arte

Superbarrio visita Enmedio

¿Qué es eso ahí arriba? ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es otro plan urbanístico? ¡Es Superbarrio! ¡Y viene a visitarnos!

En sus apariciones televisivas, este superhéroe del activismo social, siempre ha dejado claro que su misión es defender y proteger los derechos de la gente común. Lleva más de veinte años haciéndolo.
El próximo jueves 28 de abril Superbarrio se pondrá Enmedio. A eso de las 20h aterrizará en nuestro espacio vestido con su traje rojo, su capa dorada y su máscara de luchador dispuesto a contarnos su verdadera historia: cómo nació, qué causas ha defendido, contra qué villanos se ha enfrentado.

No te pierdas esta oportunidad de presenciar todo un símbolo del movimiento popular mexicano. Ven a conocer de cerca a Superbarrio, puede que un día también tu barrio se encuentre en peligro de especulación (si vives en Barcelona eso es más que probable) y necesites de sus servicios. Además, no todos los días se cruza uno con un auténtico superhéroe, ¿a que no?

Una actividad co.organizada por Enmedio y The Influencers)

La historia del Grupo Voina, colectivo de arte activista ruso ahora en prisión.

Fuente original: Corneta.org

Este colectivo articula desde la cruda realidad contemporánea: Sexo, Política, y Poder. El Grupo Voina, con una práctica artística basada en acciones urbanas, cuestiona todo. Es Arte, Punk y Anarquía. Razón por la cual, han vivido bajo el constante acoso de las autoridades, 15 acciones legales fueron presentadas en su contra en sus tres años de existencia. En su última acción “La Caída del Palacio”, como un justo cuestionamiento al abuso policial, dieron vuelta 7 vehículos patrullas. Una acción que ha puesto bajo amenaza de arresto a todo el colectivo, y dos de ellos están presos desde hace tres meses. Están enfrentando dudosos cargos, pero que pueden acarrearles hasta 14 años de prisión.

El Grupo Voina forma parte de un movimiento innovador más amplio, que se está dando en Rusia en los últimos años. Cuentan con muchos seguidores y adeptos y ahora el público en general sigue de cerca su caso con la ley, incluso en el extranjero. Es así que su proceso judicial se ha convertido en otra acción en sí misma. En la primera audición de la corte que se hizo hace dos semanas, el artista Banksy depositó el dinero para la liberación bajo fianza, pero el juez la rechazó alegando que no puede verificar la identidad del depositante (Banksy ES un artista anónimo). Ahora los dos integrantes de Voina tienen que esperar en prisión hasta el día de su juicio, si llega, dado que las autoridades no han demostrado interés, para fijar una fecha de juicio.

“La Caída del Palacio”

La historia de Voina

A principios del 2007, un grupo de estudiantes de filosofía de la Universidad de Moscú se junta alrededor de la figura del conocido poeta del absurdo Dmitri Prigov, con quien venían realizando una serie de pequeñas acciones poéticas alrededor del campo universitario. En julio de ese año tenían programado realizar una acción donde Prigov recitaría poemas encerrado en un armario, mientras que el grupo subiría 22 pisos por las escaleras. Pero inesperadamente el rector canceló la acción y prohibió la obra del poeta dentro del campo universitario. Ante esta noticia Dmitri Prigov sufrió un ataque al corazón y falleció en coma días más tarde.

El 25 de agosto 2007, el mismo día en que falleció el poeta, a medianoche, el grupo realizó su primera acción en el ámbito público para celebrar la memoria de su mentor.

Para esta acción “Fiesta” tomaron un vagon del metro y se acomodaron con mesas, comida, y mucha vodka. Compartiendo con los pasajeros, realizaron un círculo completo en la línea circular (valga la redundancia) del metro de Moscú.

En febrero del 2008 participando en una muestra colectiva con artistas de Kiev, decidieron para esta ocasión mostrar la documentación visual de la acción “Fiesta” dentro de un contenedor depositado en las aceras de Kiev. Desafortunadamente la ciudad, sin previo aviso les confiscó todo, se llevaron el contenedor.

En respuesta el colectivo decidió realizar su muestra en vivo. Y para esta ocasión intervinieron en pleno día, simultáneamente en las tres líneas de metro de Kiev, aquí el público participa íntegramente en la acción. –

Una intervención increíble, en conjunto con la gente.

Aquí hay más fotos y videos

Luego de estas primeras acciones el colectivo se consolida como el Grupo Voina (que significa Guerra). En aquel momento Alexei Plucer-Sarno declara a la prensa que  “…más allá de lo que abogaba nuestro mentor, el poeta Dmitri Prigov, nuestro colectivo intervendrá a su propia discreción en cualquier espacio que lo considere pertinente”.

Lo que sigue es una multiplicación vasta de sus acciones; a principios del 2008 en un “simbólico acto de justicia alimentaria”, se dedicaron a atrapar gatos en las calles y los infiltraban de noche en restaurantes de lujo, e incluso (gatos menos afortunados) durante el día eran infiltrados en restaurantes McDonald’s.

En el famoso restaurante de lujo, el “Oprichnik”, cuyo dueño es una conocida figura de la Televisión del Kremlin, la noche del 28 de diciembre (2008) el Grupo Voina selló la entrada con planchas soldadas a las puertas de metal. Las más importantes figuras políticas rusas quedaron atrapadas por horas en su interior. “Una celebración, en nombre de todos los artistas que fueron puestos en cautiverio a través de nuestra historia” comentó sobre esta acción Leonid, miembro de Voina.

En otra ocasión, para demostrar hasta que punto la imagen simbólica de la “autoridad” domina la idiosincracia rusa, un miembro del colectivo se vistió como sacerdote (ortodoxo) con una gorra de policía, luego entró en un supermercado de lujo, recogió todo lo que quiso y simplemente salió caminando, sin pagar. Nadie lo detuvo.

Un policía vestido de cura

Aquí hay un video

También como parte de su series “Voina en el Supermercado”, realizaron la acción “Vagina liberadora” en la cual un miembro femenino del colectivo logra rescatar un pollo escondido dentro de su vagina. La acción refiere a una cita de Leon Tolstoy de “el pollo Ryaba”.

En otro Supermercado de la cadena “Auchan” realizaron la acción “Conmemoraciones de Diciembre” (en 2008) el día de las festividades por el aniversario de la Ciudad de Moscú. Voina agrega a estas conmemoraciones temas como la explotación de trabajadores ilegales, discriminación de gays y lesbianas… pero apuntando al discurso y política de Yuri Luzhkov, el Alcalde (xenófobo) de Moscú. Incluso muestran un gran cartel al público que dice: “A nadie le importa lo de Pestel” que se refiere a un inmigrante ajusticiado por la policía de Moscú.

En esta acción los Voinas entran a un supermercado de la clase alta y ahorcan a un homosexual, una lesbiana y tres trabajadores ilegales del Asia central.

Aquí hay un enlace al video

Si bien la acción referida a la figura política del Alcalde de Moscú tuvo gran repercusión mediática, aun más difundida fue su accion en alusión a Medvedev. Dos días antes de las elecciones presidenciales (2008) realizaron una intervención (que podría traducirse como) “Lacogida del Heredero -el osito” (se refiere al oso, símbolo nacional ruso que seguido se lo asocia con la figura del presidente, -Medvedev es el heredero, el osito). Para esta acción se presentaron en el Museo de Biología de Moscú, se desnudaron y comenzaron lacogida; a hacer el amor a modo de performance. Una mujer embarazada posiblemente es la que hacia de oso.

Segunda parte: El descentrado circuito del arte ruso

Aunque parezcan actos de “controversia” este colectivo está actuando de manera bien coherente, y esto lo reconoce uno de los más importantes curadores rusos, Andrey Erofeev. A fines del 2009, Erofeev, bien al corriente de la obra del Grupo Voina, los invita a participar en la muestra sobre “Letrismo” (un movimiento pre-Dada que cuenta con muchos autores rusos). La muestra se realizó en la sede central de La Casa del Artista, donde Voina decide presentar la documentación visual de sus acciones. Obviamente, concientes de que algunas de sus obras impactan al nivel de la controversia, hubo obras que fueron disimuladas (o escondidas) hasta el día de la inauguración. Cuando la muestra abrió, Voina sacó todas sus obras -y de buena fe, para mostrar quiénes son y qué tipo de producción realizan. La muestra de Voina poco a poco fue generando cierta temperatura entre el público, hasta que alguien llamó al curador, luego el curador llamó a la policía, se sumaron los agentes de seguridad del establecimiento y a la muestra, literalmente, la bajaron.

Enlace al video

A pesar de que la muestra de “Letrismo” fue censurada (por el curador que los invitó) igual expone al Grupo Voina como parte de un circuito del arte -y en particular, con aquellos que exploran una redefinición del arte actual en Rusia. De hecho, unos meses antes, el Grupo Voina estuvo defendiendo a dos conocidos curadores, Yury Samodurov y Andrei Yerofeyev, cuya muestra fue censurada y además acusados con cargos criminales hasta tres años de prisión. El caso de estos curadores se remonta al 2006, cuando presentaron la muestra “Arte Prohibido”, e inmediatamente fueron tildados de anti-cristianos y penalizados por la ley, por incitar el odio. Cuando en realidad las obras en controversia eran unas imágenes de Marilyn Monroe vestida como terrorista chechenia, hamburguesas de McDonald’s como “el cuerpo de Cristo”, y figuras de Mickey Mouse oficiando como Jesús.

