Autor: Santiago López Petit

Todo el mundo está de acuerdo en una cosa: Barcelona está viviendo el final de una época. Es algo que se siente. El entusiasmo con el que sus habitantes se identificaban con la ciudad ha desaparecido. Un viento frío agita el oasis. Un botón de muestra: el sábado último de enero del 2007 en la capital catalana tuvieron lugar hasta cinco manifestaciones de protesta distintas dirigidas contra el modelo de ocio del Tibidabo, contra la ley de extranjería, contra la línea de alta tensión (MAT), contra el trazado del TGV, y contra las barreras laterales peligrosas de la red viaria. La lucha por la vivienda, por su parte, ha pasado a un primer plano alterando todas las agendas políticas. “Barcelona batega” (Barcelona late) dice el último eslogan. Efectivamente, el corazón de Barcelona late, pero no por lo que le gustaría al Ayuntamiento, sino porque se abre un nuevo tiempo de conflictividad creciente. O lo que es lo mismo, el modelo Barcelona se hunde.
Final de una época significa, pues, final del modelo Barcelona. Parece que la combinación turismo y cultura, servicios y negocio inmobiliario, todo ello aderezado mediante eventos espectaculares ha dejado de funcionar. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué se hunde el modelo Barcelona si tenía tanto prestigio en todo el mundo? Ciertamente, cuando se hablaba del modelo Barcelona se hacía siempre para enaltecer su urbanismo, su modo de organizar la participación ciudadana o la función cohesionadora de la cultura. Aunque desde voces tan autorizadas como O. Bohigas se haya negado que existiera realmente un modelo Barcelona”(1) es evidente que el modelo ha existido. Lo que ocurre es que, mal que les pese a los arquitectos, el modelo era esencialmente político. En otras palabras, el modelo Barcelona ha sido antes que nada un dispositivo de poder basado en la producción de consenso y cuyo objetivo, desde el primer momento, no era otro que hacer de Barcelona una marca, es decir, situar a Barcelona favorablemente en el mercado mundial de las metrópolis. Evidentemente, este dispositivo de poder que debía reconducir los conflictos, gestionar las diferencias y, en definitiva, pacificar lo social tenía que ser necesariamente complejo. En su constitución intervendrán desde el tratamiento arquitectónico del espacio público a un uso espectacular de la cultura, pasando por la represión pura y simple cuando haga falta. Este dispositivo complejo de poder es lo que se vendió mundialmente como el “modelo Barcelona”. La paradoja es que cuando la marca BCN es máximamente conocida, cuando son miles los turistas atraídos por ella, el modelo Barcelona se hunde porque los que diariamente lo sufren ya no creen en él.
Porque esta es la verdadera cuestión: la realidad ha efectuado en pocos años una crítica más radical que la que hubiese podido llevar a cabo el más radical de los críticos. Efectivamente, se ha pasado de creer vivir en la mejor ciudad del mundo a la afirmación de que es imposible vivir en Barcelona. Y esta imposibilidad no es teórica sino tan real como que no se puede encontrar una vivienda digna a un precio razonable. Pero es más, el sueño se ha venido abajo en sus aspectos más diversos. De las Ramblas, que era “el paseo más bonito del mundo”, dice actualmente un portavoz de las floristas: “Esto es Benidorm, un paseo dominado por el turismo de más bajo nivel, con la personalidad por los suelos, una sombra de lo que fue”(2). En la ciudad del Forum de las culturas 2004, el incremento de casos de abusos policiales a inmigrantes por parte de los Mossos d’Esquadra pasa de 3 en el 2005 a 24 en el 2006(3) . Y así podríamos seguir contando como la marca Barcelona ha acabado triturando los deseos de igualdad, de justicia y de bienestar.
