernández-Savater, preguntado al respecto, expone algunas claves:

Antes de escribir el post tenía mil dudas. En particular, porque creo que hay amigos que me pedían que les fabricara un arma, un arma para la guerra contra la ley Sinde a la que ellos están entregados en cuerpo y alma (dicho sea de paso, una de las pocas guerras en las que veo a gente implicada en cuerpo y alma).

Pero yo tenía que escribir algo de lo que estuviese satisfecho personalmente y de lo que pudiera hacerme cargo. No me satisface el modelo-denuncia porque es todo lo contrario de esa nueva sensibilidad (crítica) que exploro junto a otros desde el 11-M y que entre otras muchas cosas pasa por: hablar como uno más, como uno cualquiera, para así poder hablar a cualquiera y con cualquiera; rehuir todo lo posible la crítica frontal; hablar en nombre propio, no esconderme detrás de un «nosotros», y no buscar una posición de superioridad sino un problema compartido (incluso, si es posible, con el adversario).

Escribí el texto con esas claves y de ellas resulta un efecto de ambigüedad. Al compartir el borrador algunos amigos me dijeron: «No está claro dónde estás, con quién estás, contra quién estás, a favor de qué estás». Estaba de acuerdo, pero para mí la cuestión era valorar si esa ambigüedad era una debilidad o una fuerza. Así que lo que ha podido funcionar en el texto es paradójico: una posición ambigua, pero firme y determinada.

Los amigos más metidos en la guerra me dijeron que al texto le faltaba concreción. Le faltaba punta. Se iba por las nubes. No desenmascaraba a nadie. Olvidaba denunciar qué hacía allí esa gente reunida en la cena. No gritaba. Pero yo creo que el modelo-denuncia roza peligrosamente la propaganda. Y pensé: Confiemos en la inteligencia de cualquiera. No opongamos propaganda a la propaganda, porque la propaganda en sí misma es embrutecedora (sirva a la causa a la que sirva). No pensemos en el público como un rebaño que hay que azuzar. No desestimemos su capacidad para descifrar e interpretar activamente un texto.

Así que el tono «moderado» del texto no fue para salvar mi culo, sino que yo creo que solo un discurso así puede hoy morder verdaderamente la realidad. Pero esto no es fácil de ver. Yo mismo soy el primero que dudaba. No tenía las cosas claras. Solo un «presentimiento».

Y bueno, desde luego me pregunto qué es hoy un discurso crítico. Daniel Blanchard explica maravillosamente que un discurso crítico es aquel «capaz de imantar, captar, amplificar innumerables voces dispersas», y eso ocurre cuando «el movimiento que lo impulsa entra en resonancia con el movimiento que revela en lo real; es decir, cuando surge y se forma como análogo a la crisis de lo real». Después de publicar el post, los amigos (primero decepcionados) advirtieron enseguida con entusiasmo absoluto cómo el texto estallaba en todas direcciones. Poner un espejo fue más demoledor que «dar caña». Lo que parecía «menos» (crítico) al final fue «más». Lo que parecía menos ruidoso, al final fue más efectivo. Tenemos que repensar y reinventar cómo entramos hoy en resonancia con la crisis de lo real.

Esta valoración del autor no es plenamente aceptada entre sus redes de confianza. Fernández-Savater hace hincapié en compartir un problema con el adversario, que en este caso es el miedo: miedo de la industria a perder sus privilegios y miedo de todos (incluidos los autores) a la incertidumbre económica y la precariedad. Pero otros amigos creen que lo que hizo que tanta gente se reconociera en este post no es tanto ese problema compartido como una división clara entre «ellos» y «nosotros» perfilada con la imagen del búnker: ellos asustados dentro del búnker y un afuera difuso en el que estamos «todos».

En todo caso, la cena del miedo saca del kit del luchador el modelo-denuncia que sólo convence a los ya convencidos, y mete la veracidad que se desprende al hablar en nombre propio (en primera persona) y la apertura a un nosotros que cualquiera pueda habitar.

Una complejidad política

La cena del miedo cierra el itinerario de las experiencias elegidas. Muestra cómo Internet no es solo un soporte para nuevos tipos de agregaciones (Anonymous, Hacktivistas), ni es solo un canal de comunicación (WikiLeaks). Internet es ya en sí misma una organización, unitaria (como las organizaciones obreras en los viejos tiempos) ¿y tal vez política?

La complejidad de Internet no es solo un asunto técnico: es una complejidad política. La Red en sí misma es, recursivamente, a la vez el contexto y la coyuntura, a la vez el campo de batalla y a la vez la organización para transformar ese contexto en pro de más libertad (como viejo y nuevo derecho económico).

Internet ha cambiado la arquitectura de la realidad, y toda arquitectura es una política. La Red es ingobernable y está hecha de nodos inteligentes y autónomos. De la interconexión de estos nodos surge una nueva esfera público-privada en la que, solo por estar (publicar un post, comentarlo, enlazarlo, reenviarlo, twittearlo y retwittearlo, menearlo, compartirlo…), ya se hace política. Pero ¿qué política? Es el sueño de la «participación» elevado a la máxima potencia, solo que esta «participación» es irrepresentable e ingobernable. Irrepresentable e ingobernable significa que no funciona exactamente según las reglas de las viejas democracias capitalistas. Significa que el kit del luchador (herramientas, conocimientos y prácticas) está cambiando y el papel de las vanguardias también.

Todo uso instrumental de Internet está condenado de antemano al fracaso. Los nodos no perdonan a los que les niegan la inteligencia, a los que les convierten en espectadores de una nueva televisión, por más que esta televisión sintonice el canal de la denuncia radical. Si antaño se podían redactar muy buenas octavillas sin conocer el funcionamiento de la ciclostil, eso ahora ya no es posible, porque la octavilla y la ciclostil son (recursivamente) la misma cosa. El kit del militante debe reforzarse con nuevos conocimientos tan políticos como en su día lo fueron los cursos de alfabetización que los anarcosindicalistas impartían entre los círculos obreros. Tecno-política. Pero con la diferencia de que Internet no se estudia ni se aprende. Internet se hace, con otros, en red. Y, al hacerse, se piensa.

Internet se hace, deshace y rehace en tiempo real en un torbellino de bucles y contrabucles. Los mercados, la industria, los gobiernos… se pasan el día pensando y haciendo Internet, al igual que WikiLeaks, Anonymous, Hacktivistas y cualquiera (de mil maneras diversas y con distintas e incluso contradictorias imágenes de igualdad y de libertad) la hacen y rehacen luchando desde una nueva esfera público-privada por la socialización de los bienes inmateriales y el acceso a la nueva abundancia.

Hacer y pensar. Así como el apagón en Egipto enseña que ninguna tecnología es desechable, por obsoleta que parezca, y que puede volver a ser útil si se reconecta en un dispositivo inacabado que tome sentido en un horizonte compartido, de igual manera en el fondo del viejo kit del luchador hay herramientas, conocimientos y prácticas en desuso pero no desechables, que están a la espera de más y mejores alianzas que reinventen su utilidad. En otras palabras, no se trata de abandonarse a la fascinación de la novedad tecnológica, sino de abordar la cuestión (crucial) de qué es luchar y de cuál debe ser el papel de una vanguardia cuando ya no rigen (solo) las lógicas del viejo mundo capitalista.