El día que estos curadores iban a ser enjuiciados Voina se presentó para apoyarlos. Realizaron una acción con el lanzamiento de una canción punk, gritando “Los policías son una mierda” -en realidad la letra es de una conocida banda punk muy a la moda en Rusia. Finalmente fueron expulsados del juzgado, no sin antes liberar 3.500 cucarachas en la sala de la corte.

Las cucarachas fueron escondidas en cajas de galletas y luego esparcidas en la corte.

No está claro si esta acción ayudó o no, pero los curadores simplemente fueron penalizados con una multa (alrededor de 10 mil dólares). Aquí hay un video de la acción.
Una de sus últimas intervenciones (antes de caer en prisión) es la obra “Pene capturado por la KGB”. Esta obra, realizada el 14 de junio 2010, cuestiona el increíble acoso a los ciudadanos, bajo el pretexto de seguridad, que imponía por esos días la KGB (policía secreta rusa) ya que tres días mas tarde se realizaba el Foro Económico Internacional. La acción sobre el Puente de San Petersburgo (un puente levadiso) les tomó solo 23 segundos, y cuando el puente se levantó se puso cara a cara con las oficinas centrales de la KGB.

A pesar de que la policía de control capturó a Alexei uno de los líderes de los Voina, no se presentaron cargos, puesto que no se consideró que hubo vandalismo ya que el puente siguió funcionando.

La Caída del Palacio (el proceso judicial como Arte)

A fines de septiembre 2010 el Grupo Voina realiza su última acción, “La Caída del Palacio” en la que dieron vuelta 7 auto-patrullas de la policía de San Petersburgo, frente al Palacio Mikhailovsky -actualmente sede del Museo de Rusia. “Ese palacio imperial representa todo lo que el ciudadano ruso no puede y no quiere ser” comentó Alexei miembro del colectivo al Moscú Times, mientras que Leonid Nikolayev elaboró sobre políticos con pretensiones burguesas protegidos con un ejercito de policías –y dice- “son todos corruptos, cada policía debería ser juzgado, va a llegar ese juicio final”.

El 15 de noviembre 2010, militares de élite del cuerpo antiterrorista tomaron los predios donde se alojaban los miembros del Grupo Voina. Toda la gente de un edificio de varios pisos fue esposada, maltratada y llevada a un centro de detención hasta que identificaron los miembros de Voina. Arrestaron a dos integrantes del grupo, Oleg Vorotnikov y Leonid Nikolayev.

Kozlenok, una joven miembro del grupo no pudo ser arrestada por estar a cargo de su hijo de un año de edad, actualmente la policía realiza trámites para que el estado tome la custodia del niño y proceder a su arresto. Alexei Plucer-Sarno uno de los líderes del Grupo se dio a la fuga sin documentos, ni dinero, ni ropa, ni nada; con unos contactos consiguió atravesar unos bosques y refugiarse en Estonia. El Ministerio del Interior continúa el reclamo de extradición. La policía judicial allanó los apartamentos de estos miembros de Voina para confiscar papeles, material digital y computadoras, sin dejar de destruir todo a su paso. Los Voinas que fueron apresados declararon haber sido golpeados y torturados.

Estas alegaciones llamó la atención de organismos de derechos humanos que están investigando, y presentarán cargos por estos abusos. La firma de abogados Iosif Gabuniya que se especializa en derechos humanos tomó la riendas del caso.

En una reciente entrevista con la Radio Svoboda, Gabuniya declara que las fotos y videos que se difundieron del proyecto “La Caída del Palacio” no serán suficientes para acusar a los miembros de Voina detenidos, ya que no se puede identificar quienes fueron los que cometieron el crimen.

Por otro lado, la justicia en su momento no supo cómo, o a que leyes recurrir para criminalizar la acción de estos artistas. Al cabo de una semana encontraron una ley raramente utilizada, que es para actos de violencia en las calles cometidos por las hinchadas de fútbol. Así es que presentaron cargos por: “hooliganismo motivado por antagonismo contra un “grupo social” (definiendo a la Policía como un “grupo social”, tal como una “minoría” que necesita protección de la ley). En todo caso, fundados o no, estos son cargos que pueden acarrear hasta 14 años de prisión.

El abogado defensor Gabuniya declaró en su entrevista con la Radio Svoboda: “tengo la impresión de que la policía ahora pretende justificarse exagerando completamente las acciones del Grupo Voina”.

Ciertamente fue una acción puramente simbólica, si hubo algún crimen sería en el “daño a la propiedad” -a los vehículos patrullas. Pero en el primer reporte de la policía figura (exageradamente) en 500 Rublos, y actualmente en los papeles de la corte los daños se reestimaron en 3.000 rublos −6 veces más (En todo caso, es insignificante, equivale a 102 U$ dólares).

En septiembre, una semana después de la acción de los Voinas, Uliya Tomashevskaya, secretario de prensa de la ciudad de San Petersburgo declaró en una entrevista al canal de Televisión Rossiya que “los vehículos no tuvieron ningún daño significativo y están todos activos haciendo patrullaje”.

Kozlenok, la integrante de Voina que aun no fue arrestada por estar a cargo de un niño, comentó a la prensa sobre el “Crimen”: “la acción de Voina fue simplemente una demanda muy dura, pero para reclamar una reforma inmediata del Ministerio del Interior y Justicia, algo, que al fin y al cabo, el mismo Gobierno ya hizo varios llamados para que se realice”.

Los miembros de Voina (incluso los que están en prisión), constantemente responden a preguntas y dan entrevistas a miembros de la prensa. Hay un gran interés por parte de la ciudadanía rusa por este caso. En fin, el proceso judicial en sí mismo, se ha convertido en una acción crítica, por parte de este colectivo de artistas.

Ahora los Voinas han crecido, son más de 200 esparcidos estratégicamente a través del país. Incluso han surgido acciones en ciudades del oriente ruso de individuos desconocidos que declaran ser Voinas.

Marchas y protestas han surgido en Moscú, San Petersburgo y otras ciudades reclamando la liberación de los miembros de Voina.

Arriba el curador Andrei Yerofeyev (que Voina defendió en la corte) hablando en una manifestación en Moscú frente al Ministerio del Interior

Traducción de la pancarta: “EN LA DECLARADA GUERRA A LA LIBERTAD DECLARAMOS LIBERTAD PARA GUERRA” (Guerra es Voina en ruso)

Arriba: “Tío Steppa, yo apoyo a Voina” (En ruso “Tío Steppa” se refiere despectivamente al “Policía bueno”
Abajo: “los ofendo, los pongo en llamas y los levanto”

La solidaridad y simpatía, por la obra y la causa del Grupo Voina también ha crecido a nivel internacional, en parte por la difusión en la Web promovida por sus miembros que intentan informar y recaudar fondos para los gastos judiciales; y en parte por la difusión que le ha dado la prensa establecida, adictas a generar controversia de las espectaculares acciones de Voina.

Leonid Nikolayev                                        Oleg Vorotnikov

Hace dos semanas, el 16 de enero pasado la corte se dio cita. Los miembros de Voina detenidos se declararon “no culpable”, la fianza fue fijada en el elevado monto de 66.000 u$ dólares. Convenientemente el colectivo ya lo tenia previsto y cubrieron este monto, donde más de la mitad había sido donado por el conocido graffitero que va con el seudónimo Banksy. Sin embargo la corte de San Petersburgo rechazó el dinero con el argumento de que no pudo verificar la identidad de uno de los mayores contribuyentes (de Banksy –el anónimo). Como resultado el juez extendió el periodo de prisión para los artistas hasta la próxima audición de la corte, el 24 de febrero. O tal vez por tiempo indefinido, ya que no se fijó ninguna fecha para el inicio del juicio.

Fascinante video de la audición en la corte (lamentablemente en ruso con subtítulos en inglés). Voina introduce a uno de los más reconocidos sociólogos de Rusia, catedrático en la Universidad de Moscú, que declara ante el juez sobre el derecho ciudadano a disentir y a comunicar a través del arte, elabora sobre prácticas artísticas del pasado (que fueron censuradas y hoy aceptadas) y luego se expande sobre el arte actual.

El 7 de enero pasado, el conocido colectivo de artistas DSPA realizó una intervención-urbana-permanente en los muros de la cárcel de San Petersburgo donde están presos los miembros de Voina. Colocaron una placa de mármol en memoria de la gloriosa postura de los miembros de este colectivo.

