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	<title>Enmedio &#187; Materiales</title>
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	<description>Arte, Política y Nuevas Tecnologías</description>
	<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 16:11:32 +0000</pubDate>
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		<title>Piratas de letra pequeña (Apuntes sobre el proyecto &#8220;Life In A Day&#8221;)</title>
		<link>http://www.enmedio.info/piratas-de-letra-pequena-apuntes-sobre-el-proyecto-life-in-a-day/</link>
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		<pubDate>Fri, 23 Jul 2010 12:50:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>leodecerca</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Materiales]]></category>

		<category><![CDATA[audiovisual]]></category>

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		<description><![CDATA[Apunte sobre las poco debatidas condiciones que se exigen a los usuarios para participar en el proyecto "Life In A Day" que se realiza en Youtube.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2010/07/arton26-bb868.jpg"></a><a href="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2010/07/lavidaenundia.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1300" title="lavidaenundia" src="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2010/07/lavidaenundia.jpg" alt="lavidaenundia" width="220" height="124" /></a>Por <strong><span class="vcard author"><a class="url fn spip_in" href="http://embed.at/auteur4.html">Felipe G. Gil</a></span></strong><strong><span class="vcard author"><a class="url fn spip_in" href="http://embed.at/auteur4.html"></a></span></strong></p>
<p><strong></strong>Se ha extendido la idea de que un <em>pirata</em> es aquel que comparte  un producto cultural en las redes de pares. No es extraño encontrar a  gente con sentido común que desconoce qué significa el <a class="spip_out" href="http://mangasverdes.es/2009/02/10/un-fiscal-recuerda-que-el-p2p-no-es-delito/">derecho a copia privada en España</a>. Que creen que  el <em>copyleft</em> es una ínfula <em>hippie</em> o una utopía comunista.  En otra ocasión pusimos <a class="spip_in" href="http://embed.at/article9.html">ejemplos de cómo es posible aunar la remuneración de los  autores y fomentar la cultura audiovisual libre</a>. En esta ocasión  vamos a destapar lo que para nosotros sí es un claro ejemplo de  piratería cultural.</p>
<h3 class="spip">La vida en un día</h3>
<p><strong>Ridley Scott</strong>, <strong>Kevin Mcdonald</strong> y la  comunidad de <strong>Youtube</strong> nos presentan «un <a class="spip_out" href="http://www.youtube.com/lifeinaday">experimento  cinematográfico</a> histórico»:</p>
<blockquote><p>&#8220;La vida en un día&#8221; es un experimento global histórico  destinado a la creación del primer largometraje del mundo filmado por  los usuarios: un documental rodado enteramente por vosotros en un único  día. El 24 de julio, dispondrás de 24 horas para captar un retazo de tu  vida con una cámara. Las secuencias más significativas y más fascinantes  se editarán en un experimento documental producido por Ridley Scott y  dirigido por Kevin McDonald. La película se estrenará en el Festival de  Cine de Sundance en enero de 2011 y se podrá ver en Youtube. Si tu  secuencia se incluye en la película definitiva, aparecerás como  co-director de la misma y podrás convertirte en uno de los 20  colaboradores seleccionados junto con Kevin McDonald a la presentación  del documental en Sundance.</p></blockquote>
<p>En <a class="spip_out" href="http://www.youtube.com/watch?v=C_4uii96xqM">este vídeo con subtítulos en castellano</a> Kevin  Macdonald explica sus intenciones narrativas (las cuales, al margen de  lo que vamos a contar, son loables). En el texto que acompaña el vídeo  en la web principal, McDonald concluye: «se trata un experimento único  en el ámbito del rodaje colaborativo». La película está apoyada por <a class="spip_out" href="http://www.lgblog.es/2010/07/07/los-famosos-cineastas-ridley-scott-y-kevin-macdonald-piden-a-la-comunidad-de-youtube-que-capturen-su-vida-en-un-dia/"><strong>LG</strong></a>. A juzgar por la cantidad de  idiomas a las que la página ha sido traducida, no parece ser un proyecto  independiente o que cuente con pocos recursos.</p>