Notas

  1. Naturalmente, la producción, conservación y distribución de bienes inmateriales consume energía y otros recursos materiales. Sin embargo, el asunto energético y material de Internet no está encima de la mesa, quizás porque los asuntos relativos a la inmaterialidad son, por el momento, mucho más interesantes.
  2. Zafra, R. Un cuarto propio conectado. Fórcola Ediciones, Madrid, 2010.
  3. De Ugarte, D. El poder de las redes. El Cobre ediciones, Madrid, 2007.
  4. Le Monde Diplomatique», febrero de 2011.
  5. El anonimato en primera persona es un concepto elaborado al calor de la revista Espai en Blanc, núms. 5-6: La fuerza del anonimato (http://www.espaienblanc.net/-Revista-de-Espai-en-Blanc-no-5-6-.html). Ver también «La Web 2.0 y el anonimato en primera persona» (http://www.barcelonametropolis.cat/es/page.asp?id=23&ui=420).
  6. Lo que se llamó el fin de las ideologías es una crisis de palabras en la que todos utilizamos los mismos términos para problemas antagónicos. Daniel Blanchard, antiguo miembro de Socialisme ou Barbarie, ha hecho de la expresión «crisis de palabras» la clave para entender la relación entre el discurso crítico y lo real. En 2009, Espai en Blanc organizó un seminario para abordar este problema (http://www.espaienblanc.net/Materiales-del-seminario-Crisis-de.html).
  7. Urrutia, J. «Lógicas, ontología y disidencia de y en la blogosfera», prólogo al libro de David de Ugarte El poder de las redes (El Cobre ediciones, Madrid, 2007).

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Texto incluido en el número 9-10-11 de la revista de Espai en Blanc: El impasse de lo político

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Conferencia en el Gotemborgs Stadsmuseum

El pasado sábado 28 de mayo, estuvimos Enmedio del Gotemborgs Stadsmuseum (Museo de la ciudad de Gotemburgo) presentando nuestra investigación sobre la participación. Más concretamente sobre el rechazo social que, cada vez con más fuerza, se despierta contra algunos procesos de participación ciudadana propuestos por gobiernos, empresas e instituciones. Venimos trabajando este asunto desde hace más de medio año mano a mano con nuestros amigos alemanes de Nine2Five. Ambos compartimos esta presenatción en el museo de Gotemburgo, mostramos diferentes ejemplos de la fuerza sin nombre , o sea, esa fuerza que participa contra la participación.  Bajo este argumento estamos desarrollando, además, un nuevo proyecto de intervención que pronto os desvelaremos. De momento, aquí van algunos documentos del encuentro.

¿En qué consiste participar contra la participación?

Nine2Five o cómo evitar la participación institucional

La empresa multinacional Mini, ha instalado un gran cartel de publicidad en el centro de Berlín, y solicita tu participación: envía una fotografía tuya y, automáticamente, te convertirás en la cara del anuncio.

Respondimos a su invitación, así es como participamos.

Posamos anunciando a los cuatro vientos la #spanishrevolution.

Y por supuesto, nos topamos con los límites de la participación.

Superbarrio visita Enmedio

¿Qué es eso ahí arriba? ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es otro plan urbanístico? ¡Es Superbarrio! ¡Y viene a visitarnos!

En sus apariciones televisivas, este superhéroe del activismo social, siempre ha dejado claro que su misión es defender y proteger los derechos de la gente común. Lleva más de veinte años haciéndolo.
El próximo jueves 28 de abril Superbarrio se pondrá Enmedio. A eso de las 20h aterrizará en nuestro espacio vestido con su traje rojo, su capa dorada y su máscara de luchador dispuesto a contarnos su verdadera historia: cómo nació, qué causas ha defendido, contra qué villanos se ha enfrentado.

No te pierdas esta oportunidad de presenciar todo un símbolo del movimiento popular mexicano. Ven a conocer de cerca a Superbarrio, puede que un día también tu barrio se encuentre en peligro de especulación (si vives en Barcelona eso es más que probable) y necesites de sus servicios. Además, no todos los días se cruza uno con un auténtico superhéroe, ¿a que no?

Una actividad co.organizada por Enmedio y The Influencers)

La historia del Grupo Voina, colectivo de arte activista ruso ahora en prisión.

Fuente original: Corneta.org

Este colectivo articula desde la cruda realidad contemporánea: Sexo, Política, y Poder. El Grupo Voina, con una práctica artística basada en acciones urbanas, cuestiona todo. Es Arte, Punk y Anarquía. Razón por la cual, han vivido bajo el constante acoso de las autoridades, 15 acciones legales fueron presentadas en su contra en sus tres años de existencia. En su última acción “La Caída del Palacio”, como un justo cuestionamiento al abuso policial, dieron vuelta 7 vehículos patrullas. Una acción que ha puesto bajo amenaza de arresto a todo el colectivo, y dos de ellos están presos desde hace tres meses. Están enfrentando dudosos cargos, pero que pueden acarrearles hasta 14 años de prisión.

El Grupo Voina forma parte de un movimiento innovador más amplio, que se está dando en Rusia en los últimos años. Cuentan con muchos seguidores y adeptos y ahora el público en general sigue de cerca su caso con la ley, incluso en el extranjero. Es así que su proceso judicial se ha convertido en otra acción en sí misma. En la primera audición de la corte que se hizo hace dos semanas, el artista Banksy depositó el dinero para la liberación bajo fianza, pero el juez la rechazó alegando que no puede verificar la identidad del depositante (Banksy ES un artista anónimo). Ahora los dos integrantes de Voina tienen que esperar en prisión hasta el día de su juicio, si llega, dado que las autoridades no han demostrado interés, para fijar una fecha de juicio.

“La Caída del Palacio”

La historia de Voina

A principios del 2007, un grupo de estudiantes de filosofía de la Universidad de Moscú se junta alrededor de la figura del conocido poeta del absurdo Dmitri Prigov, con quien venían realizando una serie de pequeñas acciones poéticas alrededor del campo universitario. En julio de ese año tenían programado realizar una acción donde Prigov recitaría poemas encerrado en un armario, mientras que el grupo subiría 22 pisos por las escaleras. Pero inesperadamente el rector canceló la acción y prohibió la obra del poeta dentro del campo universitario. Ante esta noticia Dmitri Prigov sufrió un ataque al corazón y falleció en coma días más tarde.

El 25 de agosto 2007, el mismo día en que falleció el poeta, a medianoche, el grupo realizó su primera acción en el ámbito público para celebrar la memoria de su mentor.

Para esta acción “Fiesta” tomaron un vagon del metro y se acomodaron con mesas, comida, y mucha vodka. Compartiendo con los pasajeros, realizaron un círculo completo en la línea circular (valga la redundancia) del metro de Moscú.

En febrero del 2008 participando en una muestra colectiva con artistas de Kiev, decidieron para esta ocasión mostrar la documentación visual de la acción “Fiesta” dentro de un contenedor depositado en las aceras de Kiev. Desafortunadamente la ciudad, sin previo aviso les confiscó todo, se llevaron el contenedor.

En respuesta el colectivo decidió realizar su muestra en vivo. Y para esta ocasión intervinieron en pleno día, simultáneamente en las tres líneas de metro de Kiev, aquí el público participa íntegramente en la acción. –

Una intervención increíble, en conjunto con la gente.

Aquí hay más fotos y videos

Luego de estas primeras acciones el colectivo se consolida como el Grupo Voina (que significa Guerra). En aquel momento Alexei Plucer-Sarno declara a la prensa que  “…más allá de lo que abogaba nuestro mentor, el poeta Dmitri Prigov, nuestro colectivo intervendrá a su propia discreción en cualquier espacio que lo considere pertinente”.

Lo que sigue es una multiplicación vasta de sus acciones; a principios del 2008 en un “simbólico acto de justicia alimentaria”, se dedicaron a atrapar gatos en las calles y los infiltraban de noche en restaurantes de lujo, e incluso (gatos menos afortunados) durante el día eran infiltrados en restaurantes McDonald’s.

En el famoso restaurante de lujo, el “Oprichnik”, cuyo dueño es una conocida figura de la Televisión del Kremlin, la noche del 28 de diciembre (2008) el Grupo Voina selló la entrada con planchas soldadas a las puertas de metal. Las más importantes figuras políticas rusas quedaron atrapadas por horas en su interior. “Una celebración, en nombre de todos los artistas que fueron puestos en cautiverio a través de nuestra historia” comentó sobre esta acción Leonid, miembro de Voina.

En otra ocasión, para demostrar hasta que punto la imagen simbólica de la “autoridad” domina la idiosincracia rusa, un miembro del colectivo se vistió como sacerdote (ortodoxo) con una gorra de policía, luego entró en un supermercado de lujo, recogió todo lo que quiso y simplemente salió caminando, sin pagar. Nadie lo detuvo.

