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Mundo-valla

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Llevamos un tiempo investigando el Mundo-valla, tanto su funcionamiento como la potencia de aquello que lo interrumpe. Los primeros resultados de esta investigación los hemos publicado en una edición de seis periódicos que, en su conjunto, componen una exposición que recorrerá las calles de varias ciudades. Cada uno de los periódicos contiene una pieza individual de los seis colectivos de arte y activistas incluidos en la publicación: No Mad Makers, Peng! , The Electronic Disturbance Theatre, Center for Political Beauty, The Bil’in Friends of Freedom and Justice y el Taller de Acción Fotográfica de Enmedio. La publicación te propone dos modos de lectura, la lectura lineal que ofrece cualquier periódico, y una lectura mural que permite conocer la relación de cada proyecto con el ensayo que hemos escrito para la ocasión. Al desplegarlo, podrás construir tú misma una fotografía de gran tamaño por un lado, y un póster con los contenidos de todos los proyectos por el otro. Pasa por nuestra exposición y tómalos, son gratuitos; haz que circulen libremente por el Mundo-valla.

Esta pequeña publicación y las acciones que aquí se describen son para nosotros el prospecto de un posible antídoto contra la eficacia disociativa del Mundo-valla. Ojalá lo sean también para ti.

*También puedes descargarte aquí la publicación completa haciendo click sobre los periódicos.

[Ensayo completo más abajo]

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Mundo-valla

El mundo se ha hecho valla. Una gran valla hecha de muchas otras vallas. Vallas de tablas, vallas de espino, vallas hechas de materiales metálicos muy resistentes. Vallas duras, vallas blandas. Algunas vallas son tan blandas que no llegan a ser ni tan siquiera físicas, las llevamos instaladas en nuestro cerebro permitiéndonos ver tan sólo una parte del mundo. Son prejuicios, concepciones, estigmas. También hay vallas bonitas, tan bonitas que nadie diría que son vallas. Bellas vallas que reprimen nuestros actos sin que apenas lo notemos. Estas vallas disminuyen su presencia para aumentar su eficacia; no las vemos, su belleza nos ciega, pero no nos dejan pasar. También hay vallas publicitarias, vallas de gran tamaño que vemos desde nuestra ventana de casa o cuando paseamos por la calle. Son vallas que muestran mundos de ensueño y ocultan otros mundos que nadie quiere ver. En una viñeta de cómic de El Roto una madre y un niño caminan cogidos de la mano junto a una valla de alambre de espino. El niño le pregunta a su madre qué hay al otro lado y la madre le contesta que lo mismo que en éste. “¿Y entonces, para que la ponen?”, pregunta de nuevo el niño; y la madre, impertérrita, le contesta que “para que creas que existe algo más”. Esta viñeta encierra una gran verdad.

 

Cualquier valla funciona siempre en dos sentidos: repeler y proteger. Repeler a los indeseables y proteger a los otros. Si eres de los indeseables, tu experiencia subjetiva de la valla estará siempre unida a las guerras, al hambre, a las crisis internacionales. Si eres de los otros, la valla significará tan sólo seguridad. Cuando algún indeseable logra saltar las vallas instaladas en las fronteras, se encuentra con más vallas. Vallas que excluyen, vallas que conducen a la clandestinidad, a la explotación, a la amenaza continua, al racismo. Muchas de estas vallas las levantan los Estados a lo largo de su territorio nacional y las pagamos nosotros con nuestros impuestos. Otras, sin embargo, las construyen empresas privadas con su dinero y para sus propios intereses. A veces, los Estados y las empresas aúnan esfuerzos en levantar vallas que utilizan para mover el dinero en la dirección que más les conviene a ambos. Y lo mismo hacen con las personas: pase por aquí, circule, deténgase… Algunas veces, las vallas delimitan bordes fronterizos y, otras veces, pedazos de tierra ajenos a cualquier tutela jurídica. Auténticos campos de concentración para indeseables donde quedan suspendidos todos los derechos. Este tipo de valla está cada vez más presente en el Mundo-valla. El Mundo-valla necesita acotar cada vez más zonas de excepción y mantenerlas así por tiempo indefinido. Excepción perpetua. De oxímoron está hecho también el Mundo-valla.