<p>La mayoría de medios que han recogido la noticia destacan lo  innovador del experimento. Aquí es dónde quizás habría hacer un grito  infinito que llegara a todos los rincones de todas las redacciones del  mundo: ¿no quedan periodistas que sospechen? (excluyo conscientemente a  periodistas ciudadanos, <em>bloggers</em>, etc.). Ningún medio español de  los que han referenciado la noticia (&#8221;El Mundo&#8221;, &#8220;El País&#8221;, &#8220;La  Vanguardia&#8221;, &#8220;ABC&#8221;) se hace eco de lo que vamos a mencionar.</p>
<h3 class="spip">La letra pequeña</h3>
<p>Escarbando un poco se llega hasta <a class="spip_out" href="https://docs.google.com/document/pub?id=1csinfsXQZ9nHPOv8qPWNLDH2cTxFUSuutiMnQHtIC1c">este documento de <strong>Google</strong></a> donde se  despliega la letra pequeña del proyecto. Y aquí empieza el mal rollo.</p>
<p>Lo primero, una recomendación aparentemente sensata: «Evita el uso de  música en el vídeo». Pero, ¿no era un experimento audiovisual? ¿es que  muchos de los usuarios de Youtube no narran su día a día añadiendo  música a sus vídeos? Si lo que les preocupa es que sea música con  derechos restringidos, quizás podrían dar un listado de canciones  permitidas. O música compuesta por los propios usuarios. O música libre  de derechos. O quizás&#8230; lo que quieren son los brutos bien limpios para  poder editar a su gusto, vale.</p>
<p>Seguimos. Solo puede participar en el proyecto «cualquier persona que  tenga más de 13 años».  Y continúan: «excepto los ciudadanos nacionales  y residentes de Cuba, Corea del Norte, Irán, Myanmar (Birmania), Siria y  Sudán, y otras personas y entidades limitadas por programas de  sanciones y controles de exportación estadounidenses». Es decir, cuando  Kevin McDonald dice aquello de que el proyecto «constituye una cápsula  en el tiempo a través de la cual se podrá mostrar a generaciones futuras  cómo era la vida el 24 de julio de 2010», ¿qué piensa decirle a un niño  que pregunte en el año 2050 «Papá, ¿antes no existían los niños como  yo?». Quizás&#8230; Es que grabar un rodaje colectivo con niños es  complicado por temas de derechos&#8230; Vale, vale. ¿Y qué le diríamos si  pregunta por los ciudadanos excluidos de los citados países? Mejor nada.</p>
<p>Y por fin, el punto álgido. Llegamos al centro de la llaga. La  verdadera letra pequeña. Las siguientes dos preguntas:</p>
<blockquote><p><strong>¿Recibiré alguna compensación económica si mi  secuencia se utiliza en la película?</strong><br />
No, no recibirás ninguna retribución económica por colaborar ni por  ser seleccionado. No obstante, tu nombre aparecerá en los créditos de la  película.</p></blockquote>
<blockquote><p><strong>¿Quién será el propietario de mi vídeo si resulta  seleccionado para la película?</strong><br />
Seguirás siendo el propietario del vídeo, pero deberás aceptar los <a class="spip_out" href="http://sites.google.com/site/liadterms/">términos  y condiciones</a> para otorgar a Life In A Day Films el derecho de  incluir tu vídeo en la película y de hacer un uso permanente de la misma  en todos los medios. Al subir el vídeo, también aceptas la concesión de  determinados derechos del mismo a Youtube, tal como se establece en los  <a class="spip_out" href="http://www.youtube.com/t/terms">términos de  uso</a>.</p></blockquote>
<p>En definitiva. No estamos hablando de una productora independiente.  No estamos hablando de una administración que luego cederá los  materiales producidos a dominio público. No, estamos hablando de LG, de  Ridley Scott, de Kevin McDonalds, del Instituto Sundance y de Youtube  (Google por extensión). ¿Este es el camino a seguir? No, esto es  lamentable. Van a producir una película precarizando el trabajo de  quiénes la realizan. Nos hacen creer que el usuario está en el centro y  está en el extremo, junto con la letra pequeña, desde donde los  autorizas a explotar tus imágenes sin remunerarte económicamente.  Expolian tu creatividad. ¿Y a cambio de qué? Sí, claro. De que puedas  decirle a tus amigos que eres co-director y de la posibilidad de viajar a  Sundance. Toda una forma de generar nuevos modelos de negocio.</p>
<h3 class="spip">En España</h3>
<p>Esta tendencia no es nueva. Y es muy peligrosa. Ya en la dichosa  campaña de <a class="spip_out" href="http://estosololoarreglamosentretodos.org/">&#8220;Esto sólo lo arreglamos entre todos&#8221;</a>, venía (<a class="spip_out" href="http://estosololoarreglamosentretodos.org/condiciones-de-uso">en la letra pequeña</a>, cómo no) una cláusula infame  que decía:</p>