Un policía vestido de cura

Aquí hay un video

También como parte de su series “Voina en el Supermercado”, realizaron la acción “Vagina liberadora” en la cual un miembro femenino del colectivo logra rescatar un pollo escondido dentro de su vagina. La acción refiere a una cita de Leon Tolstoy de “el pollo Ryaba”.

En otro Supermercado de la cadena “Auchan” realizaron la acción “Conmemoraciones de Diciembre” (en 2008) el día de las festividades por el aniversario de la Ciudad de Moscú. Voina agrega a estas conmemoraciones temas como la explotación de trabajadores ilegales, discriminación de gays y lesbianas… pero apuntando al discurso y política de Yuri Luzhkov, el Alcalde (xenófobo) de Moscú. Incluso muestran un gran cartel al público que dice: “A nadie le importa lo de Pestel” que se refiere a un inmigrante ajusticiado por la policía de Moscú.

En esta acción los Voinas entran a un supermercado de la clase alta y ahorcan a un homosexual, una lesbiana y tres trabajadores ilegales del Asia central.

Aquí hay un enlace al video

Si bien la acción referida a la figura política del Alcalde de Moscú tuvo gran repercusión mediática, aun más difundida fue su accion en alusión a Medvedev. Dos días antes de las elecciones presidenciales (2008) realizaron una intervención (que podría traducirse como) “Lacogida del Heredero -el osito” (se refiere al oso, símbolo nacional ruso que seguido se lo asocia con la figura del presidente, -Medvedev es el heredero, el osito). Para esta acción se presentaron en el Museo de Biología de Moscú, se desnudaron y comenzaron lacogida; a hacer el amor a modo de performance. Una mujer embarazada posiblemente es la que hacia de oso.

Segunda parte: El descentrado circuito del arte ruso

Aunque parezcan actos de “controversia” este colectivo está actuando de manera bien coherente, y esto lo reconoce uno de los más importantes curadores rusos, Andrey Erofeev. A fines del 2009, Erofeev, bien al corriente de la obra del Grupo Voina, los invita a participar en la muestra sobre “Letrismo” (un movimiento pre-Dada que cuenta con muchos autores rusos). La muestra se realizó en la sede central de La Casa del Artista, donde Voina decide presentar la documentación visual de sus acciones. Obviamente, concientes de que algunas de sus obras impactan al nivel de la controversia, hubo obras que fueron disimuladas (o escondidas) hasta el día de la inauguración. Cuando la muestra abrió, Voina sacó todas sus obras -y de buena fe, para mostrar quiénes son y qué tipo de producción realizan. La muestra de Voina poco a poco fue generando cierta temperatura entre el público, hasta que alguien llamó al curador, luego el curador llamó a la policía, se sumaron los agentes de seguridad del establecimiento y a la muestra, literalmente, la bajaron.

Enlace al video

A pesar de que la muestra de “Letrismo” fue censurada (por el curador que los invitó) igual expone al Grupo Voina como parte de un circuito del arte -y en particular, con aquellos que exploran una redefinición del arte actual en Rusia. De hecho, unos meses antes, el Grupo Voina estuvo defendiendo a dos conocidos curadores, Yury Samodurov y Andrei Yerofeyev, cuya muestra fue censurada y además acusados con cargos criminales hasta tres años de prisión. El caso de estos curadores se remonta al 2006, cuando presentaron la muestra “Arte Prohibido”, e inmediatamente fueron tildados de anti-cristianos y penalizados por la ley, por incitar el odio. Cuando en realidad las obras en controversia eran unas imágenes de Marilyn Monroe vestida como terrorista chechenia, hamburguesas de McDonald’s como “el cuerpo de Cristo”, y figuras de Mickey Mouse oficiando como Jesús.

El día que estos curadores iban a ser enjuiciados Voina se presentó para apoyarlos. Realizaron una acción con el lanzamiento de una canción punk, gritando “Los policías son una mierda” -en realidad la letra es de una conocida banda punk muy a la moda en Rusia. Finalmente fueron expulsados del juzgado, no sin antes liberar 3.500 cucarachas en la sala de la corte.

Las cucarachas fueron escondidas en cajas de galletas y luego esparcidas en la corte.

No está claro si esta acción ayudó o no, pero los curadores simplemente fueron penalizados con una multa (alrededor de 10 mil dólares). Aquí hay un video de la acción.
Una de sus últimas intervenciones (antes de caer en prisión) es la obra “Pene capturado por la KGB”. Esta obra, realizada el 14 de junio 2010, cuestiona el increíble acoso a los ciudadanos, bajo el pretexto de seguridad, que imponía por esos días la KGB (policía secreta rusa) ya que tres días mas tarde se realizaba el Foro Económico Internacional. La acción sobre el Puente de San Petersburgo (un puente levadiso) les tomó solo 23 segundos, y cuando el puente se levantó se puso cara a cara con las oficinas centrales de la KGB.

A pesar de que la policía de control capturó a Alexei uno de los líderes de los Voina, no se presentaron cargos, puesto que no se consideró que hubo vandalismo ya que el puente siguió funcionando.

La Caída del Palacio (el proceso judicial como Arte)

A fines de septiembre 2010 el Grupo Voina realiza su última acción, “La Caída del Palacio” en la que dieron vuelta 7 auto-patrullas de la policía de San Petersburgo, frente al Palacio Mikhailovsky -actualmente sede del Museo de Rusia. “Ese palacio imperial representa todo lo que el ciudadano ruso no puede y no quiere ser” comentó Alexei miembro del colectivo al Moscú Times, mientras que Leonid Nikolayev elaboró sobre políticos con pretensiones burguesas protegidos con un ejercito de policías –y dice- “son todos corruptos, cada policía debería ser juzgado, va a llegar ese juicio final”.

El 15 de noviembre 2010, militares de élite del cuerpo antiterrorista tomaron los predios donde se alojaban los miembros del Grupo Voina. Toda la gente de un edificio de varios pisos fue esposada, maltratada y llevada a un centro de detención hasta que identificaron los miembros de Voina. Arrestaron a dos integrantes del grupo, Oleg Vorotnikov y Leonid Nikolayev.

Kozlenok, una joven miembro del grupo no pudo ser arrestada por estar a cargo de su hijo de un año de edad, actualmente la policía realiza trámites para que el estado tome la custodia del niño y proceder a su arresto. Alexei Plucer-Sarno uno de los líderes del Grupo se dio a la fuga sin documentos, ni dinero, ni ropa, ni nada; con unos contactos consiguió atravesar unos bosques y refugiarse en Estonia. El Ministerio del Interior continúa el reclamo de extradición. La policía judicial allanó los apartamentos de estos miembros de Voina para confiscar papeles, material digital y computadoras, sin dejar de destruir todo a su paso. Los Voinas que fueron apresados declararon haber sido golpeados y torturados.

Estas alegaciones llamó la atención de organismos de derechos humanos que están investigando, y presentarán cargos por estos abusos. La firma de abogados Iosif Gabuniya que se especializa en derechos humanos tomó la riendas del caso.

En una reciente entrevista con la Radio Svoboda, Gabuniya declara que las fotos y videos que se difundieron del proyecto “La Caída del Palacio” no serán suficientes para acusar a los miembros de Voina detenidos, ya que no se puede identificar quienes fueron los que cometieron el crimen.

Por otro lado, la justicia en su momento no supo cómo, o a que leyes recurrir para criminalizar la acción de estos artistas. Al cabo de una semana encontraron una ley raramente utilizada, que es para actos de violencia en las calles cometidos por las hinchadas de fútbol. Así es que presentaron cargos por: “hooliganismo motivado por antagonismo contra un “grupo social” (definiendo a la Policía como un “grupo social”, tal como una “minoría” que necesita protección de la ley). En todo caso, fundados o no, estos son cargos que pueden acarrear hasta 14 años de prisión.

El abogado defensor Gabuniya declaró en su entrevista con la Radio Svoboda: “tengo la impresión de que la policía ahora pretende justificarse exagerando completamente las acciones del Grupo Voina”.