 

Ni las vallas publicitarias ni los políticos hablan nunca del Mundo-valla. Ellos hablan de otras cosas, de globalización, por ejemplo. Un sistema que, según dicen, no tiene grandes complicaciones, algo que contrasta. y mucho, con lo que nos cuentan las vidas cotidianas de los desplazados por esa misma globalización. El precio por desplazarse en el Mundo-valla es variable. A algunas personas les cuesta poco; a otras, sin embargo, les cuesta la vida. Esta variación depende principalmente del lugar donde hayas nacido. Si eres un británico, por ejemplo, a día de hoy puedes visitar más de 160 países sin visado; si eres iraquí, tan sólo 46. Lo único que se desplaza por el Mundo-valla sin problema alguno es el dinero. Para él no hay valla que valga, ni dura, ni blanda, ni externa, ni interna. De hecho, es él, el dinero, la razón por la que existe el Mundo-valla para que pueda desplazarse por él sin impedimentos, y para que, al hacerlo, produzca más dinero. De ahí que el Mundo-valla sea un mundo tan paradójico, porque para que la economía fluya bajo los parámetros de su paradigma liberal absoluto requiere de un paradigma igualmente absoluto de control estatal y policial.

 

Definitivamente, en el Mundo-valla la seguridad es más importante que la paz. De ahí el control constante de los cuerpos desplazados por su superficie. Tecnologías digitales, escáneres ópticos, aparatos biométricos, el Mundo-valla extiende y multiplica los sistemas de control por toda su superficie con la intención de clasificar y ordenar los cuerpos que por él transitan. Estos cuerpos se denominan ciudadanos, turistas, extranjeros, inmigrantes, refugiados, enemigos o terroristas dependiendo de cómo y dónde los clasifique el Mundo-valla. La jerarquía que establece esta clasificación hace del Mundo-valla un lugar donde se entremezclan de forma inextricable lo democrático y lo totalitario, lo arbitrario y lo jurídico, lo concentracional y lo penitenciario, la protección y la brutalidad más grandes que uno pueda imaginar. A veces sucede que algún cuerpo no acepta la condición ni el lugar que le ha sido asignado en el Mundo-valla. En esos casos se produce un cortocircuito, una interrupción en el funcionamiento del Mundo-valla. Las experiencias que aquí presentamos son, de hecho, ejemplos de estas interrupciones. Cuerpos que no aceptan las categorías que les han sido asignadas. Personas y grupos que se niegan a tomar posesión de las parcelas que el Mundo-valla ha reservado para ellas. Sus modos de actuar representan, a nuestro entender, ejemplos ilustrativos de subversión frente a la categorización y el control aplicado a todos nosotros en y por el Mundo-valla.

 

Eso sucede, por ejemplo, con el Transborder Inmigrant Tool. Cuando el Electronic Disturbance Theater desarrolla este dispositivo tecnológico capaz de dar respuesta a las necesidades de aquellos que tratan de cruzar la valla que separa México de los Estados Unidos, lo hace porque sabe que este compartimento del Mundo-valla es una verdadera reserva de muerte. En esta frontera por la que se mueve a diario un intercambio comercial de más de mil millones de dólares, la valla está hecha de alambre de espino y de desierto. Esta valla-desierto es la necrópolis de miles de personas clasificadas por el Mundo-valla como inmigrantes ilegales. Auténticos sobrantes del Mundo-valla. Si vienes del lado malo de la alambrada, el desierto es la muerte. Esto provoca, entre otras cosas, que el otro lado, el bueno, resulte más codiciado cada vez. Y es que la muerte en el Mundo-valla, lejos de debilitar la economía, la afianza, la hace subir. La muerte es un gran negocio en el Mundo-valla. Y el funcionamiento de este negocio requiere de un complejo soporte tecnológico.

 

En mitad del incesante desarrollo de nuevas tecnologías destinadas a efectuar todo tipo de operaciones de selección, detección, localización, identificación y, finalmente, ejecución, el Transborder Inmigrant Tool funciona como un interruptor de muerte. Este sencillo equipo de supervivencia, elaborado con desechos tecnológicos del primer mundo, desafía el complejo entramado técnico que hace del Mundo-valla un espacio en continua vigilancia. Vigilancia aérea, vigilancia terrestre, vídeovigilancia. El Electronic Disturbance Theater emplea los mismos medios de localización y control que conducen a la muerte a miles de personas cada año para ayudarlas a evitar este destino asignado. Algo así supone un gran desafío en el Mundo-valla, ya que su funcionamiento se basa, precisamente, en compartimentarlo todo, asignarnos un lugar concreto a cada uno de nosotros y vigilar que no nos salgamos de él. Acciones como ésta o como las que llevan a cabo los Fluchthelfer.in (Agentes de escape) en la frontera sur de Alemania, nos enseñan a revertir aquello que nos empuja hacia el interior de nuestros propios compartimentos. Esto es: nos ayudan a escapar de nuestra propia reclusión.