DSPA es parte de este circuito del arte de vanguardia ruso, y se caracteriza por sus acciones con proclamas proféticas como “La Revolución es Mañana a la mañana” colocando carteles y letreros en espacios públicos. En esta ocasión, en la placa de mármol se lee:

Confinados en esta prisión, en el invierno del 2010, perecen

Oleg VOROTNIKOV

y Leonid NIKOLAEV

fundadores de un movimiento artístico político, manifestado con en el

Grupo de artistas VOINA

que liberó el fuego de la libertad en el corazón de la gente

y enseñó modelos en cómo exponer la verdad

sus agradecidos conciudadanos

año 2010

Artistas ganan la alcaldía de Reykjavik 2010

Fuente original: Esfera Pública

Transparencia sostenible: Jugar para ganar

Política, arte, situacionismo y eso de coger el toro por los cuernos

La retórica política sirve para separar el espacio de la política de la realidad. Algo así como un sistema de defensa. El arte es un lugar desde el que analizar críticamente, desde el que ofrecer posibilidades y cuestionar lo que se da. En el ayuntamiento de la capital de Islandia, un grupo de artistas, músicos y otra gente de la cultura han ganado las elecciones.

Pocos lugares representan la crisis actual de un modo tan exacto como Islandia y su capital Reykjavik. Con total impunidad, los bancos forzaron el sistema económico permitiendo que los chicos de 18 años tuvieran un par de cochazos cada uno, que en las tiendas se informara con grandes carteles que había llegado el dia del mes cuando ya se podía comprar a crédito y que una ciudad de dimensiones reducidas como la capital de Islandia tuviera en su calle principal las mismas tiendas de lujo que llenan las avenidas más importantes de las grandes urbes.

El sistema explotó y los bancos –privados- necesitaron del estado para cubrir su “equivocada” actuación. El paro aumentó exponencialmente, los ahorros desaparecieron y la corona islandesa pasó a tener menos valor que el dinero del Monopoly. Los políticos reaccionaron en el estilo de la política actual: sin reacción, intentando que no se notara demasiado y que, lo más importante, no les afectara a ellos. La desconfianza en la política era evidente en la actuación de los propios políticos, que permitieron primero hinchar la burbuja para que después la sociedad pagara los platos rotos. La desconfianza por parte de la población hacia los políticos estalló; que no hacia la política, una de las únicas salidas frente al dominio de los poderes económicos globales.

Y resulta que la sociedad civil se hartó. La sociedad civil no es eso que los políticos, los empresarios y la prensa española presenta como “sociedad civil”. No se trata de los miembros del club de polo, de la ópera o cualquier club privado de estos donde las mujeres no tienen permitido el acceso. Sociedad civil significa capacidad de acción y definición, de opinión por parte de personas, organizaciones, plataformas o las variopintas formas que pueda tomar la opinión pública (silenciada desde hace mucho tiempo). Los artistas y agentes culturales son sociedad civil; lo que “otorga” derechos y obligaciones.

Frente a la falta de credibilidad evidente en los políticos, un grupo de artistas, músicos (como uno de los miembros de Sugarcubes) y otros agentes culturales decidieron fundar el “Best Party” para presentarse a las elecciones municipales en Reykjavik. El programa trazaba lazos desde el dadaísmo hasta la internacional situacionista, marcando puntos y promesas como comprar un nuevo oso polar para el zoo, toallas gratis en las piscinas públicas y lograr que en el 2020 no hubiera señal de drogas en el parlamento islandés. Mofándose del vacío en el típico discurso político también prometían que la ciudad volvería a ser cool y llenaban los discursos con algo rimbombante llamado “transparencia sostenible”. El candidato, artista y reconocido cómico, largaba hábilmente frente la oratoria aburrida y vacía de los políticos “normales”. Indicaba que lo suyo era serio y que Islandia resucitaría como el pájaro llamado Felix (entre otras perlas). Lo que no les parecía “serio” a los miembros del Best Party era que los otros partidos hubieran permitido que Islandia estuviera fuera de control y en una crisis económica galopante. Lo de los políticos “de verdad” sí que era cómico. También hablaban de una revolución cultural, de cambiar la sociedad desde la base y de los evidentes contactos con las ideas del anarquismo, y lo hacían sin ese miedo típico que conlleva el desprecio hacia los electores y lleva a los políticos “profesionales” a soltar frases vacías para evitar vete a saber qué discrepancias.

Han ganado las elecciones, son la fuerza mayoritaria en el ayuntamiento y tienen ahora la ciudad para desarrollar todo tipo de proyectos. En vez de pensar que no, que no había nada que hacer y que total, quién hace caso de la cultura, decidieron actuar, dar un paso adelante y decir que ya está bien, que la política había sido secuestrada por los políticos y que estos mismos políticos no tenían ninguna intención de trabajar para la sociedad.

La actuación cultural política se ha trasladado en el ámbito de la política. En los museos se habla de política pero se hace política en los hemiciclos. En los centros de arte se ofrecen posibilidades pero es en los despachos de los ayuntamientos y gobiernos varios donde se materializan (sin fijarse en demasía en las propuestas del mundo del arte, toca ir a exposiciones y no es la primera prioridad para muchos). La acción directa no consiste únicamente en diseñar ropa para las manifestaciones, también es meterse de lleno en el corazón de la jungla para ganar. ¿Y a quién se gana? En España (en plural) una nueva generación de políticos ha tomado el espacio político. Una generación ávida de poder y con un vacío vital bastante alarmante. Han crecido en un mar de triquiñuelas y se han creído el todo vale. La nueva generación, con la ayuda de la anterior, ha convertido la política en un mundo de élites (ríete del arte) donde parece imposible actuar si no se degolla a cualquier “rival” (y por rival entiéndase colega de partido o persona con mínimas ideas que pueda hacer algo de sombra en el recorrido político que lleva hacia un supuesto poder). También han logrado separar definitivamente la política de la realidad, llegando a brillantes análisis después de cualquier elección que serían carne de suspenso en educación primaria. A esos se les gana fácil.

En el caso de Islandia, los estudiosos políticos creen adivinar que, a lo mejor, la victoria del Best Party responde a que la población se ha hartado del escaso nivel de los políticos y de que se tratara de un coto privado que, además, les ha desmontado buena parte de sus vidas. No están muy seguros, los estudiosos políticos, del “mensaje que ha mandado la población”. Paralelamente, en Catalunya pocos políticos quieren oír hablar de adelantar elecciones en el gobierno de España, ya que los votantes –imbéciles- podrían confundirse al tener que votar para la Generalitat y el Gobierno central al mismo momento y esto afectaría el voto. Tiempo al tiempo, sigamos con esta mentalidad insultante por parte del estamento político, que creatividad y voluntad de acción en el contexto artístico no falta, ¿verdad?

Podríamos decir que Islandia es un país pequeño y su capital lo mismo y que, por lo tanto, allí se pueden hacer estas cosas que en los países grandes no se pueden hacer. El 68 no pasó precisamente en Islandia.

La emancipación pasa por una mirada del espectador que no sea la programada (Entrevista a Jacques Rancière)

Fuente original: Fuera de Lugar
Entrevista realizada por Amador Fdez-Savater

Los libros de Jacques Rancière han acicateado siempre a quienes querían pensar de otro modo el arte o la política. Pero ahora se percibe un silencio incómodo en torno a El espectador emancipado. Rancière toca ahí una llaga: la creencia en la desigualdad entre los que saben y los que no, entre los capaces y los incapaces, que atraviesa el arte político y el pensamiento crítico.

Desde Brecht a Debord, pasando por Artaud, Meyerhold o Piscator, detecta usted en el arte político una cierta denigración de la posición del espectador. ¿En qué consiste, en qué presupuestos se basa? Y por el contrario, ¿cuál sería su idea de un espectador emancipado?

Hay varios motivos que se mezclan. Por ejemplo, está la oposición marxista entre interpretar el mundo y transformarlo. Pero Brecht o Piscator son bien conscientes de que el marxismo también es una interpretación del mundo, que se preocupa por fundar la acción sobre esa interpretación. O está también la gran voluntad artística de comienzos del siglo XX: la de un arte que crea directamente formas de vida. Pero ésta no conlleva en sí misma una depreciación de la mirada, ni tampoco del espectador. Pensemos por ejemplo en el cine-ojo de Dziga Vertov. Por tanto, hay algo que se remonta más lejos en esta depreciación del espectador: hasta la denuncia platónica de la mímesis, la oposición entre el hombre de la caverna víctima de las apariencias y el sabio que contempla la verdad. Platón oponía a la pasividad del teatro el coro ciudadano, la ciudad en acto, cantando y danzando su propia unidad. La exigencia de abolición de la distancia espectadora, muy típica de los hombres de teatro militantes, y el pensamiento marxista de la ideología que sostiene su proyecto político, tienen en común ese fondo platónico no criticado. Frente a ello, no se trata de emancipar al espectador, sino de reconocer su actividad de interpretación activa. De hecho, es más bien a los intelectuales y a los artistas a los que habría que emancipar en primer lugar, liberándolos de la creencia en la desigualdad en nombre de la cual se atribuyen la misión de instruir y hacer activos a los espectadores ignorantes y pasivos.

Guy Debord denunciaba que la dimensión común del mundo se construye hoy a través de lo que miramos a la vez (cada uno pasivamente y por separado) y ya no de lo que hacemos activamente juntos: el espectáculo. Sin embargo, usted llega a decir que la “crítica del espectáculo [y de la mercancía se ha convertido en la ideología dominante”, ¿cómo es posible?