Ciertamente fue una acción puramente simbólica, si hubo algún crimen sería en el “daño a la propiedad” -a los vehículos patrullas. Pero en el primer reporte de la policía figura (exageradamente) en 500 Rublos, y actualmente en los papeles de la corte los daños se reestimaron en 3.000 rublos −6 veces más (En todo caso, es insignificante, equivale a 102 U$ dólares).

En septiembre, una semana después de la acción de los Voinas, Uliya Tomashevskaya, secretario de prensa de la ciudad de San Petersburgo declaró en una entrevista al canal de Televisión Rossiya que “los vehículos no tuvieron ningún daño significativo y están todos activos haciendo patrullaje”.

Kozlenok, la integrante de Voina que aun no fue arrestada por estar a cargo de un niño, comentó a la prensa sobre el “Crimen”: “la acción de Voina fue simplemente una demanda muy dura, pero para reclamar una reforma inmediata del Ministerio del Interior y Justicia, algo, que al fin y al cabo, el mismo Gobierno ya hizo varios llamados para que se realice”.

Los miembros de Voina (incluso los que están en prisión), constantemente responden a preguntas y dan entrevistas a miembros de la prensa. Hay un gran interés por parte de la ciudadanía rusa por este caso. En fin, el proceso judicial en sí mismo, se ha convertido en una acción crítica, por parte de este colectivo de artistas.

Ahora los Voinas han crecido, son más de 200 esparcidos estratégicamente a través del país. Incluso han surgido acciones en ciudades del oriente ruso de individuos desconocidos que declaran ser Voinas.

Marchas y protestas han surgido en Moscú, San Petersburgo y otras ciudades reclamando la liberación de los miembros de Voina.

Arriba el curador Andrei Yerofeyev (que Voina defendió en la corte) hablando en una manifestación en Moscú frente al Ministerio del Interior

Traducción de la pancarta: “EN LA DECLARADA GUERRA A LA LIBERTAD DECLARAMOS LIBERTAD PARA GUERRA” (Guerra es Voina en ruso)

Arriba: “Tío Steppa, yo apoyo a Voina” (En ruso “Tío Steppa” se refiere despectivamente al “Policía bueno”
Abajo: “los ofendo, los pongo en llamas y los levanto”

La solidaridad y simpatía, por la obra y la causa del Grupo Voina también ha crecido a nivel internacional, en parte por la difusión en la Web promovida por sus miembros que intentan informar y recaudar fondos para los gastos judiciales; y en parte por la difusión que le ha dado la prensa establecida, adictas a generar controversia de las espectaculares acciones de Voina.

Leonid Nikolayev                                        Oleg Vorotnikov

Hace dos semanas, el 16 de enero pasado la corte se dio cita. Los miembros de Voina detenidos se declararon “no culpable”, la fianza fue fijada en el elevado monto de 66.000 u$ dólares. Convenientemente el colectivo ya lo tenia previsto y cubrieron este monto, donde más de la mitad había sido donado por el conocido graffitero que va con el seudónimo Banksy. Sin embargo la corte de San Petersburgo rechazó el dinero con el argumento de que no pudo verificar la identidad de uno de los mayores contribuyentes (de Banksy –el anónimo). Como resultado el juez extendió el periodo de prisión para los artistas hasta la próxima audición de la corte, el 24 de febrero. O tal vez por tiempo indefinido, ya que no se fijó ninguna fecha para el inicio del juicio.

Fascinante video de la audición en la corte (lamentablemente en ruso con subtítulos en inglés). Voina introduce a uno de los más reconocidos sociólogos de Rusia, catedrático en la Universidad de Moscú, que declara ante el juez sobre el derecho ciudadano a disentir y a comunicar a través del arte, elabora sobre prácticas artísticas del pasado (que fueron censuradas y hoy aceptadas) y luego se expande sobre el arte actual.

El 7 de enero pasado, el conocido colectivo de artistas DSPA realizó una intervención-urbana-permanente en los muros de la cárcel de San Petersburgo donde están presos los miembros de Voina. Colocaron una placa de mármol en memoria de la gloriosa postura de los miembros de este colectivo.

DSPA es parte de este circuito del arte de vanguardia ruso, y se caracteriza por sus acciones con proclamas proféticas como “La Revolución es Mañana a la mañana” colocando carteles y letreros en espacios públicos. En esta ocasión, en la placa de mármol se lee:

Confinados en esta prisión, en el invierno del 2010, perecen

Oleg VOROTNIKOV

y Leonid NIKOLAEV

fundadores de un movimiento artístico político, manifestado con en el

Grupo de artistas VOINA

que liberó el fuego de la libertad en el corazón de la gente

y enseñó modelos en cómo exponer la verdad

sus agradecidos conciudadanos

año 2010

Artistas ganan la alcaldía de Reykjavik 2010

Fuente original: Esfera Pública

Transparencia sostenible: Jugar para ganar

Política, arte, situacionismo y eso de coger el toro por los cuernos

La retórica política sirve para separar el espacio de la política de la realidad. Algo así como un sistema de defensa. El arte es un lugar desde el que analizar críticamente, desde el que ofrecer posibilidades y cuestionar lo que se da. En el ayuntamiento de la capital de Islandia, un grupo de artistas, músicos y otra gente de la cultura han ganado las elecciones.

Pocos lugares representan la crisis actual de un modo tan exacto como Islandia y su capital Reykjavik. Con total impunidad, los bancos forzaron el sistema económico permitiendo que los chicos de 18 años tuvieran un par de cochazos cada uno, que en las tiendas se informara con grandes carteles que había llegado el dia del mes cuando ya se podía comprar a crédito y que una ciudad de dimensiones reducidas como la capital de Islandia tuviera en su calle principal las mismas tiendas de lujo que llenan las avenidas más importantes de las grandes urbes.

El sistema explotó y los bancos –privados- necesitaron del estado para cubrir su “equivocada” actuación. El paro aumentó exponencialmente, los ahorros desaparecieron y la corona islandesa pasó a tener menos valor que el dinero del Monopoly. Los políticos reaccionaron en el estilo de la política actual: sin reacción, intentando que no se notara demasiado y que, lo más importante, no les afectara a ellos. La desconfianza en la política era evidente en la actuación de los propios políticos, que permitieron primero hinchar la burbuja para que después la sociedad pagara los platos rotos. La desconfianza por parte de la población hacia los políticos estalló; que no hacia la política, una de las únicas salidas frente al dominio de los poderes económicos globales.

Y resulta que la sociedad civil se hartó. La sociedad civil no es eso que los políticos, los empresarios y la prensa española presenta como “sociedad civil”. No se trata de los miembros del club de polo, de la ópera o cualquier club privado de estos donde las mujeres no tienen permitido el acceso. Sociedad civil significa capacidad de acción y definición, de opinión por parte de personas, organizaciones, plataformas o las variopintas formas que pueda tomar la opinión pública (silenciada desde hace mucho tiempo). Los artistas y agentes culturales son sociedad civil; lo que “otorga” derechos y obligaciones.

Frente a la falta de credibilidad evidente en los políticos, un grupo de artistas, músicos (como uno de los miembros de Sugarcubes) y otros agentes culturales decidieron fundar el “Best Party” para presentarse a las elecciones municipales en Reykjavik. El programa trazaba lazos desde el dadaísmo hasta la internacional situacionista, marcando puntos y promesas como comprar un nuevo oso polar para el zoo, toallas gratis en las piscinas públicas y lograr que en el 2020 no hubiera señal de drogas en el parlamento islandés. Mofándose del vacío en el típico discurso político también prometían que la ciudad volvería a ser cool y llenaban los discursos con algo rimbombante llamado “transparencia sostenible”. El candidato, artista y reconocido cómico, largaba hábilmente frente la oratoria aburrida y vacía de los políticos “normales”. Indicaba que lo suyo era serio y que Islandia resucitaría como el pájaro llamado Felix (entre otras perlas). Lo que no les parecía “serio” a los miembros del Best Party era que los otros partidos hubieran permitido que Islandia estuviera fuera de control y en una crisis económica galopante. Lo de los políticos “de verdad” sí que era cómico. También hablaban de una revolución cultural, de cambiar la sociedad desde la base y de los evidentes contactos con las ideas del anarquismo, y lo hacían sin ese miedo típico que conlleva el desprecio hacia los electores y lleva a los políticos “profesionales” a soltar frases vacías para evitar vete a saber qué discrepancias.