<blockquote><p>Los usuarios, por el hecho de acceder a la web y utilizar  sus funcionalidades, autorizan a S.C.P.F., en exclusiva y con facultad  de autorizar a su vez a terceros, sin limitación territorial, para  llevar a cabo la fijación, reproducción, distribución, comunicación  pública, puesta a disposición y transformación de su imagen incluida en  los vídeos y/o fotos que facilite todo ello para su explotación a través  de la web o cualquier otro soporte o medio de comunicación (con  carácter enunciativo y no exhaustivo: <em>on-line</em>, televisivo y/o  video-gráfico).</p></blockquote>
<p>Y en la <a class="spip_out" href="http://www.lawikipeli.com/">&#8220;Wikipeli&#8221;</a>,  proyecto financiado por <strong>Mahou</strong>, <a class="spip_out" href="http://www.lawikipeli.com/wikipeli/politica-privacidad">también</a>:</p>
<blockquote><p>Los usuarios que participen, a través de cualquier  aportación de contenido, por el hecho de participar, ceden de forma  gratuita los derechos para la comunicación pública, reproducción,  comercialización, distribución y transformación a Mahou para su  inclusión y difusión en la página web lawikipeli.com y para la  explotación del cortometraje mediante cualquier modalidad de difusión o  distribución a nivel internacional y con la facultad de cederlos a  terceros.</p></blockquote>
<p>Así pues, consideremos esto como una mala noticia de «lo 2.0». La  buena es que todavía existen muchos insensatos capaces de leerse la  letra pequeña. Como este comentario anónimo en la noticia de &#8220;El Mundo&#8221;  dedicado a &#8220;La vida en un día&#8221;:</p>
<blockquote><p>Yo les voy a mandar un vídeo de 20 minutos en el que  aparezco, bueno, aparece mi mano, con los dedos índice, anular y meñique  bajados, y el del medio levantado, para que se lo metan por donde les  quepa.</p></blockquote>
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		<title>Programa de radio: Ultimatum a la tierra (sobre los imaginarios del cine de catástrofe)</title>
		<link>http://www.enmedio.info/programa-de-radio-ultimatum-a-la-tierra-sobre-los-imaginarios-del-cine-de-catastrofe/</link>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 22:12:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>leodecerca</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Materiales]]></category>

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		<description><![CDATA[Episodio número 24 del programa de radio Una línea sobre el mar, dedicado a analizar los imaginarios del cine de catástrofe, un cine cuya materia prima es la zozobra de nuestra confianza en la continuidad del mundo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2010/03/susto.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1049" title="susto" src="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2010/03/susto.jpg" alt="susto" width="198" height="189" /></a>Hace unos días organizamos junto a Amador Fdez Savater, <a href="http://www.enmedio.info/ultimatum-a-la-tierra-los-imaginarios-del-cine-de-catatrofes-charla-debate-y-proyecciones/">un Jueves Enmedio dedicado a analizar los imaginarios del cine de catástrofe</a>; hoy, os dejamos aquí un programa de radio que el mismo Amador junto con otros amigos han realizado alrededor de este tema. Se trata del episodio número 24 de su espacio radiofónico semanal <a href="http://www.unalineasobreelmar.net">Una línea sobre el mar</a>;  programa que emite semanalmente desde el 104 de la FM como parte de <a href="http://www.unalineasobreelmar.net/informacion/">Radio Círculo<br />
</a>(Más información acerca de <a href="http://www.unalineasobreelmar.net/informacion/">Una línea sobre el mar</a>)</p>
<p><a href="http://www.unalineasobreelmar.net/wp-content/uploads/20100223UltimatumALaTierraUnaLineaSobreElMar.mp3">ESCUCHAR PROGRAMA: ULTIMATUM A LA TIERRA</a><a href="http://www.unalineasobreelmar.net/informacion/"></a></p>
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		<title>[Vídeo] Arte y Activismo</title>
		<link>http://www.enmedio.info/video-arte-y-activismo/</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 23:50:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>leodecerca</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Materiales]]></category>

		<category><![CDATA[acción]]></category>

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		<description><![CDATA[Vídeo escrito, dirigido y realizado por algunos miembros de Enmedio.
