Alemania

#Cologne4every1 (Otra intervención contra el racismo en Alemania)

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Desde los sucesos de Nochevieja, Colonia es una ciudad distinta. Del Refugees Welcome a los sprays de defensa agotados en todas las tiendas de la región. La noche más oscura comienza a desplegar su manto sobre Alemania. El lobo fascista, agazapado durante décadas bajo la colcha neoliberal, asoma de nuevo las orejas. “¡Fuera extranjeros!, ¡Cerremos las fronteras!”, sus primeros aullidos asustan a cualquiera.

Llegamos invitados por el departamento de Intermedia de la Universidad de Colonia. Un amplio grupo de estudiantes nos espera en el aula llenos de curiosidad, son jóvenes y no parecen muy interesados en la política. No importa, al fin y al cabo la política poco puede hacer frente a los problemas sociales a los que hoy nos enfrentamos. Más que política lo que hoy necesitamos es estilo, actitud, y eso es algo que a estos chicos no les falta. Estilo para cortocircuitar el inconsciente colectivo que nos hace odiar al otro, y actitud para desactivar la maldita red neuronal que no nos permite vivir juntos. Hacer algo así será siempre más parecido al trabajo de un artista que al de un politólogo.

Por mucho hartazgo que dicen sentir respecto a los acontecimientos de la pasada nochevieja –y el zafio tratamiento de los medios de comunicación–, todos los asistentes a nuestro taller parecen compartir un mismo sentimiento: que el miedo no se apodere de nosotras. Tenemos que demostrar que Colonia es una ciudad de acogida, dicen, y no una que reacciona con violencia porque tiene miedo. Las palabras más repetidas a lo largo del día son “bienvenida”, “respeto” y “tolerancia”. De ellas y de la marca que dejan en nuestras cabezas cuando se pronuncian es de donde sacamos la idea para la intervención que realizamos en la plaza de la catedral (la misma plaza donde sucedieron las agresiones de nochevieja).

Podría decirse que lo que hicimos fue una imagen de bienvenida colectiva. Una postal humana llena de respeto y tolerancia. Una colección de estampas que buscan acallar el aullido del lobo y el sentido común que lo hace fuerte. De producción sencilla y capaz de adaptarse a muchas situaciones distintas, nuestro dispositivo fotográfico logró ocupar el espacio mediático y las redes sociales con un mensaje claro y muy distinto al de estos días atrás. En vez de “Fuera inmigrantes”, una sonrisa amable; en vez odio y terror, un saludo fraterno desde Colonia, una ciudad de y para todos. #Cologne4every1

Más imágenes de la intervención

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Señor alcalde, ¿deportaría usted también a los Beatles?

Agosto de 1960. Los Beatles desembarcan en Hamburgo, Alemania. No tienen permiso de trabajo, ni de residencia. Entran en el país fingiendo ser estudiantes. Así inician su carrera musical los chicos de Liverpool, tocando por las noches en el Indra y en otros locales del barrio de St. Pauli; y eludiendo a la policía, que no les echa el guante hasta 1962, cuando arrestan y deportan a George Harrison y a Paul McCartney. Menos mal que lo hicieron después de que mucha gente ya los hubiera visto en directo, después de que un gran público hubiese quedado prendido con su música para siempre. No quiero ni pensar lo que nos hubiésemos perdido si los llegan a trincar antes.

Agosto de 2013. Un grupo de ciudadanos subsaharianos desembarcan en Hamburgo provenientes de Lampedusa (Italia). Son unos trescientos y no disponen de permiso de trabajo, ni de residencia. Habían llegado a Lampedusa huyendo de la guerra en Libia, consiguieron entrar en Alemania gracias a una visa de turista y un pasaje de avión –sólo de ida– emitidos por el gobierno italiano (sí, de esta manera tan ruín se quitó la administración de Letta el problema de encima). Desde su llegada a Hamburgo, el Ayuntamiento de esta ciudad está tratando de deportarlos a su país de origen. Lo ha intentado de todas las maneras posibles (campañas de desprestigio incluidas), sin embargo, los refugiados, instalados primero en un campamento auto-organizado y en una iglesia después, continúan resistiendo en el barrio de St. Pauli, el mismo barrio donde vivían y actuaban los Beatles.

Hace dos días, Enmedio también aterrizó en Hamburgo. Hasta allí trasladamos nuestro Taller de Acción Fotográfica, el TAF, para trabajar en un proyecto que ayudase a los refugiados subsaharianos a resistir frente a los intentos de deportación. La noche antes de nuestra llegada, la policía había llevado a cabo varias redadas por los alrededores de la iglesia donde están hospedados. Su intención era identificarlos para avanzar, así, en el proceso de deportación. La nueva estrategia del ayuntamiento parece ser esta: primero identificar sus nombres, después separarlos por cantidad de ingresos obtenidos y, entonces, efectuar las deportaciones comenzando por aquellos que «menos estén aportando a la economía de la ciudad» (sic). Por este motivo decidimos trabajar en una campaña fotográfica que dotase a los refugiados de una identidad que no pudiera ser capturada con facilidad; un nombre que, como John, Paul, George o Ringo, representase a todos y a ninguno a la vez.