Han ganado las elecciones, son la fuerza mayoritaria en el ayuntamiento y tienen ahora la ciudad para desarrollar todo tipo de proyectos. En vez de pensar que no, que no había nada que hacer y que total, quién hace caso de la cultura, decidieron actuar, dar un paso adelante y decir que ya está bien, que la política había sido secuestrada por los políticos y que estos mismos políticos no tenían ninguna intención de trabajar para la sociedad.

La actuación cultural política se ha trasladado en el ámbito de la política. En los museos se habla de política pero se hace política en los hemiciclos. En los centros de arte se ofrecen posibilidades pero es en los despachos de los ayuntamientos y gobiernos varios donde se materializan (sin fijarse en demasía en las propuestas del mundo del arte, toca ir a exposiciones y no es la primera prioridad para muchos). La acción directa no consiste únicamente en diseñar ropa para las manifestaciones, también es meterse de lleno en el corazón de la jungla para ganar. ¿Y a quién se gana? En España (en plural) una nueva generación de políticos ha tomado el espacio político. Una generación ávida de poder y con un vacío vital bastante alarmante. Han crecido en un mar de triquiñuelas y se han creído el todo vale. La nueva generación, con la ayuda de la anterior, ha convertido la política en un mundo de élites (ríete del arte) donde parece imposible actuar si no se degolla a cualquier “rival” (y por rival entiéndase colega de partido o persona con mínimas ideas que pueda hacer algo de sombra en el recorrido político que lleva hacia un supuesto poder). También han logrado separar definitivamente la política de la realidad, llegando a brillantes análisis después de cualquier elección que serían carne de suspenso en educación primaria. A esos se les gana fácil.

En el caso de Islandia, los estudiosos políticos creen adivinar que, a lo mejor, la victoria del Best Party responde a que la población se ha hartado del escaso nivel de los políticos y de que se tratara de un coto privado que, además, les ha desmontado buena parte de sus vidas. No están muy seguros, los estudiosos políticos, del “mensaje que ha mandado la población”. Paralelamente, en Catalunya pocos políticos quieren oír hablar de adelantar elecciones en el gobierno de España, ya que los votantes –imbéciles- podrían confundirse al tener que votar para la Generalitat y el Gobierno central al mismo momento y esto afectaría el voto. Tiempo al tiempo, sigamos con esta mentalidad insultante por parte del estamento político, que creatividad y voluntad de acción en el contexto artístico no falta, ¿verdad?

Podríamos decir que Islandia es un país pequeño y su capital lo mismo y que, por lo tanto, allí se pueden hacer estas cosas que en los países grandes no se pueden hacer. El 68 no pasó precisamente en Islandia.

Workspace 9 to 5 nos cuentan sus proyectos [Viernes 4 marzo / 20h]

VIERNES 4 marzo a las 20h

Este colectivo de Hamburgo lleva casi diez años plantándole cara a la precariedad en todos sus frentes: en el trabajo, en el consumo, en la vida en general. Nos mostrarán las tácticas creativas empleadas en cada uno de los proyectos de los que han formado parte. Conoceremos sus inicios dentro de Umsonst, una red activista por la gratuidad y el disfrute colectivo, su aportación a las movilizaciones internacionales del Euromayday, y su proyecto presente: Lux, una especie de consorcio que actúa exigiendo alquileres baratos para todo el mundo.

Workspace 9 to 5 tienen un grito de guerra: ¡para todos, todo! Y Enmedio lo comparte y lo apoya. Si tú también, ya sabes, acércate este viernes a las 20h por nuestro local. Ponte Enmedio.

Recopilación de materiales para la charla

Lux & Konsorten

Estamos cansados de mirar, hoy queremos vivir la imagen. (Entrevista a Leónidas Martín)

Fuente original: Público (descargar PDF)
Publicación Digital original: Fuera de Lugar
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Hablas de que las imágenes políticas se encuentran en un atolladero, ¿podrías explicarlo?

El atolladero al que me refiero es el toma y daca constante de apropiaciones y reapropiaciones entre el mercado y la creatividad social. El mercado lanza una imagen, la gente se reapropia de ella y le da otro sentido; un movimiento social produce un símbolo, el mercado lo captura después para vender un producto, etc. Ninguna imagen tiene un significado absoluto y acabado en sí mismo, la construcción de sentido es un juego y una lucha infinita donde no hay una frontera clara entre productores y receptores.

Todo lo que antes vivíamos directamente se ha convertido en espectáculo, decían los situacionistas.

Desde la Internacional Situacionista hasta la Escuela de Frankfurt, en la historia reciente del pensamiento crítico ha predominado la lectura más pesimista del fenómeno. Bajo este punto de vista, el capitalismo es como un vampiro que nos ha chupado toda la sangre y se ha apoderado de nuestra vida entera. Toda acción humana ha sido convertida en producto y se ha puesto a circular en la cinta transportadora del mercado. Eso nos ha reducido a meros espectadores pasivos con una sola posibilidad de acción: el consumo. Pero yo no comparto esa visión, demasiado derrotista y unilateral. También la gente roba y usa las imágenes que el mercado ha robado previamente a la gente.

¿Podrías darnos ejemplos concretos?

Un movimiento reciente en España se llamaba V de Vivienda en referencia al cómic y la película V de Vendetta, la red internacional Anonymous usa la máscara popularizada por la misma película a modo de símbolo, grupos palestinos acometen acciones de desobediencia civil enfundados en disfraces de Na’vi, los personajes de Avatar, algunos hackers defienden la libertad en la Red imaginándose en Matrix, etc. Si los realistas franceses del siglo XIX proponían “pintar lo que se ve”, estas experiencias a caballo entre la imagen y el activismo proponen “hacer lo que se ve”. Estamos cansados de mirar, hoy queremos vivir la imagen.

Este domingo Anonymous convoca protestas físicas y virtuales en los premios Goya.

El fenómeno Anonymous es fascinante. Cuando Anonymous tumbó las webs del Ministerio de Cultura y de la SGAE, Matías Prats comentó: “hasta ahora, algo así tan sólo lo habíamos visto en películas de ciencia ficción”. De alguna manera tenía razón. Por supuesto que las sentadas virtuales, o sea, que un grupo de personas se organice para visitar un mismo sitio web a la vez con la intención de provocar su colapso, no es nada nuevo, eso lleva practicándose casi desde los orígenes de Internet; sin embargo, que una red social sin nombre y sin rostro, o mejor dicho, con un falso rostro, se apropie del imaginario de un cómic y una película (V de Vendetta) y obligue a éste a actuar bajo sus mandatos, eso no se había visto tanto. Es casi como un ejercicio de posesión: entrar en otro cuerpo y operar bajo su apariencia. Bajo su imagen, en este caso. Por si esto fuera poco, el fenómeno está creciendo exponencialmente y cada vez son más los que están participando en sus acciones. Ejemplo de ello es lo que dices: la próxima convocatoria de Anonymous ya no se limita a la Red, se llevará a cabo este domingo frente a la gala de los Goya. ¿No es increíble? Cuerpos reales sin nombre alguno que, parapetados bajo una ficción, hacen un llamamiento contra la gala de los que dicen ser los autores de esas mismas ficciones, las que empiezan a rebelarse contra ellos. Autores de ficciones contra ficciones sin nombre.

¿Se trata de un uso crítico del cliché?

No, todo lo contrario. Lo que hace un estereotipo es presentarnos las cosas como algo ya visto y ya vivido. Nos distancian de todo, nos impiden conectar con el sentido auténtico de las cosas. Un cliché evita que el mundo nos afecte. Cancelan por tanto la posibilidad de acción, porque cuando todo se vuelve déjà vu resulta imposible identificarnos con nada de lo que hacemos o miramos. Los estereotipos nos vuelven cínicos: gente que ya lo sabe todo, que ya lo ha visto todo y que no se cree nada. Por el contrario, y contra todo pronóstico, estos movimientos realizan la operación inversa: abren posibilidades de subversión identificándose completamente y sin distancia crítica con algunas de las imágenes-cliché que nos ofrece el mercado.