Debord ha construido su noción de espectáculo cruzando dos ideas: la denuncia platónica del habitante de la caverna inmóvil en su silla y fascinado por las imágenes, mientras que un manipulador tira de los hilos a su espalda; y el pensamiento romántico de la comunidad separada de sí misma, a partir del cual Feuerbach pensó la alienación del hombre separado de su esencia y Marx, la alienación del trabajador que veía el producto de su actividad alzarse frente a él como un mundo extraño y hostil. La primera inspiración siempre fue muy fuerte en Debord. Y con el hundimiento de las esperanzas revolucionarias, se volvió predominante. La idea misma del mundo objetivo como producto de la desposesión de la actividad de los trabajadores se olvidó. Y ya sólo quedó el estereotipo del espectador pasivo, transformado más tarde por los arrepentidos del marxismo en característica del “individuo democrático”. La crítica del espectáculo se ha asimilado entonces a la crítica de los media, es decir, a la idea complaciente que quienes se tienen a sí mismos por “intelectuales” se hacen de unas masas pasivas ante el desbocamiento de los mensajes y las imágenes.

¿Es por las mismas o parecidas razones por las que afirma usted que el pensamiento crítico se ha metido hoy en un verdadero callejón sin salida, se ha dejado ganar por el nihilismo?

El devenir del situacionismo forma parte efectivamente de una involución mucho más global de la tradición crítica. Ésta se ha atribuido la tarea de desvelar los mecanismos de la dominación, las seducciones engañosas de la mercancía y las ilusiones del espectáculo, con el fin de suministrar armas contra el sistema de explotación. Esa pretensión ya es en sí misma dudosa, porque está fundada sobre la presuposición de que el consentimiento a la dominación reposa sobre la ignorancia de las leyes de su funcionamiento. Pero en el pasado se basaba en todo caso en la idea de una realidad distinta del reino de las apariencias mercantiles y espectaculares, y de la existencia de una fuerza militante capaz de subvertir ese reino. Hoy en día, quienes retoman esos temas han renunciado a la idea de que hay un mundo real detrás de las apariencias y también a la esperanza en una transformación revolucionaria. Así que estos temas funcionan simplemente para explicar por qué la dominación es inevitable y toda rebelión es vana, si no culpable. La creencia en la desigualdad incluida en la proposición de que la emancipación pasa por el saber aparece entonces al desnudo.

Lo que usted afirma en el libro sobre la capacidad activa del espectador en relación sobre todo al teatro, ¿se podría aplicar igualmente al espectador de televisión por ejemplo?

Ciertamente. No hay ninguna razón para suponer al espectador de televisión como una víctima invadida e inundada por las imágenes que desfilan ante él. Tampoco hay razón para suponerle una lucidez particular. Es suficiente reconocer que quienes están frente a una pantalla no son animales de laboratorio sometidos a descargas de estímulos. No cesan de juzgar -explícita o implícitamente, con más o menos resignación o de combatividad- las imágenes y los comentarios que desfilan ante ellos.

Señala usted que la crítica de la “inflación” o la “invasión” de las imágenes tiene un fondo y un origen reaccionario en los discursos elitistas del siglo XIX. Pero, ¿cómo pensamos entonces los problemas de la atención en una atmósfera sobreestimulada, esa sensación tan común y extendida de que “no tenemos tiempo” para elaborar los mil estímulos que recibimos?

Esta pregunta presupone ya de hecho la respuesta por el uso mismo del término “estímulos” que reconduce al espectador o al oyente a esa situación de un animal de laboratorio que reacciona a los estímulos. Pero los “estímulos” en cuestión son de hecho palabras, imágenes o espectáculos que los individuos reciben, admiran o rechazan, y juzgan como tales. En el siglo XIX, no había ni radio, ni tele, ni Internet y sin embargo el discurso sobre el individuo desbordado por los estímulos era exactamente el mismo. Lo que este discurso expresa en primer lugar es un juicio sobre la ignorancia y la estupidez de las masas. Y ese juicio traduce en realidad el temor a que las masas no se vuelvan demasiado sabias o demasiado inteligentes. Siempre hay demasiados “estímulos” para quienes pretenden que la gente se quede en su lugar, demasiados saberes divulgados para quienes quieren reservarse su privilegio. Observemos hoy las furiosas campañas contra Internet: la puesta a disposición de cualquiera de un saber enciclopédico da lugar a la gran lamentación sobre el océano de estímulos que ahoga a los pobres cretinos de los usuarios de la red. Sin duda no tenemos tiempo de asimilar todo ese saber, pero hace medio siglo tampoco había tiempo para asimilar una centésima parte.

Según usted, ¿qué vuelve política a una imagen?

No hay criterio que haga política a una imagen. Las imágenes pueden traducir intenciones políticas, pueden ilustrar las categorías o reproducir los modos de representación instituidos; o también pueden, por el contrario, desdibujarlos o subvertirlos. Pero no hay que pensar ese efecto en los términos de la mímesis, es decir, en los términos de la buena o la mala imagen que se da del trabajador, de la mujer, del negro, etc. Una imagen nunca va sola, ni simplemente reenvía a un imaginario colectivo pensado como reserva de imágenes. Una imagen forma parte de un dispositivo de visibilidad: un juego de relaciones entre lo visible, lo decible y lo pensable. Ese juego de relaciones dibuja por sí mismo una cierta distribución de las capacidades. Hacer una imagen es siempre al mismo tiempo decidir sobre la capacidad de los que la mirarán. Hay quien se decide por la incapacidad del espectador, bien sea reproduciendo los estereotipos existentes, bien sea reproduciendo las formas estereotipadas de la crítica a los estereotipos. Y hay quien se decide por la capacidad, por suponer a los espectadores la capacidad de percibir la complejidad del dispositivo que proponen y dejarles libres para construir por sí mismos el modo de visión y de inteligibilidad que supone el mutismo de la imagen. La emancipación pasa por una mirada del espectador que no sea la programada.

Retomando el consejo de Benjamin, toda una corriente del arte político ha ido durante el siglo XX más allá del problema del contenido o el mensaje, ensayando formas cooperativas y horizontales de hacer (que cuestionan las divisiones director-técnico, por ejemplo), creando nuevos circuitos para la circulación de las obras, convirtiéndose incluso en recurso activo de debate público, vínculo político u organización. Pienso por ejemplo en el cine realizado en torno a Mayo del 68 (sobre todo los Grupos Medvedkine, pero también Arc, Vertov, etc.) que inspiró aquella famosa frase de Godard: “no se trata de hacer cine político, sino de hacerlo políticamente”. ¿Le parecen relevantes estas cuestiones de la factura colectiva, la importancia concedida al proceso y no sólo al resultado, el desarrollo de circuitos alternativos, el desdibujamiento de la autoría y el carácter útil (que no utilitario) de la obra en que ha insistido tanto parte del arte político durante el siglo XX? ¿Representan para usted una ampliación del significado político de una obra?

Sí. Hay que salir de la visión que juzga el valor político de las obras individuales según las formas de la conciencia y el afecto que transmiten, es decir, según el modelo crítico que asocia la competencia del crítico de arte a la del representante de la vanguardia política. El arte participa de la política de muchas maneras: por la manera en que construye formas de visibilidad y de decibilidad, por la manera en que transforma la práctica de los artistas, por la manera en que propone medios de expresión y acción a quienes estaban desprovistos de ellos, etc. Lo que es políticamente relevante no son las obras, sino la ampliación de las capacidades ofrecidas a todos y a todas de construir de otro modo su mundo sensible. A menudo se ha privilegiado tal o cual aspecto limitado de esa ampliación: el gran arte “cercano” al pueblo, la transformación de las obras en acciones o situaciones, la colectivización del trabajo del autor, etc. Pero hay que pensar mucho más ampliamente el difuminado de las oposiciones entre regímenes de experiencia. Lo que me parece más interesante en Benjamin es la idea de que el cine se dirige a un nuevo tipo de “expertos”, a una idea nueva de la capacidad de juzgar.

Otra importante corriente de la tradición crítica (donde tal vez podríamos incluir algunos nombres como Dada, la IS, los Yippies, Reclaim The Streets o Tiqqun) entiende que la emancipación pasa sobre todo por, simplificando mucho, la intensificación de la vida (de los cuerpos, de las formas de vida, de los mundos sensibles). Así, de alguna manera, la obra debe abolirse en el gesto, el producto en el proceso vital, el teatro en acción directa. Sin embargo, para usted la emancipación es más un desdoblamiento que una intensificación. De ahí la afinidad que señala entre política y literatura. ¿Es así? ¿Podría explicarnos mejor su posición a partir de ese contraste?