Y, sin embargo, la hora de la verdad tenía que llegar algún día. El modelo Barcelona fue construido mediante la expropiación y capitalización de la fuerza colectiva de las luchas antifranquistas, mediante la canalización de un derecho a la ciudad reivindicado en la calle. El modelo Barcelona, en fin, es hijo de la transición política postfranquista, y por eso encierra todas sus contradicciones. La única ambigüedad que no existió nunca, fue que la modernización de la ciudad tenía que ser una modernización al servicio de los intereses del capital. Lo que para nada quiere decir que no tuviese apoyo popular. Los Juegos Olímpicos del 92 constituyen como es bien conocido el momento en el que la separación entre las instituciones y la gente es menor. Son el momento en el que la ciudad en tanto que marca es por fin proyectada al mundo. También es cuando el modelo Barcelona funciona como un auténtico dispositivo de poder bien engrasado, y produce la figura del ciudadano. Porque el ciudadano no es en sí mismo una figura crítica, muy al contrario, el ciudadano constituye la pieza esencial del engranaje de poder que es el modelo Barcelona. Por eso la propaganda institucional tendrá siempre la forma de una movilización ciudadana. “Tots som el motor de Catalunya. No paris” (Todos somos el motor de Catalunya. No te pares). El objetivo del modelo Barcelona – y en eso consiste, en última instancia, el modelo - es una movilización de cada uno para (re)producir la marca Barcelona. En la consigna “Tots movem Barcelona” (Todos movemos Barcelona) que será su forma más acabada, se muestra, por un lado, que el ciudadano es realmente una pieza del mecanismo, y por otro lado, que la socialidad creada es un puro simulacro.
Porque el modelo Barcelona presupone y, a la vez, construye performativamente este “Tots” (Todos). La campaña ya antigua de la Generalitat “Catalunya gent d’equip. No te’n desmarquis” (La gente de Catalunya forma un equipo. No te desmarques) inició el camino. Las instituciones nos empezaron a vender la idea de que todos, absolutamente todos, formábamos parte del mismo equipo. La imagen de origen toyotista empleada era candorosa: mecánicos, carniceras, policías, oficinistas… todos aparecían retratados juntos. Ese sueño de unidad productiva y política se ha venido abajo. Del espíritu olímpico queda sólo un museo recientemente inaugurado, y la operación del Forum 2004 que perseguía abrir el “equipo” a las diferencias multiculturales no consiguió tampoco refundarlo. Como decíamos, la realidad ha efectuado la más radical de las críticas. En la medida en que Barcelona era conocida en el mundo como marca, más necesario se hacía adecentar la ciudad, es decir, recuperar los espacios públicos para el consumo, neutralizar los movimientos críticos, expulsar la pobreza… La ordenanza cívica, en el fondo, no será más que una operación de limpieza del “equipo”(expulsión de pobres, prostitutas, disidentes…) para adecuarlo a su función de ciudad-empresa.
Y llegamos al final. La marca ha triunfado pero para hacerlo ha tenido que expulsar la vida. Del centro a la periferia. Sólo de esta manera ha conseguido su victoria. Ciertamente ha llegado la hora de la verdad. Frente a la marca Barcelona están los ancianos con pensiones bajas, los mileurizados, los inmigrantes hacinados en pequeños cubículos… y todos aquellos cuyo querer vivir no se satisface con el consumo de una marca. Hemos dicho repetidas veces que el modelo Barcelona es un barco que se hunde. Ahora podemos afirmar que la punta del iceberg con el que ha chocado es el malestar social. Un malestar difuso pero potente. Un malestar que se expresa en el abstencionismo electoral, en la desocupación de las instituciones, en la invención de formas de vida alternativas. Hay fuerzas políticas reaccionarias que pretenden capitalizarlo. No es fácil si ese malestar se politiza. El grito del malestar social es “Que se vayan todos”. La reciente abstención electoral es solamente el primer aviso.
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Notas:
(1) Citado por H. Capel en su escrito “De nuevo el modelo Barcelona y el debate sobre el urbanismo barcelonés.” En Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales Vol.XI, nº629, 25 de enero de 2006.
(2) “Las floristas de las Ramblas piden a los barceloneses que vuelvan a su paseo dominado por el turismo”. La Vanguardia 24-3-2006
(3) “SOS racismo alerta”. ADN 22-3-2007

![El Falso New York Times [Nov.2008]](http://farm4.static.flickr.com/3018/3047909226_39afd9e87b_s.jpg)
![El Falso New York Times [Nov.2008]](http://farm4.static.flickr.com/3137/3047072061_242bb5194c_s.jpg)
![El Falso New York Times [Nov.2008]](http://farm4.static.flickr.com/3202/3047072007_b758831c45_s.jpg)
![El Falso New York Times [Nov.2008]](http://farm4.static.flickr.com/3289/3047908996_2f770d1ee7_s.jpg)