¿Pero cómo es posible usar un cliché contra el poder de los clichés?

Cuando hablamos de vivir la imagen, más que en el artista o productor de imágenes tenemos que fijarnos necesariamente en el espectador. El espectador es alguien más libre de lo que suelen pensar las corrientes críticas. Una imagen nunca puede representarlo todo, es el espectador el que añade o complementa aquello que “falta” en una imagen. Proyectamos sobre una película o una imagen más datos que los que la propia imagen contiene. Lo hacemos a partir de nuestros saberes, de nuestra experiencia y de las imágenes previas que tenemos en la cabeza. Como explica Jacques Rancière, ver, mirar, es un acto de comparar: comparas lo que ves con lo que ya has visto y de ahí sale una interpretación, siempre “desmesurada” o “abusiva”. Y yo añado que en estas interpretaciones desmesuradas, existe un potencial para la acción política.

¿Qué aporta concretamente ese potencial?

Por ejemplo, el recurso a referencias tan populares como Avatar o V de Vendetta hace a los movimientos sociales mucho más abiertos e incluyentes. Al menos en dos sentidos. Por un lado, esa identificación ligera, cómica y desdramatizada con las imágenes-cliché logra descargar de seriedad la acción, incluyendo así a los que aprecian la dimensión placentera de una movilización y huyen de la política como sacrificio de la vida entera por una causa. Por otro lado, la identificación colectiva con un icono cultural abre espacios no codificados en términos ideológicos (izquierda y derecha). Este potencial crea, en definitiva, lo que algunos venimos llamando movimientos “post-políticos”, espacios de anonimato sin contornos identitarios o ideológicos claros, que se cuidan mucho de evitar las etiquetas mediáticas o políticas que definen, dividen, estigmatizan o criminalizan.

¿Estamos ante una nueva estrategia comunicativa o política?

No lo pienso así. A diferencia del arte político, estos movimientos usan el imaginario existente sin ninguna premeditación. Lo hacen muy espontáneamente, sin conciencia, táctica o dirección. Es como ese viejo chiste en el que van dos amigos andando por la calle y leen el letrero de una tienda que dice: “Aceros inoxidables”. Entonces se miran el uno al otro y se dicen: “¿nos hacemos?” Pues algo así sucede con estas experiencias: una interpretación desmesurada origina una identificación colectiva que abre un espacio posible para la acción política. En este sentido, no se trataría tanto de resolver aquello que se preguntaba Lenin: “¿qué hacer?”, sino, ante una mirada compartida, de preguntarnos como en el chiste: “¿nos hacemos?”

¿Quieres actuar contra la Ley Sinde y no sabes cómo? [Viernes 4 febrero / 20h]

VIERNES 4 de febrero / 20h
Después de la intensa charla que mantuvimos con Amador Fdez-Savater, el chico que escribió La cena del miedo, este viernes en Enmedio nos enteraremos de todo lo que se está cociendo contra la Ley Sinde.
Acciones legales, campañas de protesta, sentadas virtuales y… ¡la operación Goya! Una convocatoria masiva organizada por Anonymous para recibir esta ley como se merece.

Si quieres pasar a la acción contra la Ley Sinde, no lo dudes, ven este viernes, ponte Enmedio.

Recopilación de materiales de la charla

A continuación, y tal como os prometimos, ponemos a vuestra disposición algunos de los materiales que se debatieron durante este viernes Enmedio.

En primer lugar, algunos vídeos interesantes para ir entrando en materia:

¿Ya tienes ganas de actuar contra la Ley Sinde? Pues allá van algunas ideas:

– Firmas contra la Ley Sinde

– Otras campañas contra la Ley

– Y, en caso de que nada de esto funcione (ya sabemos lo poco que nos escuchan nuestros dirigentes), algunos trucos para seguir viviendo con Sinde:

Por último, Anonymous también se han/os habeis/nos hemos unido para protestar contra la ley. Si todavía no eres anónimo, toma nota:

Y para terminar, la mejor banda sonora para tu día a día como pirata. ¡Gracias Nino!

Somos Anonymous (Artículo y entrevista publicado en El País)

Este es su lema: “Somos una legión, no perdonamos, no olvidamos, espéranos. Anonymous”. Así es como cierra sus anuncios y comunicados este movimiento sin líderes y sin portavoces, con voz, pero sin cara. O más bien con máscara: la máscara del anarquista revolucionario de V de Vendetta, la novela gráfica de Alan Moore, la que inspiró la película protagonizada por Natalie Portman y Hugo Weaving en 2006. La máscara se ha convertido en símbolo de un movimiento ciberactivista que no se anda con chiquitas. La semana pasada colapsaron las webs oficiales de Túnez , tras la inmolación de un joven de 26 años. El lunes pasado la tomaron con la web del partido irlandés Fine Gael. Atacaron a la SGAE y a los partidos políticos españoles al hilo de la ley antidescargas. Y hace un mes le metieron mano a Visa, Mastercard, PayPal y Amazon, las empresas que dieron la espalda a Wikileaks.

Anonymous está en su momento. Su gente está motivada. La persecución a Wikileaks era el acicate que necesitaban. No van a parar.

Woolwich, a 45 minutos del centro de Londres, exteriores de la Real Corte de Justicia. Acaba de comparecer Julian Assange, fundador de Wikileaks; es martes 11 de enero y una treintena de activistas se manifiestan en apoyo de su gran inspirador, de su nuevo héroe. Entre ellos, Magnonymous, joven de 22 años que oculta su cara tras la máscara de V de Vendetta. “Nos opondremos a cualquier violación de derechos humanos. Nos opondremos a cualquier ataque del Gobierno. Si esto sigue así, la revolución será la única opción”.

Magnonymous es uno más, no es portavoz de nadie, y menos de un movimiento que no quiere portavoces, como se apresuran a decir todos los miembros de Anonymous apenas empiezan a hablar con un periodista. Le pidió el día libre a su jefe para venir a manifestarse a este lejano juzgado, la corte a la que traen casos en que es preciso mantener a la prensa y al público a raya, el lugar donde fueron juzgados los terroristas de los atentados de Londres de 2005. “No somos miembros de ningún grupo político, no somos políticos, somos activistas. Me ofendería si me adscribieran a cualquier corriente política”.

Entender el universo Anonymous no es cosa fácil, el fenómeno es el perfecto reflejo del nuevo mundo en el que vivimos, de la nueva sociedad que está naciendo a raíz de la revolución digital. Todo apunta a que sus miembros consideran más que superada la vieja dialéctica izquierda-derecha. Total, qué más da que gobiernen el centro-izquierda o el centro-derecha, todos van a hacer lo mismo, todos están al servicio de los grandes bancos y las grandes empresas, todos van a seguir intentando controlar el chiringuito.

Pues bien, aquí hay una legión de jóvenes que no quieren que se oculte que las cañerías del chiringuito no desaguan bien; no quieren que se oculte que hay varios en el chiringuito que meten la mano en la caja; no quieren que se oculte que a un disidente de la gestión del chiringuito le quisieron tapar la boca. No quieren que se oculte nada. La nueva dialéctica: estar a favor del ocultamiento o de la transparencia. Una de dos.

Este movimiento global, transnacional, transversal, también es difícil de entender porque se gestó en la Red, con las inercias propias de Internet. Es producto del momento, de la interacción, de la necesidad de movilizarse en un mundo cínico, corrupto e injusto. Se ha tejido de forma orgánica, conversación sobre conversación, idea sobre idea, propuesta sobre propuesta. Cualquiera puede formar parte de Anonymous, cualquiera puede entrar cuando quiera y sumarse a la conversación en webs como whyweprotest.net. Entrará en un mundo en el que la gente se va poniendo progresivamente de acuerdo sobre una idea hasta que una suerte de consenso espontáneo indica cuál es el siguiente objetivo, contra quién hay que lanzar el próximo ataque. Algún diario, como The Guardian, ha sostenido que están más coordinados de lo que ellos mismo creen.