Los ejemplos que cita no son equivalentes. Pero en todo caso, podemos considerarlos a todos más o menos marcados por una cierta idea de la acción directa. Pero esa acción directa se piensa ella misma según dos modelos que divergen: uno es el del gesto radical de separación que sospecha de todas las propuestas de vida existentes como cómplices de la dominación; el otro toma por el contrario del catálogo existente de proposiciones de vida un modelo vitalista de intensificación de la vida, de los cuerpos y de la comunidad. Dicho esto, pienso efectivamente que la emancipación no es una intensificación de la vida. La emancipación social ha sido una respuesta a la oposición misma entre dos modos de vida: la vida supuestamente libre de los “hombres ociosos” y la vida “desnuda” de los que estaban obligados al trabajo y la reproducción. La emancipación social fue la obra de hombres y mujeres deseosos de romper con la vida ligada a su condición. Por esa razón, la capacidad de no hacer nada, la capacidad de contemplar en lugar de actuar, tan estigmatizadas por una cierta tradición “progresista”, han sido elementos esenciales en la idea y la práctica de la emancipación. He tratado de mostrar cómo la literatura novelesca moderna daba testimonio de esa escisión de la vida: el héroe por excelencia del ascenso plebeyo en el orden social, el  Julien Sorel de Rojo y negro, no encuentra la felicidad más que en el tiempo detenido de la prisión. Y es la estructura misma de la ficción la que, con él, comienza a marcar esa escisión interna de la experiencia plebeya.

Tal vez las dos corrientes antes citadas coincidirían en su crítica del museo como lugar de fijación de la producción estética en un espacio separado de cualquier forma de vida, de cualquier uso, que instala la contemplación inconsecuente como único modo de relación con la obra, algo completamente compatible con la operatoria mercantil: indiferencia hacia las formas de vida, traducción de cualquier experiencia en operaciones de compraventa. Quizá esto pueda ayudar a explicar la difícil relación entre el museo y los movimientos sociales: hay la impresión de que en el museo no pasa nada y por eso se buscan otros contextos de intervención/exposición más específicos. Por el contrario, su reflexión sobre el museo, tan distinta, llama polémicamente la atención y quizá podría ser útil para repensar de nuevo esa relación entre arte, política y museo.

Cuando decimos que el museo separa el arte de la vida, la primera cuestión a plantearse es: ¿de qué vida? El nacimiento de los museos de arte en el siglo XIX separó, de hecho, las obras de arte de la vida a la que estaban ligadas, es decir, las separó de su función de ilustraciones de la religión, de signos de la grandeza de los príncipes o de decorado de la vida aristocrática. El museo construye un espacio de indiferencia hacia esas funciones sociales jerarquizadas. Pone todas las obras en igualdad, sea cual sea la dignidad de su objeto, y las ofrece a un espectador que es cualquiera. Es una actitud totalmente superficial identificar esa indiferencia con la indiferencia monetaria. La ley del mercado no es una ley de indiferencia, sino una ley de apropiación y exclusión. La igualdad de las obras en el museo no es seguramente la revolución. Pero la mirada del espectador anónimo formó parte en el pasado de esa conmoción de las lógicas sensibles que quebró la distribución ancestral que hacía coincidir las formas de experiencia sensibles de los dominados con la condición social a la que estaban destinados. Esa confusión de los dominios y de las formas de experiencia funciona distinto hoy en día, cuando vemos a los lugares del arte servir a menudo a modos de presentación sensible y a formas de circulación de la información alternativas con respecto a las dominantes. Pero en todo caso, la extra-territorialidad del museo implica también un desplazamiento posible con respecto a las lógicas sensibles dominantes. Por supuesto, esa distancia no funciona sin tensiones como es el caso de los museos implantados en viejos espacios industriales vacíos o en barrios en “rehabilitación” y que se esfuerzan en echar luz sobre las contradicciones sociales que presiden su instalación, mientras que las estrategias dominantes hacen de ellos instrumentos de “gentrificación”.

Siguió atentamente el movimiento de los “intermitentes del espectáculo”. En la onda de Toni Negri, hubo quien vio en esa lucha el punto de cruce conflictivo entre arte y producción: así, el trabajo artístico revelaría el nuevo paradigma biopolítico de la producción (tendencialmente inmaterial; la vida puesta a trabajar; el cuerpo como máquina donde se inscriben arte y producción; etc.) y, por ello, estaríamos ante una lucha “ejemplar” y “universal” en tanto que mostraría las posibilidades de organización y liberación de la creatividad general del aparato capitalista que la captura. Imagino que su punto de vista es muy distinto. ¿Por qué le interesó el movimiento de los “intermitentes”, qué potencialidades le vio, qué se estaba jugando ahí para usted?

Sí, son dos visiones completamente diferentes de la cuestión de la subjetividad. Lo que para mí es importante en este caso no es la idea de la constitución de una nueva subjetividad global -posmoderna o posfordista, y que está más allá de las antiguas divisiones entre saber y trabajo, producción y afecto, tiempo de trabajo y tiempo libre-, sino la idea y la realidad misma de la intermitencia como intervalo. Para mí, una forma de subjetivación es siempre una manera de ocupar un intervalo entre dos identidades. Está, por tanto, vinculada siempre a una suspensión de las lógicas globales y de la temporalidad dominante. Y esto es lo que está en juego en la cuestión de los “intermitentes”. Los “intermitentes” funcionan como revelador de una sociedad marcada, cada vez más, por el trabajo a tiempo parcial, las alternancias entre trabajo y el paro, o el trabajo y los estudios, la distancia entre las cualificaciones de los individuos y las tareas que efectúan, etc. Todo ello implica el incremento de la participación en modos de experiencia heterogéneos. Y creo que es de esa heterogeneidad de las experiencias de donde nacen las líneas de fuga y las posibilidades de subjetivación que interrumpen el tiempo de la dominación.

¿Podría explicarnos qué significa para usted que la emancipación en el campo del arte pasa por que el autor “no quiera ser dueño del efecto”? ¿Podría ponernos algún ejemplo de obra contemporánea que le haya parecido interesante en ese sentido?

Quisiera subrayar en primer lugar que se no se trata, por mi parte, de un requerimiento paradójico dirigido a los artistas, sino simplemente del reconocimiento de un hecho: el efecto de una obra -ya sea el placer del espectador, el sentimiento de belleza que siente o una toma de conciencia política- no pertenece a quien la crea. Producir una obra no es producir su efecto. La debilidad de muchas instalaciones con voluntad política es partir del efecto a producir y suponerlo realizado por el volumen mismo ocupado en el espacio. La emancipación comienza asumiendo el riesgo de la separación. Y, por supuesto, la separación entre la voluntad realizada en la obra y su efecto sobre los espectadores pasa también por las condiciones de exposición o de la distribución. Tomemos el ejemplo de las películas realizadas por  Pedro Costa con los habitantes del barrio chabolista de Fontainhas en la periferia de Lisboa. Ahí se da una voluntad política de testimoniar sobre la realidad de una situación de desposesión. También la práctica de hacer una película con los habitantes, incluyendo a aquellos cuyo comportamiento frente a la cámara es imprevisible. Hay dos grandes tomas de posición estéticas: una es desdibujar la división entre la ficción y el documental; la otra es filmar, no la miseria de la gente, sino la riqueza sensible de su decorado bajo la luz y la riqueza de su experiencia de vida, con el fin de restituirla. Pero en definitiva, una película sigue siendo una proyección de sombras; y el mismo tiempo que se ha pasado restituyendo esa riqueza de los pobres compone películas que el sistema de distribución clasifica como films estetizantes para estetas, redirigiéndolas al infierno de los festivales y los museos. Esto crea una gran separación difícil de asumir y que Pedro Costa asume sin embargo.

Workspace 9 to 5 nos cuentan sus proyectos [Viernes 4 marzo / 20h]

VIERNES 4 marzo a las 20h

Este colectivo de Hamburgo lleva casi diez años plantándole cara a la precariedad en todos sus frentes: en el trabajo, en el consumo, en la vida en general. Nos mostrarán las tácticas creativas empleadas en cada uno de los proyectos de los que han formado parte. Conoceremos sus inicios dentro de Umsonst, una red activista por la gratuidad y el disfrute colectivo, su aportación a las movilizaciones internacionales del Euromayday, y su proyecto presente: Lux, una especie de consorcio que actúa exigiendo alquileres baratos para todo el mundo.

Workspace 9 to 5 tienen un grito de guerra: ¡para todos, todo! Y Enmedio lo comparte y lo apoya. Si tú también, ya sabes, acércate este viernes a las 20h por nuestro local. Ponte Enmedio.

Recopilación de materiales para la charla

Lux & Konsorten

Estamos cansados de mirar, hoy queremos vivir la imagen. (Entrevista a Leónidas Martín)

Fuente original: Público (descargar PDF)
Publicación Digital original: Fuera de Lugar
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Hablas de que las imágenes políticas se encuentran en un atolladero, ¿podrías explicarlo?

El atolladero al que me refiero es el toma y daca constante de apropiaciones y reapropiaciones entre el mercado y la creatividad social. El mercado lanza una imagen, la gente se reapropia de ella y le da otro sentido; un movimiento social produce un símbolo, el mercado lo captura después para vender un producto, etc. Ninguna imagen tiene un significado absoluto y acabado en sí mismo, la construcción de sentido es un juego y una lucha infinita donde no hay una frontera clara entre productores y receptores.