 

La reclusión en categorías es lo que hace que cobren vida fenómenos sociales como la intolerancia o la violencia. Desde el interior de una categoría es fácil que veamos a las otras como responsables de todas las desgracias que sufrimos. Un “nosotros” seguro de sus propias verdades se hace fuerte dentro de la cárcel de las categorías. Verdades racistas, nacionalistas, verdades fundamentalistas religiosas o de cualquier otro tipo surgen entonces reivindicando más protección, más seguridad. Y esta reivindicación refuerza las vallas del Mundo-valla. Por el contrario, cuando ayudamos a una persona a cruzar una frontera, como hacen los Fluchthelfer.in o, dicho de otro modo, cuando ayudamos a alguien a escapar de la categoría en la que se encuentra atrapado, lo que hacemos es desgastar el cerco que nos separa a unos de los otros. Abrimos grietas en Mundo-valla.

 

Lo que persigue el Mundo-valla no es tanto gobernar, sino administrar y controlar. Y sus métodos de control no tratan tanto de mantener el orden, sino de dirigir el desorden que el propio Mundo-valla provoca. Cuanto más desorden, más beneficios para él. De ahí que las excepciones tales como una guerra o un campo de refugiados dejen de serlo y pasen a convertirse en estados permanentes dentro de su dominio. En el Mundo-valla nada es pasajero, todo ha llegado para quedarse y, cuanto más tiempo, mejor. Las guerras que se libran en su interior no son guerras que puedan ser ganadas o perdidas; no se trata de eso. La finalidad de la guerra en el Mundo-valla es la de crear más “seguridad”, es decir: más valla. El paradigma de seguridad del Mundo-valla implica que cada conflicto social que se dé en su seno refuerce su poder haciendo más alta y más fuerte la valla. Esto es evidente cuando hablamos de terrorismo. Cuanto más convencidos estamos de que hay terroristas al acecho, más vallas produce el Mundo-valla.

 

En este sentido, podría decirse que el Mundo-valla exhibe una función y realiza otra. Exhibe protección ante los peligros que los medios de comunicación muestran a diario, pero lo que produce en realidad es un estado de excepción normalizado, que es la característica principal de su (des)orden. Por eso, cuando alguien como las diseñadoras de No Mad Makers abandonan el camino que el Mundo-valla les ha trazado (en su caso, trabajar como diseñadora en una empresa comercial) y se trasladan a un campo de refugiados con la intención de aplicar allí todo su conocimiento, lo que están haciendo en realidad es atacar los fundamentos mismos de este mundo. A diferencia de esos otros creadores que dedican sus esfuerzos a diseñar un amplio abanico de elementos creativos para que la condición de excepción se perpetúe, lo que hacen estas chicas confeccionando bolsas de viaje para refugiados es rebelarse contra la condición misma de perpetuidad. A diferencia de esas cabinas dormitorio con las que se enriquece una subempresa de Ikea vendiéndoselas a los gobiernos de varios países para asegurar la permanencia de los (no)refugiados en los campos de excepción, las bolsas de No Mad Makers, hechas con materiales reciclados de las lanchas y chalecos salvavidas empleados por esos mismos refugiados, actúan en sentido contrario: ayudándoles a salir de ahí. Diseñar algo así es dejar de ver nuestro cuerpo como una mercancía susceptible de ser desechada en cualquier momento; es borrar del suelo las líneas que nos separan en el Mundo-valla.

 

Si preguntásemos a la gente cuál es la valla más famosa de todos los tiempos, seguramente nos dirían que el Muro de Berlín. La razón por la que todos conocemos tan bien esta valla es porque asociamos su caída al sueño de un mundo sin fronteras. Sin embargo, como dijo en una ocasión un poeta francés, “Nada se abre sino para volverse a cerrar”. Más que un sueño, lo que la caída del Muro de Berlín representa es, en realidad, la inauguración de una pesadilla: la pesadilla del Mundo-valla. Si el sueño de un mundo abierto y sin fronteras ofreció durante décadas grandes beneficios económicos a empresas y gobiernos, la pesadilla del Mundo-valla, con sus Estados fortificados, sus campos de refugiados y sus centros de internamiento para inmigrantes y terroristas, pretende recaudar mucho más en este nuevo milenio. Porque, a diferencia del Muro de Berlín, capaz únicamente de  separar dos partes entre sí (Este y Oeste; socialista y capitalista), el Mundo-valla lo separa todo y a todos. Y lo hace, precisamente, apoyándose en la idea de que la separación, las fronteras, las vallas, son cosa del pasado. De un pasado que terminó con la caída del Muro de Berlín. En el Mundo-valla, cuanta más antigüedad “museística” adquiere un concepto, con más fuerza actúa en el presente. Cuanto más se convierte un signo como el muro de Berlín en una dramatización memorial y conmemorativa, más y más muros se erigen por todas partes.