No todos los miembros de Anonymous son hackers, no. Los hackers son una gran minoría del colectivo. La mayoría son ciberactivistas que participan en la conversación online y, ocasionalmente, en la protesta en la calle. En torno a unos 1.000 integrantes, según la experta Gabriella Coleman, son los que ponen sus ordenadores al servicio de los ataques contra webs, los que se descargan el dispositivo que permite que su ordenador, cautivo, pueda ser parte de los llamados DDoS, ataques distribuidos de denegación de servicio.

Los DDoS son el arma que los ciberactivistas tienen más a mano. Permiten realizar operaciones que consiguen un considerable eco mediático y que afectan a la imagen de la marca contra la que se dirigen. Consisten en mandar simultáneamente, orquestadamente, miles de peticiones a un servidor para que se colapse. Así ocurrió el pasado 8 de diciembre.

Mastercard decidió cortar en esa fecha el grifo a Wikileaks. Cualquiera que quisiera hacer una donación a la plataforma de Assange no podría hacerlo a través de una tarjeta de esta compañía. La decisión desencadenó el ataque. “Registramos lo que llamamos un super heavy traffic “, declara en conversación telefónica Cristina Feliú, portavoz de Mastercard para España y Portugal. “Eso significa que quien entró en nuestra página notó que funcionaba con mayor lentitud”. Pero no se produjo, según dice, ningún problema en las operaciones de sus clientes con tarjetas, ni ningún tipo de fraude. “Al día siguiente ya habíamos recuperado el ritmo”. Desde Visa declinan hacer comentario alguno y se remiten a los comunicados que afirmaban que los ataques no afectaron a sus operaciones.

Evidentemente, en ese gran colectivo cuya cifra de miembros y simpatizantes es difícil de estimar (los miembros consultados hablan de decenas de miles) hay hackers. Y, de hecho, el FBI está tras sus pasos. Un joven holandés de 16 años fue arrestado poco después de los ataques en su casa, en La Haya. Admitió que había participado en ellos y fue puesto a disposición judicial. “Admitir que participaste no es muy inteligente”, explica Philter, estudiante de 19 años y miembro de Anonymous. “El chico tenía 16 años y se asustó, era bastante inexperto, no tomó las suficientes precauciones”.

Hablar con la gente de Anonymous no es fácil. Desconfían de los periodistas, de que sus comunicaciones estén intervenidas. No ven con muy buenos ojos a los medios de comunicación tradicionales: desde su punto de vista, ayudan a que se mantenga el statu quo. El hecho de que un diario como EL PAÍS o The Guardian hayan participado en la difusión de los cables de Wikileaks ha supuesto, explica Hamster, informático londinense de 26 años, un plus de credibilidad para medios hasta ahora poco apreciados.

La semana pasada nos pusimos en contacto con miembros de Anonymous en España. Aclarando, como siempre, que no respondían en calidad de portavoces de nadie, ya que el movimiento no tiene portavoces, declinaron realizar una entrevista telefónica o en persona. Cualquiera que intente destacar un poco entre los anonymous es automáticamente rechazado por el resto de la comunidad. Así ocurrió en Londres en diciembre con Coldblood, un anonymous que dio la cara ante los medios en los días del proceso a Assange. “Coldblood ha sido condenado al ostracismo”, confirma Hamster, miembro de Anonymous desde 2008.

No obstante, los miembros de Anonymous Spain, que desde hace varias semanas envían comunicados a ciertos medios de comunicación actualizando la información en torno a las distintas operaciones de ataque, ofrecieron la posibilidad de que les enviáramos un cuestionario, al que responderían de modo consensuado.

Respondieron tres administradores del canal #hispano, encuadrados en edades entre los 17 y 32 años, según dijeron. Sus respuestas, desde luego, encajan perfectamente con el discurso que mantienen los miembros de este movimiento de conciencia online consultados hasta la fecha y con el tono de las webs en que participan. Resulta interesante reproducir aquí las respuestas de esta célula de Anonymous a las preguntas que les enviamos para aclarar ciertas dudas. No son portavoces de nada. Pero sus palabras sirven para reflejar el sentir de esa comunidad.

Pregunta. ¿Se puede dar alguna cifra de cuánta gente en España pertenece a Anonymous? ¿Y cuánta a nivel internacional?

Respuesta. Sería imposible dar cifras, y esa es la gracia de Anonymous. Para empezar, hay que recordar que es una organización que no existe y que por definición es una (des)organización. Anonymous no es nadie y puede ser cualquiera. Salvando las distancias, es como una organización insurgente basada en células, compartimos una marca, Anonymous, pero somos gente independiente, que responde a una ideología común y que participa de cada acción particular de acuerdo con si coincide o no con sus convicciones.

Teniendo lo anterior en cuenta, y específicamente en España, si tuviera que dar una cifra, creo que estaríamos hablando de entre 1.000 y 2.000 personas, que van en diversos niveles de compromiso, desde una mayoría que serían los que apoyan nuestras iniciativas en Twitter, Facebook, etcétera, hasta los más comprometidos, que serían algo más de un centenar, los que participan saliendo a la calle con acciones reales como, por ejemplo, la Operación Paperstorm

[distribución de folletos, flyers, pintadas] o las concentraciones de la Operación Demostración [concentraciones en España a favor de Wikileaks y contra la ley Sinde]

. A nivel internacional, extrapolando, hablaríamos posiblemente de decenas de miles.

P. De ellos, ¿cuántos participan en los ataques DDoS?

R. Aquí sí podemos dar cifras más exactas. En los ataques del 20 de diciembre contra la ley Sinde contábamos con casi 500 usuarios conectados en la Colmena, que es el sistema de comando y control de la herramienta de DDoS LOIC que permite que todos los anonymous ataquen a un mismo tiempo a un mismo objetivo. Este número, no obstante, podría ser más alto, pues habría que añadir la gente que atacaba manualmente o desde Linux.

P. ¿Alguna iniciativa en las acciones de Anonymous tuvo su origen en conversaciones de Anonymous España?

R. Realmente no se puede diferenciar entre Anonymous de tal o cual país. Cuando se plantea una operación, si esta es secundada, recibe apoyos de todo el planeta; hubo apoyos a nuestra lucha contra la ley Sinde en diciembre y aún esperamos más en el futuro. Prueba de ello es esta convocatoria redactada en más de 15 idiomas, en la que han participado anonymous de todo el mundo, en la que se hace un llamamiento a todos los anonymous a apoyar las protestas virtuales contra la ley Sinde.

P. ¿En qué foros o webs os movéis?

R. Nuestro principal punto de unión no es una web o un foro, sino una red de chat conocida como IRC, nosotros lo llamamos el IRC Anonops. Aquí nos reunimos en diversos canales de discusión como #operationpayback o #hispano, este último, el que aglutina a los anonymous españoles; desde ahí se pone en común y se plantean estrategias. Las que son secundadas luego se van distribuyendo a la red por blogs y webs anonymous, hasta llegar a los Twitter y Facebook de anonymous individuales. Es una estructura perfectamente organizada en la que, sin embargo, no existen líderes ni ninguna fuente inicial.

P. ¿Qué diríais a la gente que dice que sois hackers?

R. La mayor parte de los anonymous no son hackers en el sentido clásico de la palabra, son usuarios de Internet como cualquiera, solo que con una motivación para el activismo digital. Lo que sí es cierto es que contamos con hackers entre nuestras filas, por ejemplo, la gente que administra los servidores de IRC y el resto de las redes de comunicaciones encriptadas, o los que programan LOIC [Low Orbit Ion Cannon, aplicación para realizar pruebas de resistencia a una red informática] y las herramientas de ataques. He aquí la grandeza de Anonymous, solo hace falta un genio informático para programar la herramienta, y cuando esta herramienta pasa a ser usada por miles de personas anónimas, aunque no sean expertos a efectos prácticos, es como contar con un ciberejército de miles de hackers que pueden inutilizar cualquier red o sistema informático si se lo proponen.