Todo lo que antes vivíamos directamente se ha convertido en espectáculo, decían los situacionistas.

Desde la Internacional Situacionista hasta la Escuela de Frankfurt, en la historia reciente del pensamiento crítico ha predominado la lectura más pesimista del fenómeno. Bajo este punto de vista, el capitalismo es como un vampiro que nos ha chupado toda la sangre y se ha apoderado de nuestra vida entera. Toda acción humana ha sido convertida en producto y se ha puesto a circular en la cinta transportadora del mercado. Eso nos ha reducido a meros espectadores pasivos con una sola posibilidad de acción: el consumo. Pero yo no comparto esa visión, demasiado derrotista y unilateral. También la gente roba y usa las imágenes que el mercado ha robado previamente a la gente.

¿Podrías darnos ejemplos concretos?

Un movimiento reciente en España se llamaba V de Vivienda en referencia al cómic y la película V de Vendetta, la red internacional Anonymous usa la máscara popularizada por la misma película a modo de símbolo, grupos palestinos acometen acciones de desobediencia civil enfundados en disfraces de Na’vi, los personajes de Avatar, algunos hackers defienden la libertad en la Red imaginándose en Matrix, etc. Si los realistas franceses del siglo XIX proponían “pintar lo que se ve”, estas experiencias a caballo entre la imagen y el activismo proponen “hacer lo que se ve”. Estamos cansados de mirar, hoy queremos vivir la imagen.

Este domingo Anonymous convoca protestas físicas y virtuales en los premios Goya.

El fenómeno Anonymous es fascinante. Cuando Anonymous tumbó las webs del Ministerio de Cultura y de la SGAE, Matías Prats comentó: “hasta ahora, algo así tan sólo lo habíamos visto en películas de ciencia ficción”. De alguna manera tenía razón. Por supuesto que las sentadas virtuales, o sea, que un grupo de personas se organice para visitar un mismo sitio web a la vez con la intención de provocar su colapso, no es nada nuevo, eso lleva practicándose casi desde los orígenes de Internet; sin embargo, que una red social sin nombre y sin rostro, o mejor dicho, con un falso rostro, se apropie del imaginario de un cómic y una película (V de Vendetta) y obligue a éste a actuar bajo sus mandatos, eso no se había visto tanto. Es casi como un ejercicio de posesión: entrar en otro cuerpo y operar bajo su apariencia. Bajo su imagen, en este caso. Por si esto fuera poco, el fenómeno está creciendo exponencialmente y cada vez son más los que están participando en sus acciones. Ejemplo de ello es lo que dices: la próxima convocatoria de Anonymous ya no se limita a la Red, se llevará a cabo este domingo frente a la gala de los Goya. ¿No es increíble? Cuerpos reales sin nombre alguno que, parapetados bajo una ficción, hacen un llamamiento contra la gala de los que dicen ser los autores de esas mismas ficciones, las que empiezan a rebelarse contra ellos. Autores de ficciones contra ficciones sin nombre.

¿Se trata de un uso crítico del cliché?

No, todo lo contrario. Lo que hace un estereotipo es presentarnos las cosas como algo ya visto y ya vivido. Nos distancian de todo, nos impiden conectar con el sentido auténtico de las cosas. Un cliché evita que el mundo nos afecte. Cancelan por tanto la posibilidad de acción, porque cuando todo se vuelve déjà vu resulta imposible identificarnos con nada de lo que hacemos o miramos. Los estereotipos nos vuelven cínicos: gente que ya lo sabe todo, que ya lo ha visto todo y que no se cree nada. Por el contrario, y contra todo pronóstico, estos movimientos realizan la operación inversa: abren posibilidades de subversión identificándose completamente y sin distancia crítica con algunas de las imágenes-cliché que nos ofrece el mercado.

¿Pero cómo es posible usar un cliché contra el poder de los clichés?

Cuando hablamos de vivir la imagen, más que en el artista o productor de imágenes tenemos que fijarnos necesariamente en el espectador. El espectador es alguien más libre de lo que suelen pensar las corrientes críticas. Una imagen nunca puede representarlo todo, es el espectador el que añade o complementa aquello que “falta” en una imagen. Proyectamos sobre una película o una imagen más datos que los que la propia imagen contiene. Lo hacemos a partir de nuestros saberes, de nuestra experiencia y de las imágenes previas que tenemos en la cabeza. Como explica Jacques Rancière, ver, mirar, es un acto de comparar: comparas lo que ves con lo que ya has visto y de ahí sale una interpretación, siempre “desmesurada” o “abusiva”. Y yo añado que en estas interpretaciones desmesuradas, existe un potencial para la acción política.

¿Qué aporta concretamente ese potencial?

Por ejemplo, el recurso a referencias tan populares como Avatar o V de Vendetta hace a los movimientos sociales mucho más abiertos e incluyentes. Al menos en dos sentidos. Por un lado, esa identificación ligera, cómica y desdramatizada con las imágenes-cliché logra descargar de seriedad la acción, incluyendo así a los que aprecian la dimensión placentera de una movilización y huyen de la política como sacrificio de la vida entera por una causa. Por otro lado, la identificación colectiva con un icono cultural abre espacios no codificados en términos ideológicos (izquierda y derecha). Este potencial crea, en definitiva, lo que algunos venimos llamando movimientos “post-políticos”, espacios de anonimato sin contornos identitarios o ideológicos claros, que se cuidan mucho de evitar las etiquetas mediáticas o políticas que definen, dividen, estigmatizan o criminalizan.

¿Estamos ante una nueva estrategia comunicativa o política?

No lo pienso así. A diferencia del arte político, estos movimientos usan el imaginario existente sin ninguna premeditación. Lo hacen muy espontáneamente, sin conciencia, táctica o dirección. Es como ese viejo chiste en el que van dos amigos andando por la calle y leen el letrero de una tienda que dice: “Aceros inoxidables”. Entonces se miran el uno al otro y se dicen: “¿nos hacemos?” Pues algo así sucede con estas experiencias: una interpretación desmesurada origina una identificación colectiva que abre un espacio posible para la acción política. En este sentido, no se trataría tanto de resolver aquello que se preguntaba Lenin: “¿qué hacer?”, sino, ante una mirada compartida, de preguntarnos como en el chiste: “¿nos hacemos?”

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Este libro constituye una mirada que desde el hoy captura y da forma a una historia para lanzarla hacia adelante.
Hoy es indispensable reflexionar sobre lo que se hizo y dejar esto expresado en un soporte concreto, tangible, para que el conocimiento pueda ser capitalizado por otrxs.

No pretendemos elaborar un dogma o un modelo a seguir. Pero sí creemos que es necesario que cada nueva lucha utópica que despunte por ahí se pueda organizar sobre el conocimiento de las precedentes, aunque más no sea para refutarlas…

Desde esta perspectiva temporal reconocemos nuestra experiencia imbricada en una red de prácticas precedentes y posteriores, que se retroalimentan. Es por eso que los contenidos de este libro se basan más en saberes populares que en grandes teorías.

Lxs lectorxs tendrán la posibilidad de desmitificar al GAC, comprobando que no inventamos nada nuevo.
Sin duda no será este el libro más exhaustivo que se pueda escribir sobre el GAC, ni el más completo, ni el más agudo y crí­tico, pero es, el que quisimos escribir.

Algo de información sobre el colectivo:

El GAC (GRUPO DE ARTE CALLEJERO) se formó en 1997, a partir de la necesidad de crear un espacio en donde lo artístico y lo político formen parte de un mismo mecanismo de producción. Es por esto que a la hora de definir nuestro trabajo, se desdibujan los límites establecidos entre los conceptos de militancia y arte, y adquieran un valor mayor los mecanismos de confrontación real que están dadas dentro de un contexto determinado.

Desde un comienzo decidimos buscar un espacio para comunicarnos visualmente que escapara al circuito tradicional de exhibición, tomando como eje la apropiación de espacios públicos.

La mayor parte de nuestro trabajo tiene un carácter anónimo, fomentamos la re apropiación de nuestras prácticas y sus metodologías por parte de grupos o individuos con intereses afines. Muchos de nuestros proyectos surgen y/o se desarrollan a partir de la construcción colectiva con otras agrupaciones o individuos, generando una dinámica de producción que está en permanente transformación debido al intercambio con las/os otras/os.

Web oficial del GAC

Contacto: grupodeartecallejero@gmail.com

Jacques Rancière: "Las artes visuales se apropiaron de la palabra"

ideas-jacques-ranciereJacques Rancière es una figura de muchas caras. Un marxista podrá reconocer a uno de los coautores del célebre Para leer El capital, libro realizado alrededor de las enseñanzas de Louis Althusser en la década del 60. Un historiador podrá ubicarlo como uno de los que reconstituyó la memoria de las luchas obreras del siglo XIX en su tesis de doctorado, La noche de los proletarios, que saldrá en castellano el año próximo por la editorial Tinta Limón, o como el autor de Los nombres de la historia. Un especialista en educación no podrá pasar por alto las provocativas tesis de El maestro ignorante. Un amante de la ciencia política podrá identificarlo por El desacuerdo, En los bordes de la política, El odio a la democracia y sus once tesis sobre la política. Aquellos versados en estética contemporánea no podrán evitar pensar en La división de lo sensible, La fábula cinematográfica, La carne de las palabras y Política de la literatura, entre otras obras. La vasta producción de Rancière puede ubicarse en los últimos años en la relación entre estética y política, y es dentro de ella que se inscribe La palabra muda (1998), que acaba de publicar Eterna Cadencia.