Al parecer, las campañas de desprestigio por parte del ayuntamiento están calando entre un amplio sector de la población; según muestran las últimas encuestas, todavía un 25% se muestra a favor de la deportación de los refugiados. A todos ellos les dedicamos esta campaña fotográfica, que la anunciamos así:

«Llegamos hasta aquí en barco. Al principio, nos miraban raro porque nuestra apariencia era diferente. La gente pensaba que éramos criminales, los padres temían por sus hijos. No teníamos dinero. Tampoco teníamos casa, dormíamos donde podíamos. Pero por suerte no estábamos solos. Siempre hubo gente que creyó en nosotros. Somos John, Paul, George y Ringo. En Hamburgo comenzamos nuestra carrera internacional, una nueva vida.
Alcalde Scholz, ¿hubiera deportado usted también a los Beatles?»

Seguro que adivinas dónde pegamos los carteles: las calles de St. Pauli, alrededor de la sala donde actuaban los Beatles, muy cerca de la iglesia donde residen los refugiados, en la Große Freiheit (Gran Libertad), la calle con el nombre más apropiado que pudimos encontrar.

Sigue la campña en Twitter: #Großefreiheit #LampedusaHH #grossefreiheit für #LampedusaHH #Beatles
Visita la página Facebook del proyecto.

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Enmedio interviene en la acampada de Hamburgo

Todos los años, en la ciudad de Hamburgo, se celebra un festival que lleva por nombre kampnagel. Es un festival dedicado, principalmente, a mostrar los últimos avances en performance y teatro contemporáneo. Sin embargo, igual que no hay superficie sin grieta, tampoco hay festival sin rareza, sin eso que se sale de lo establecido, sin elemento sorpresa, vamos. Os explico: para la edición de este año habían invitado, entre otros muchos, a nuestros colegas los Schwabinggrad-ballett, un grupo de artistas y activistas locales que realizan, desde hace ya varios años, un sinfín de acciones políticas de lo más creativas. Dicen ellos que cuando recibieron la invitación del Kampnagel no lo dudaron un minuto: “¿Quién quiere hacer una obra de teatro con lo que está cayendo? Esta pasta la tenemos que emplear en algo más provechoso, algo que sirva para meter caña contra la política de la Unión Europea”. Dicho y hecho. Primero se fueron a Grecia y estuvieron un tiempo trabajando mano a mano con los indignados de la Plaza Syntagma, de esa colaboración salieron al parecer grandes cosas, como la intervención “No en nuestro nombre” que realizaron en la embajada alemana, y que fue noticia en todos los periódicos del país.
Después, a su regreso y coincidiendo con la inauguración del festival, decidieron invertir el dinero que quedaba en organizar un campamento en el Park Fiction, en mitad de la ciudad de Hamburgo. Algo así como la plaza del Sol o la de Syntagma pero en pequeño, claro. En este punto es donde entramos nosotros.
Nos llamaron y nos dijeron que fuésemos para allá, que sería muy interesante mostrar en ese espacio las acciones que Enmedio está realizando últimamente, ya sabéis: los retratos fotográficos contra los desahucios, las fiestas sorpresas en oficinas del paro y entidades bancarias, etc. Nos pareció genial: qué mejor que viajar, precisamente ahora, hasta el corazón de la bestia (hasta uno de ellos, la bestia capitalista tiene varios corazones, y todos negros), y enseñar allí nuestras maneras de plantar cara a esta gran estafa neoliberal. Pillamos el ordenador, las gafas de sol y allí nos plantamos. Visto y no visto. Como además habían invitado también a un buen montón de activistas internacionales, como, por ejemplo, los autores de las películas Debtocracy y Catastroika, pues le sacamos mucho jugo a los tres días que estuvimos allí plantados. Os podéis imaginar el ambiente: charlas, debates, asambleas hasta altas horas de la noche. “¿Qué podemos hacer desde aquí?”, preguntaban los compañeros alemanes, “¿Cómo podemos ayudar a los países que ya están cayendo?”. Pues muy fácil: seguid organizando eventos como este, que seguro que dan sus frutos. De hecho, nosotros nos volvemos con un montón de ideas y contactos bajo en brazo. Ideas que vamos a llevar a cabo desde ya mismo, y contactos de compañeros griegos y alemanes con los que vamos a ir tejiendo una auténtica unión europea. ¡Viva la unión europea!, la de verdad.