 

La frontera sur de Europa, sin ir más lejos, es a día de hoy un muro mucho mayor y más militarizado de lo que lo fue nunca el muro de Berlín. Este “cinturón de seguridad frente a la inmigración” se ha ido militarizando en los últimos años a través de complejos sistemas de vigilancia responsables, entre otras muchas, de la tragedia de Lampedusa, en la que murieron cientos de personas en tan sólo un mes. Por eso nos parece tan importante la intervención llevada a cabo por el grupo Center of Political Beauty. Cuando durante el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín estos chicos se apropian de las cruces que conmemoran a los que murieron tratando de cruzarlo durante el periodo de la Guerra Fría y las trasladan a la valla de la frontera sur de Europa, realizan un acto que merece ser atendido. Con este simple acto de resignificación nos despiertan de golpe del sueño de un mundo abierto y pacífico, mostrándonos el papel que desempeñan los signos históricos en el Mundo-valla: ocultar y normalizar la brutalidad de sus operaciones.

 

Esta brutalidad no siempre es física y manifiesta. Cuando uno se enfrenta con la violencia sistémica de las vallas físicas y consigue llegar con vida a un nuevo compartimento del Mundo-valla, su supervivencia no está garantizada, ni mucho menos. Otra violencia, otras vallas aparecen entonces para mantener a los recién llegados marginados de la comunidad local. Estas vallas no se ven, son vallas internas. Patrones de comportamiento, reglas no escritas, prejuicios y actitudes que operan en la sociedad local como principios orientadores en la relación con el extranjero. Las vallas internas, como el resto de vallas, actúan también diferenciando legal de ilegal y definiendo quién puede vivir allí y quién no. Este paso de la valla física a la valla interna hace del control del espacio algo más discreto e interactivo, pero no por ello menos efectivo. Ideas, opiniones, cultura son los canales por los que transitan y actúan estas vallas. De alguna manera, son el complemento subjetivo de las relaciones de desigualdad económica que forman el conjunto del Mundo-valla. Los que se topan con ellas las perciben como rechazo, como discriminación social basada en el supuesto de que hay algún tipo de diferencia ontológica entre los locales y los recién llegados que comparten un mismo territorio.

 

Cuando los miembros del colectivo Enmedio trasladamos nuestro ”Taller de Acción Fotográfica” hasta la ciudad alemana de Hamburgo con la intención de echar una mano a los refugiados africanos recién llegados allí desde Lampedusa, lo que nos encontramos nada más bajar del tren fueron vallas internas; infinidad de vallas internas. Un modo habitual de actuación de estas vallas es asignando privilegios y restricciones a los diferentes habitantes de un mismo espacio. Esta asignación diferencial se explicita, a veces, incluso en la propia legislación del lugar, escudándose en cosas tan ambiguas como la “protección de la cultura”. Las personas con las que nos reunimos en el campamento improvisado en el centro del barrio de St. Pauli, se encontraban excluidas de prácticamente toda actividad social. No podían andar libremente por la ciudad sin riesgo a ser deportadas, no podían trabajar y no disponían de asistencia médica. Asociados con normas culturales “diferentes”, los medios de comunicación los presentaban a diario como auténticas amenazas a la cultura local, capaces, decían, de “disolver la comunidad a la que acababan de llegar”. Y, por supuesto, este relato disponía a la opinión pública a favor de la exclusión de los refugiados africanos. Esta manera de hostigar y culpar a una parte de la población, mientras se le recuerda a la otra que se está velando por su seguridad, es una de las tácticas de control más y mejor empleadas por el Mundo-valla. Precisamente así, de esta manera, es como se asigna, por ejemplo, el grado de ciudadanía entre sus habitantes: ciudadano de primera, ciudadano de segunda, no-ciudadano.