Según Rancière, el arte y la política transformaron su vínculo durante las revoluciones del siglo XIX al calor del reclamo por la democracia. La palabra muda estudia ese proceso en lo que tiene que ver con la literatura, señalando su punto de aparición, su progresivo alejamiento de la lógica del resto de las artes en el siglo XX y sus consecuencias para la teoría estética. No es posible pensar el arte por fuera de la política ni mucho menos eliminar del nivel político sus aspectos estéticos. Pero esto no quiere decir que una de las instancias se subordine a la otra. En el caso de la literatura, su emergencia como campo específico es indisociable de ciertas ideas políticas que no tienen por qué reflejarse mecánicamente en lo escrito. De eso se trata esta entrevista que mantuvo con Ñ: cómo se configura, en el pasado y en el presente, el espacio literario en su especificidad y respecto de su contexto sociopolítico.

-Sobre el final La palabra muda usted sugiere que la literatura es el único campo que resiste a la crisis del arte. ¿Podría desarrollar más esta idea?

-Hoy ya no estaría de acuerdo con esta formulación, pues le otorga demasiada importancia a un tema entonces insistente como la “crisis del arte”. Pero hay algo que me parece claro: la literatura está apartada del destino del arte contemporáneo, que se convierte cada vez más en un arte de la indistinción donde la calidad del artista no está vinculada a ningún saber-hacer instituido. Los pintores son clasificados hoy en la categoría de plásticos, en la que se encuentran también los fotógrafos y los videastas, y hasta artistas que no pueden crear nada con sus manos. Hombres de teatro, bailarines y músicos se confunden a menudo en el arte de la performance. Los escritores generalmente han resistido a las diferentes formas de indistinción que pudieron presentarse en la época dadaísta y futurista, en la época pop o la de la electrónica y la informática. La literatura no está sometida a una crisis de identidad. Vive de la herencia de sus contradicciones sin que éstas produzcan formas nuevas de relato y de escritura. ¿Qué obra literaria genera hoy escándalo?

-Usted dijo que”la literatura no inventa hoy categorías de desciframiento de la experiencia común” porque sus procedimientos fueron absorbidos por otras artes. ¿Cuál es, entonces, la importancia de la literatura?

– Pienso en efecto que ya no es tan importante como antes. La literatura, entre el tiempo de Balzac y el de Joyce, fue el laboratorio en el que se experimentaban las formas de descripción y de interpretación de la experiencia, y esto correspondía a las conmociones científicas, políticas y técnicas. Experimentó por ejemplo los modos de visión de la metrópolis, del paisaje urbano, de los comportamientos de sus habitantes que estuvieron luego en el centro de la fotografía y el cine, pero también en el corazón de la narración cotidiana. Los grandes novelistas también inventaron las formas que se estandarizaron en el relato periodístico. Es claro que la literatura no puede cumplir más ese rol en la actualidad. De allí la tendencia de la literatura a convertirse en algo así como un meta arte, un arte que reelabora al mismo tiempo su propio texto y las formas textuales y visuales que ayudó a engendrar.

– Usted plantea que la literatura durante el siglo XIX se desplegó entre dos géneros sin género: la novela y el ensayo. ¿Cuáles serían hoy esos géneros que permiten que la literatura perdure?

– Se puede constatar que estos géneros continúan funcionando. La forma novelesca se muestra todavía apropiada para hablar de la historia contemporánea. Pienso por ejemplo en la manera en la que Antonio Lobo Antunes, en El regreso de las carabelas, pudo adaptar una cierta forma de mezcla de tiempos y de voces tomada de Faulkner para hablar de la relación del Portugal posterior a 1974 con su pasado colonial. Pienso en la manera en la que Don de Lillo pudo, en Underworld, contar el devenir de Estados Unidos en los años 60 tal como Dos Passos había contado el devenir de Estados Unidos a principios del siglo XX, entrecruzando los relatos de destinos individuales. Esto implica que la novela se reapropia de las formas del relato, sobre todo de las del relato periodístico que nacieron de ella. La frontera entre lo “literario” y lo periodístico es un lugar privilegiado donde la novela y el ensayo pueden encontrarse.

– Si la literatura es, como dice, “el régimen históricamente determinado del arte de escribir”, ¿cuáles son hoy esos condicionamientos históricos? ¿Cómo se plantearía, por ejemplo, el caso de las escrituras electrónicas, en especial los blogs?

– No quise decir que la literatura era el producto de ciertas condiciones históricas preexistentes, sino que es en sí misma una singularidad histórica: la “literatura” como la conocemos existe hace apenas 200 años aproximadamente en Occidente. Su existencia coincide con las revoluciones políticas modernas. Esto no quiere decir que sea la consecuencia de ellas, sino que su constitución participa de una ampliación de las formas de experiencia de la lectura y de la escritura. El caso de las escrituras electrónicas debe ser pensado en relación con esta ampliación. Hay que romper con el equívoco del concepto de escritura. La escritura designa, por un lado, una técnica, y por otro, un universo de experiencia, una forma de reparto de las palabras, de las experiencias, de los saberes. Las escrituras electrónicas cumplen un rol destacable desde este segundo punto de vista. Aquel que teclea sobre su computadora no tiene necesariamente una relación diferente con el acto de escribir que aquel que tecleaba en una máquina de escribir. Pero participa de un universo de experiencia transformado por la multiplicidad de las conexiones, por las nuevas posibilidades de dar forma a la experiencia.

– Señala a Flaubert, Mallarmé y Proust como los autores que despliegan las contradicciones de la literatura. ¿Existen en la actualidad figuras que expresen estas contradicciones?

– La literatura estuvo atravesada por una tensión fundamental. Por un lado, es la forma de discurso que resulta de la destrucción de las jerarquías entre los sujetos y los géneros. La novela llamada realista consagra la capacidad de los cualesquiera para ser los sujetos de la ficción e impone una palabra que anula la diferencia de estilos, una palabra que borra las marcas de distinción que caracterizaban a las belles lettres. El caso de Flaubert es ejemplar de este devenir anónimo de la literatura. Pero, por otro lado, la literatura fue acosada por el proyecto romántico de una palabra que sería más que palabra, que sería el principio de un nuevo modo de comunidad. Tanto Mallarmé como Whitman hacen de la poesía el principio de una economía simbólica que se superpone al orden económico ordinario. En el siglo XX este proyecto se invirtió, sobre todo en autores como Blanchot, que hicieron de la literatura una suerte de teología negativa. No creo que esas tensiones estén hoy presentes.

– Usted despliega la dicotomía entre hablar y ver. ¿Qué diferencia habría entre lo visible y lo enunciable en la literatura?

– Es claro que las artes llamadas visuales se apropiaron ampliamente de la palabra y la escritura. Hace dos años, en la Bienal de Venecia, el pabellón francés estuvo dedicado al trabajo “plástico” de Sophie Calle sobre una carta de ruptura, y las paredes de las salas estaban cubiertas de textos que representaban las múltiples interpretaciones que le daban a esta carta los escritores y los grafólogos. Los artistas visuales se apropiaron del espacio intermedio que separan a las “imágenes” producidas por las palabras de las imágenes producidas por la mano o la máquina. ¿Los escritores cultivan un terreno propio en relación con esto? No estoy absolutamente seguro. Pueden también abordar por su cuenta la misma relación entre lo enunciable y lo visible, como en el caso de W.G. Sebald. Sus grandes libros, Los emigrantes, Los anillos de Saturno y Austerlitz están construidos como comentarios de fotografías que tomó él mismo en los lugares que ha recorrido como viajero, pero son también lugares cargados de historia, se trate de los paisajes desindustrializados del este de Inglaterra o del campo de Terezin. La literatura se convierte entonces en una manera de tratar la historia en el estilo de la rememoración proustiana, pero también de penetrar en la relación entre lo que una imagen “dice” y lo que una descripción “hace ver”.

– En el siglo de Flaubert la literatura no dejó de explicitar en sus relatos el tema filosófico al cual Schopenhauer dio su forma más lograda: la autonegación de la voluntad. De Balzac a Tolstoi, Zola o Ibsen los personajes y las historias de la literatura ilustran un cierto enceguecimiento de la vida, que reduce a nada los proyectos de la voluntad. En la actualidad, la relación entre filosofía y literatura funciona de otra manera, menos como una comunidad de visión del mundo que como una interrogación común sobre los vínculos entre pensamiento y escritura. Deleuze y Guattari se dedicaron en ¿Qué es la filosofía? a distinguir los perceptos y los afectos, producidos por el arte, de los conceptos filosóficos. Pero esta distinción es cuestionada en la elaboración misma de su filosofía, donde los textos de Artaud y los relatos de Kafka, de Melville o de otros escritores se convierten en experiencias de pensamiento. La filosofía es llevada a cuestionar su condición de discurso “sobre” la literatura, el arte o la política y a pensar más fuertemente su naturaleza como literatura, es decir, como experiencia de escritura y de pensamiento que no está por encima del resto de las experiencias con las que constituye un tejido común.