P. ¿Cuáles son los principios básicos de vuestro ideario?

R. Son pocos y terriblemente simples, lo que permite unificar a la mayor cantidad de gente posible. Anonimato absoluto, que supone, entre otras cosas, la ausencia total de líderes y cabezas visibles en nuestro movimiento; la lucha contra la corrupción en los Gobiernos o en cualquier estructura de poder. La defensa incondicional de la libertad en Internet.

P. ¿Existe peligro de que alguien intente manipular vuestras operaciones desde dentro?

R. Sería imposible, cada anonymous actúa de forma individual, él mismo decide si forma o no parte de una operación de forma totalmente independiente del resto. Si piensas en organizaciones reivindicativas del siglo XX, siempre han corrido el riesgo de que un topo se infiltrara y con el tiempo llegara a formar parte de la cúpula para desbaratar la organización desde dentro; eso sería imposible con anonymous, pues no existen líderes, ni se sigue una jerarquía formal. No obstante, sí sabemos que existen agresiones externas contra Anonymous, como la investigación del FBI abierta a raíz de los ataques DDoS a Mastercard y PayPal, o sofisticados ataques informáticos que hemos sufrido y sospechamos provienen de servicios de inteligencia occidentales; afortunadamente, en estos casos la naturaleza descentralizada de Anonymous también hace imposible cualquier injerencia externa.

P. ¿Cuáles son las preocupaciones actuales de Anonymous?

R. Lo importante, la verdadera preocupación, es seguir luchando por los principios de nuestro ideario, y en función de eso estamos trabajando en varias operaciones. Está en marcha la publicidad de fase 2 de la Operación Sinde, que consistirá en diversas acciones de protesta en torno al día 18 de enero, en que termina el plazo de presentación de enmiendas a dicha ley. A nivel mundial está en marcha la Operación Tunisia, en apoyo a los manifestantes en contra del régimen tunecino: se han realizado ataques DDoS contra diversos sitios oficiales y también se ha elaborado un kit de ayuda informático con programas de cifrado y comunicaciones para los disidentes tunecinos. En relación con el futuro estamos preparando la Operación Quicksilver, que, si tiene éxito, va a conmover Internet, pero los detalles, por su propia naturaleza, son secretos por el momento.

El movimiento Anonymous va camino de trascender el caso Assange y el episodio Wikileaks. La persecución del fundador de la web de las filtraciones, que recientemente puso al desnudo a la diplomacia norteamericana y destapó maniobras, tejemanejes y corrupción en las cuatro esquinas del planeta, ha sido un detonante. Wikileaks representa como pocas organizaciones los valores en los que creen los anonymous: transparencia, derechos humanos, libertad de expresión. La web destapa secretos: si algo le pone a un anonymous es destapar secretos de organizaciones poderosas y ponerlos a disposición de público. Así, Assange se ha convertido en todo un símbolo para los integrantes de esta comunidad.

Wikileaks ha negado en todo momento estar detrás de las operaciones de Anonymous. Su número dos, Kristinn Hranfsson, lo contaba hace un mes en el centro de la organización en Londres. “Ni hemos animado a que se haga, ni tenemos contacto con la gente que lo está haciendo, pero tampoco lo condenamos”, contaba, cigarrillo en boca, este periodista de investigación islandés enrolado en las filas de Assange.

Una buena parte de los anonymous se aglutina en torno a la web whyweprotest.net. Hamster se conecta con su iPad a este espacio en que los miembros de la comunidad intercambian ideas e iniciativas. Este joven informático cuenta que el canal 4chan estuvo en el origen del movimiento, pero que la acción se sitúa ahora en whyweprotest. “Cualquiera puede entrar y preservar su anonimato. Eso es lo bueno. La gente se centra en lo que dicen los demás, y no en quién lo dice”.

Hamster sorbe su café con caramelo en un céntrico café de Oxford Street. Su iPad está desplegado en la mesa, está continuamente chequeándolo, responde a las preguntas, pero su mirada se va constantemente hacia la pantalla. Muestra una foto de la habitación de su casa: un ordenador, cuatro pantallas. “Así puedes estar atento a varias cosas a la vez”, dice, y suelta una entrecortada sonrisa.

Cuenta que hay cerca de 33.000 personas registradas en whyweprotest. La gran mayoría, miembros de Anonymous o simpatizantes de la causa. “Los más agresivos son la gente de Anonops, yo soy menos agresivo”. Dentro de Anonymous hay detractores de los ataques DDoS. “Creo que esos ataques nos desacreditan”, afirma Magnonymous. “Van a utilizarlos para criminalizarnos y para generar propaganda negativa sobre nosotros”. Magnonymous lo tiene claro: “No debemos utilizar la violencia en ningún caso. Cualquier miembro que propusiera utilizar la violencia sería rechazado por el grupo”. Hay otro espacio en el que también se mueven los miembros del colectivo: whywefight.net, el blog informativo de los “soldados de la ciberguerra”.

Hamster se unió a Anonymous a principios de 2008. Cuenta que lo hizo al poco de abandonar la Iglesia de la Cienciología. “Me di cuenta de que no me ayudaban para nada. Lo único que hacen es convertirte en un idiota y manipularte”. Afirma que abandonó la cienciología internamente, pero no de hecho: cuenta que sigue yendo dos veces por semana y que intenta sacar documentación para ponerla a disposición de Anonymous. “Honestamente, a veces me da un miedo horrible. Si me descubrieran, convertirían mi vida en un infierno”.

La Iglesia de la Cienciología es uno de los grandes enemigos de Anonymous. La lucha contra esta secta fue lo primero que unió a todos estos ciberactivistas en 2008, y siguen en las mismas. Una lucha que en realidad arrancó a mediados de los noventa, pero que tomó cuerpo en 2008. A los anonymous no les gusta la seudociencia, ni, por lo general, las religiones. Sostienen que la tecnología debe servir para expandir el conocimiento, no para controlar las mentes. Como explica la profesora Gabriella Coleman, antropóloga de la Universidad de Nueva York especializada en el mundo hacker y estudiosa del fenómeno Anonymous, la Iglesia de la Cienciología es la perfecta antítesis de Anonymous, el fenómeno inverso: oscurantismo, ocultamiento, censura. Destapar los secretos de una organización secretista, de una organización religiosa con marca registrada, sostiene, se convirtió en el primer gran desafío de Anonymous. En febrero de 2008, los miembros que se reunían en la Red desde sus casas trasladaron sus protestas a la calle, a la “vida real”. Hubo manifestaciones en Londres, Ámsterdam, Berlín, Sidney. “Fue cuando más gente de Anonymous he visto en la calle”, reconoce Hamster.

PayPal. Visa. Mastercad. Amazon. PostFinance. La web de la fiscalía sueca, la del partido irlandés Fine Gael, las del régimen tunecino. No hay fronteras para Anonymous. La lucha contra la cienciología les unió. La lucha pro Wikileaks les ha reunido de nuevo. Cualquier ataque a los derechos humanos, cualquier intento de censurar, se produzca donde se produzca, será castigado por ellos con las armas que tienen a su alcance. “Si hubiera una revolución”, dice Hamster, “Internet nos proporcionaría la tecnología”.

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Operaciones recientes

6 y 7 de diciembre de 2010. Operación Payback (Venganza): Ataques DDoS contra Paypal, Mastercard, PostFinance, Amazon y Visa. Las webs de la fiscalía sueca y del abogado de las dos mujeres que presentaron cargos contra Assange también fueron atacadas.

18 de diciembre de 2010. Operación Paperstorm. Flyers y pintadas para dar a conocer a Anonymous y su lucha por la libertad de Assange.

Mediados de diciembre: Operación Leakspin, para dar a conocer el contenido de cables de la diplomacia norteamericana que pasaron desapercibidos.

20 de diciembre: Operación Sinde: Ataques DDoS contra las webs de PSOE, CiU y del Congreso de los Diputados.

2 de enero de 2011. Anonymous anuncia la Operación Tunisia y colapsa las webs del régimen tras la inmolación de un joven tunecino.

8 de enero de 2011. Operación contra la página del partido irlandés Fine Gael.

webs

www.whyweprotest.net

www.4chan.org

www.whywefight.net