 

La producción y distribución de unos carteles publicitarios en los que aparecían las caras de varias de estas personas relacionadas con una procedencia distinta a la suya y con un signo cultural (los Beatles) muy diferente también a esos otros signos con los que estaban siendo relacionadas en los medios de comunicación, fue nuestro intento por revertir la lógica diferencial que prescribe quién puede y quién no puede vivir en el Mundo-valla. Empleamos el signo cultural de los Beatles porque en su día ellos también fueron inmigrantes en esta ciudad, y porque a día de hoy su nombre representa un gran impulso en la gentrificación del barrio de St. Pauli. Si una gran parte de la eficiencia de las vallas duras reside en su ostentosa visibilidad, la eficacia de las vallas blandas depende más bien de lo contrario: de que no se vean. Por eso decidimos hacer algo tan vistoso como estos carteles para llamar la atención e intervenir sobre toda esa producción de categorías dedicadas a la ardua tarea de separar a la población autóctona de la población inmigrante, todo ese orden simbólico que relaciona a los inmigrantes con lo ilegal. Como puede observarse con este ejemplo, el plan estratégico con el que el Mundo-valla mantiene su poder es bastante sencillo. Consiste principalmente en obstaculizar la circulación de los sobrantes, convertirlos en un espectáculo mediático capaz de crear una opinión pública favorable al control y entonces seguir ampliando los beneficios del negocio de la seguridad. Ejemplos donde se aplica este plan estratégico hay miles, pero sin duda uno destaca por encima de todos: la valla de Israel.

 

En este pequeño pedazo del Mundo-valla se aprecia a la perfección todo su sentido. Es aquí donde el Mundo-valla despliega todas y cada una de sus vallas. En este auténtico laboratorio de tecnologías de control se perfeccionan las tácticas políticas, militares y demográficas que garantizan el futuro del Mundo-valla. Construida con la excusa de un “estado temporal de emergencia”, la valla de Israel es a día de hoy permanente. Estado de emergencia permanente, el estado ideal del Mundo-valla: su naturaleza. Bajo este estado, el Mundo-valla amplía su capacidad material, simbólica y psicológica. Al suspender la idea misma de una posible solución al conflicto, el Mundo-valla prolonga los beneficios que obtiene de él. Suspender toda posibilidad de solución a un conflicto significa que todo lo demás quede en suspenso también: la ley, la responsabilidad política, los derechos humanos. Eso es lo que quiere decir, exactamente, “estado de emergencia permanente”: intensificar la violencia que pretende repeler y generar con ello la necesidad de más control, de más valla. En un estado así, la violencia está siempre justificada por la necesidad de protección. De alguna manera, el Mundo-valla produce individuos que le reclaman al Mundo-valla protección contra el propio Mundo-valla.

 

Por un lado, el Mundo-valla hace referencia continua a la excepción, a la urgencia y a una noción ficticia del enemigo; por otro, trabaja produciendo esta misma excepción, urgencia y enemigo ficticio. Los palestinos son los enemigos ficticios de los israelíes en este rincón del Mundo-valla. Bajo una vigilancia militar que busca inmovilizarlos y atomizarlos, los palestinos se ven rodeados por los dominios cerrados y hostiles de unos vecinos que, de un modo u otro, quieren hacerlos desaparecer. Cerrado el espacio y atomizada su estructura comunitaria, la geografía social de los palestinos se torna un lugar extraño y hostil donde la vida comienza a ser inimaginable. Quizá fuese por esto por lo que los chicos de The Bil’in Friends of Freedom and Justice decidieran llevar a cabo una acción como la de “Avatar Palestino”, porque para ellos habitar el Mundo-valla no consiste ya en lidiar con una vida difícil, sino más bien en lidiar con una muerte violenta y prácticamente segura. Es como si intuyesen que actuar como lo hicieron frente a las cámaras de televisión de medio mundo –las mismas que los estigmatizan a diario– fuese la única manera de sobrevivir en una situación como la suya, que sólo enfrentándose a la valla que les hace ser quienes son, sólo dejando de representar el papel que se ven forzados a representar todos los días, fuese la manera de dar con una fuerza capaz todavía de mantenerlos con vida. Si nos fijamos con atención, nos damos cuenta de que el Mundo-valla funciona y se hace fuerte únicamente mediante la división, la separación y la clasificación de sus habitantes. Por eso su objetivo principal es siempre el de garantizar que no se establezcan técnicas, experiencias o relatos compartidos capaces de hacer frente a la partición que impone. Esta pequeña publicación y las acciones que aquí se describen son para nosotros el prospecto de un posible antídoto contra la eficacia disociativa del Mundo-valla. Ojalá lo sea también para ti.

 

 

 

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