Manifiesto afectivista (Brian Holmes)

Traducción de Javier Toscano revisada por Brian Holmes

En el siglo XX, el arte se juzgó de acuerdo con el estado existente del medio. Lo que importaba era el tipo de ruptura que hacía, los elementos formales e inesperados que aportaba, la manera en que desplazaba las convenciones del género o la tradición. La recompensa al final del proceso de evaluación era un sentido distinto de lo que el arte podía ser, un nuevo ámbito de posibilidades para lo estético. Hoy todo eso ha cambiado definitivamente.

El trasfondo frente al cual el arte se sitúa ahora es un estado particular de la sociedad. Lo que una instalación, un performance, un concepto o una imagen mediada pueden hacer con sus medios formales y semióticos es marcar un cambio posible o real respecto de las leyes, las costumbres, las medidas, las nociones de civilidad, los dispositivos técnicos o los organizacionales que definen cómo debemos de comportarnos y cómo debemos relacionarnos unos a otros en determinado tiempo y lugar. Lo que hoy en día buscamos en el arte es una manera diferente de vivir, una oportunidad fresca de coexistencia.

¿Cómo es que esa oportunidad viene a darse? La expresión libera afecto, y el afecto es lo que mueve. La presencia, la gestualización y el habla transforman la cualidad del contacto entre las personas, crean tanto quiebres como junturas, y las técnicas expresivas del arte pueden multiplicar estos cambios inmediatos a lo largo de miles de caminos de la mente y los sentidos. Un evento artístico no requiere de un juez objetivo. Sabes que ha ocurrido cuando en su estela tú puedes traer algo más a la existencia. El activismo artístico es un afectivismo, abre y expande territorios. Estos territorios se ocupan con el compartir de una experiencia doble: una partición del yo privado en el que cada persona se halla encubierto, y del orden social que ha impuesto esa forma particular de privacidad o privación.

Cuando un territorio de posibilidad emerge, cambia el mapa social, tal como una avalancha, una inundación o un volcán lo hacen en la naturaleza. La manera más fácil en que la sociedad protege su forma existente es la simple negación, pretendiendo que el cambio nunca ha tenido lugar: y eso de hecho funciona en el paisaje de las mentalidades. Un territorio afectivo desaparece si no se le elabora, construye, modula, diferencia o prolonga con nuevos avances y conjunciones. No tiene caso defender esos territorios, incluso creer en ellos es tan sólo el comienzo más nimio. Lo que se necesita de manera urgente es que se les desarrolle con formas, ritmos, invenciones, discursos, prácticas, estilos, tecnologías, es decir, con códigos culturales. Un territorio emergente es apenas tan bueno como los códigos que lo sustentan. Cada movimiento social, cada desplazamiento en la geografía del corazón y cada revolución en el equilibrio de los sentidos necesita su estética, su gramática, su ciencia y su legalidad. Lo que significa que cada nuevo territorio necesita artistas, técnicos, intelectuales, universidades. Pero el problema es que los cuerpos expertos que ya existen son fortalezas que se defienden a sí mismas contra otras fortalezas.

El activismo tiene que confrontar obstáculos reales: guerras, pobreza, clase y opresión racial, fascismo rastrero, neoliberalismo tóxico. Sin embargo, lo que enfrentamos no son sólo soldados con armas sino sobre todo capital cognitivo: la sociedad del conocimiento, un orden atrozmente complejo. Lo impactante, desde el punto de vista afectivo, es el carácter de zombie de esa sociedad, su insistencia en el piloto automático, su gobernancia cibernética. Como los sistemas de control se llevan a cabo por disciplinas con accesos excesivamente regulados a otras disciplinas, el origen de cualquier lucha en los campos de conocimiento tiene que ser extradisciplinaria. Comienza fuera de la jerarquía de las disciplinas y se mueve a través de ellas transversalmente, adquiriendo estilo, contenido, aptitud y fuerza discursiva en el camino. La crítica extradisciplinaria es el proceso por el que las ideas afectivas -i.e. las artes conceptuales–se vuelven esenciales para el cambio social. Pero es vital mantener el vínculo, presente en las afueras del conceptualismo, entre la idea infinitamente comunicable y la performatividad incorporada y singular.

La sociedad mundial es el teatro del arte afectivista, el escenario en el que aparece y el circuito en el que se produce significado. Pero, ¿cómo podemos definir esta sociedad en términos existenciales? Primero, es claro que hoy en día existe una sociedad global: con comunicaciones globales, redes de transporte, sistemas educativos de referencia, tecnologías estandarizadas, instalaciones en franquicia para el consumo, finanzas globales, leyes comerciales y modas mediáticas. Ese estrato de experiencia es extenso, pero aun así es ciertamente delgado; sólo puede reclamar para sí parte del mundo de la vida. Para involucrarse con el arte afectivista, para criticarlo y recrearlo, no sólo tienes que saber dónde emergen nuevos territorios de sensibilidad -en qué localidad, en qué geografía histórica–sino también a qué escala. La existencia en la sociedad mundial se experimenta, o se vuelve estética, como una interacción de escalas calificándose unas a otras.

Suplementando lo global, hay una escala regional o continental basada en la agregación de poblaciones en bloques económicos. Se puede ver claramente en Europa, pero también en Norte y Sudamérica, en el Medio Oriente y en la red del sudeste asiático. No nos equivoquemos, ya hay efectos a esta escala, y movimientos sociales, y nuevas formas de utilizar tanto la gestualidad como el lenguaje, con mucho por venir en el futuro. Luego está la escala nacional, muy conocida, la escala con los conjuntos más enriquecidos de instituciones y los legados históricos más profundos, en los que los teatros de representación masiva están ya abrumadoramente establecidos y hundidos en inercias fantasmáticas. La escala nacional en el siglo XXI está en un estado febril de alerta roja continua, conectados en línea directa con el exceso e incluso a veces capaces de resonar con lo radicalmente nuevo. Luego de esto viene la escala territorial, hace mucho considerada la más humana: la escala de las movilidades cotidianas, la ciudad, el paisaje rural, que son las dimensiones arquetípicas de la sensibilidad. Este es el ámbito de la expresión popular, de las artes pláticas tradicionales, del espacio público y de la naturaleza como una presencia que se constituye con la humanidad: la escala en la que la subjetividad se expande por primera vez para encontrar lo desconocido.

Y así, al final alcanzamos la escala de la intimidad, de la piel, de las palpitaciones compartidas y los sentimientos, la escala que va de las familias y los amantes a las personas que se abrazan en la esquina o que charlan en un sauna o un café. Parecería que la intimidad, en nuestro tiempo, está cabizbaja, limitada con datos y vigilancia y seducción, aplastada con la influencia determinante de todas las demás escalas. Pero la intimidad es aún una fuerza impredecible, un espacio de gestación y por tanto una fuente del gesto, la noria en la que abreva el afecto. Sólo nosotros podemos atravesar todas las escalas, haciéndonos otros por el camino. De la cama del amante al abrazo salvaje de la muchedumbre al tacto ajeno de las redes, podría ser que la intimidad y sus expresiones artísticas sean lo que sorprenderán al siglo XXI.

Conexión en directo con Ricardo Dominguez (The Electronic Disturbance Theater, Thing.net, Transborder Immigrant Tool, etc)

transbordermigranttoolHace dos semanas unos detectives del FBI se presentaron en la oficina de Ricardo Dominguez en el Departamento de artes visuales de la universidad de California en San Diego.
Ricardo Dominguez, artista y activista desde hace tres décadas, fue co-fundador del The Electronic Disturbance Theater (EDT), un grupo dedicado, principalmente, a realizar “sentadas virtuales” en apoyo a las comunidades zapatistas en Chiapas, México. Co-dirije de thing.net, un servidor de Internet para artistas y activistas y en estos momentos se encuentra desarrollando, junto a Brett Stabaum, Micha Cárdenas y Amy Sara Carroll, un proyecto que lleva por nombre Transborder Immigrant Tool (herramienta transfonteriza para inmigrantes); se trata de un GPS instalado en teléfonos móviles reciclados y especialmente diseñado para ofrecer seguridad a aquellos inmigrantes que deciden arriesgar su vida cruzando la frontera del desierto que separa Estados Unidos de Mexico. El desarrollo de este dispositivo es, precisamente, lo que el FBI está intentando detener.

En este Jueves Enmedio conectaremos en directo con Ricardo Dominguez, quien nos contará en primera persona los sucesos de las últimas semanas, así como el estado en el que se encuentra el desarrollo del proyecto Transborder Immigrant Tool

No te lo pierdas. Ponte Enmedio.

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Aquí os dejamos la videoconferencia con Ricardo!