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Señor alcalde, ¿deportaría usted también a los Beatles?

Agosto de 1960. Los Beatles desembarcan en Hamburgo, Alemania. No tienen permiso de trabajo, ni de residencia. Entran en el país fingiendo ser estudiantes. Así inician su carrera musical los chicos de Liverpool, tocando por las noches en el Indra y en otros locales del barrio de St. Pauli; y eludiendo a la policía, que no les echa el guante hasta 1962, cuando arrestan y deportan a George Harrison y a Paul McCartney. Menos mal que lo hicieron después de que mucha gente ya los hubiera visto en directo, después de que un gran público hubiese quedado prendido con su música para siempre. No quiero ni pensar lo que nos hubiésemos perdido si los llegan a trincar antes.

Agosto de 2013. Un grupo de ciudadanos subsaharianos desembarcan en Hamburgo provenientes de Lampedusa (Italia). Son unos trescientos y no disponen de permiso de trabajo, ni de residencia. Habían llegado a Lampedusa huyendo de la guerra en Libia, consiguieron entrar en Alemania gracias a una visa de turista y un pasaje de avión –sólo de ida– emitidos por el gobierno italiano (sí, de esta manera tan ruín se quitó la administración de Letta el problema de encima). Desde su llegada a Hamburgo, el Ayuntamiento de esta ciudad está tratando de deportarlos a su país de origen. Lo ha intentado de todas las maneras posibles (campañas de desprestigio incluidas), sin embargo, los refugiados, instalados primero en un campamento auto-organizado y en una iglesia después, continúan resistiendo en el barrio de St. Pauli, el mismo barrio donde vivían y actuaban los Beatles.

Hace dos días, Enmedio también aterrizó en Hamburgo. Hasta allí trasladamos nuestro Taller de Acción Fotográfica, el TAF, para trabajar en un proyecto que ayudase a los refugiados subsaharianos a resistir frente a los intentos de deportación. La noche antes de nuestra llegada, la policía había llevado a cabo varias redadas por los alrededores de la iglesia donde están hospedados. Su intención era identificarlos para avanzar, así, en el proceso de deportación. La nueva estrategia del ayuntamiento parece ser esta: primero identificar sus nombres, después separarlos por cantidad de ingresos obtenidos y, entonces, efectuar las deportaciones comenzando por aquellos que «menos estén aportando a la economía de la ciudad» (sic). Por este motivo decidimos trabajar en una campaña fotográfica que dotase a los refugiados de una identidad que no pudiera ser capturada con facilidad; un nombre que, como John, Paul, George o Ringo, representase a todos y a ninguno a la vez.

Al parecer, las campañas de desprestigio por parte del ayuntamiento están calando entre un amplio sector de la población; según muestran las últimas encuestas, todavía un 25% se muestra a favor de la deportación de los refugiados. A todos ellos les dedicamos esta campaña fotográfica, que la anunciamos así:

«Llegamos hasta aquí en barco. Al principio, nos miraban raro porque nuestra apariencia era diferente. La gente pensaba que éramos criminales, los padres temían por sus hijos. No teníamos dinero. Tampoco teníamos casa, dormíamos donde podíamos. Pero por suerte no estábamos solos. Siempre hubo gente que creyó en nosotros. Somos John, Paul, George y Ringo. En Hamburgo comenzamos nuestra carrera internacional, una nueva vida.
Alcalde Scholz, ¿hubiera deportado usted también a los Beatles?»

Seguro que adivinas dónde pegamos los carteles: las calles de St. Pauli, alrededor de la sala donde actuaban los Beatles, muy cerca de la iglesia donde residen los refugiados, en la Große Freiheit (Gran Libertad), la calle con el nombre más apropiado que pudimos encontrar.

Sigue la campña en Twitter: #Großefreiheit #LampedusaHH #grossefreiheit für #LampedusaHH #Beatles
Visita la página Facebook del proyecto.

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george

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