Proyectos colectivos que entienden el arte como relación social. Intervenciones artísticas en el consumo, guerrilla de la comunicación, formas creativas de movilización y protesta; propuestas críticas cargadas de humor y desobediencia, nuevas narrativas capaces de alterar los signos y códigos establecidos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="540" height="322" data="http://blip.tv/play/uWqByd1EAg" type="application/x-shockwave-flash"><param name="src" value="http://blip.tv/play/uWqByd1EAg" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object><br />
Escrito, dirigido y realizado por Leónidas Martín y Xavier Artigas (miembros de Enmedio)</p>
<p>Por todas partes podemos leer hoy en día que el arte se ha integrado por completo en la economía, que es el arte quien estimula el deseo de consumir, que la creación ha quedado totalmente atrapada en el mercado, que las prácticas artísticas son ahora el modelo hegemónico de la producción de riqueza capitalista y otras cosas por el estilo. Pues bien, sin menospreciar en absoluto tales afirmaciones (muy acertadas, en términos generales), presentamos aquí una serie de experiencias que, situadas a medio camino entre el arte y el activismo social, se las ingenian para resistir ante aquella realidad. De esta resistencia surge, como veremos, una nueva estética socialmente comprometida. Un tipo de creación con una nueva responsabilidad política: la de establecer imaginarios posibles e inventar dispositivos críticos que nos sirvan para socializarnos, para crear comunidad, para adquirir subjetividades distintas a las ofrecidas por la publicidad.<br />
Las propuestas incluidas en este episodio de <a href="http://www.rtve.es/television/metropolis/programas/"><em>Metrópolis</em></a> entienden la cultura ―ese lugar donde se produce el símbolo y por donde circulan los sentidos― como un nuevo terreno de conflicto. Desde esa perspectiva producen sus imágenes; desde ahí escriben sus historias. Todas estas experiencias, cada una a su manera, componen un nuevo escenario de creación donde lo artístico abandona, definitivamente, la epistemología del sujeto individuo y pasa a convertirse en un sujeto colectivo. Este nuevo sujeto creador hace de la vida cotidiana una fuerza capaz de apropiarse de cualquier signo, reinterpretarlo, alterarlo y devolverlo de nuevo a la circulación transformado en una herramienta social plenamente activa.  Una marca que se apropia de todas las demás (<em>Yomango</em>); un falso <em>New York Times</em> que anuncia el fin de la guerra en Irak; un ejército de payasos que se enfrenta a la policía cargado de burla y humor (<em>C.I.R.C.A</em>); dos tipos que se cuelan en las reuniones de la Organización Mundial del Comercio y ridiculizan sus políticas desde dentro (<em>The Yes Men</em>); el record mundial de gente gritando “No vas a tener casa en la puta vida”; un grupo de superhéroes que transforma la precariedad en un superpoder; un centro comercial convertido en <em>playground</em> para la protesta y la denuncia (<em>Urban Decoy</em>). Todo esto y mucho más en Arte y activismo, una colección de prácticas artísticas que son, antes que nada, una relación social.<br />
Lo dejó dicho Bruce Lee: “La acción es nuestra relación con todo.”<br />
<a href="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2010/02/arteactivismoweb.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1025" title="arteactivismoweb" src="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2010/02/arteactivismoweb.jpg" alt="arteactivismoweb" width="198" height="141" /></a></p>
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		</item>
		<item>
		<title>Una crisis de sentido es la condición necesaria para que algo nuevo aparezca</title>
		<link>http://www.enmedio.info/una-crisis-de-sentido-es-la-condicion-necesaria-para-que-algo-nuevo-aparezca/</link>
		<comments>http://www.enmedio.info/una-crisis-de-sentido-es-la-condicion-necesaria-para-que-algo-nuevo-aparezca/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 17 Feb 2010 11:28:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>leodecerca</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Materiales]]></category>

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		<description><![CDATA[Versión completa de la entrevista con Peter Pál Pelbart aparecida el 13 de febrero de 2010 en Fuera de Lugar (periódico Público). Nacido en Budapest, formado filosóficamente en París, actualmente es profesor en la Universidad Católica de São Paulo (Brasil). Es coordinador de una compañía teatral con pacientes psiquiátricos. Entre sus temas de investigación se encuentran la locura, el tiempo, lo común o la biopolítica.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2010/02/p_p_pelbart_654_copia.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1016" title="p_p_pelbart_654_copia" src="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2010/02/p_p_pelbart_654_copia.jpg" alt="p_p_pelbart_654_copia" width="198" height="106" /></a>Versión completa de la entrevista realizada por Amador Fdez Savater a Peter Pál Pelbart tras su <a href="http://www.universidadnomada.net/spip.php?article354">visital a Madrid.</a> Aparecida el 13 de febrero de 2010 en<a href="http://blogs.publico.es/fueradelugar/124/una-crisis-de-sentido-es-la-condicion-necesaria"> Fuera de Lugar</a> (del diario Público). <a href="http://www.universidadnomada.net/spip.php?article354"></a></p>
<p><strong>Peter Pál Pelbart es filósofo</strong>. Nacido en Budapest, formado filosóficamente en París, actualmente es profesor en la Universidad Católica de São Paulo (Brasil). Es coordinador de una compañía teatral con pacientes psiquiátricos. Entre sus temas de investigación se encuentran la locura, el tiempo, lo común o la biopolítica. En castellano ha publicado <a href="http://www.nodo50.org/tintalimonediciones/IMG/pdf/PPP.pdf">Filosofía de la deserción</a> (<a href="http://www.nodo50.org/tintalimonediciones/">Tinta Limón ediciones</a>).</p>
<p>Por obra y gracia de la crisis económica, la palabra “crisis” está hoy por todos lados. Con ella solemos referimos a un proceso fundamentalmente negativo, que padecemos pasivamente como víctimas y del que hay que salir cuanto antes para regresar a la normalidad. Pero en las crisis subyace también un gran potencial de transformación.<br />
<strong><br />
¿Cómo piensas las crisis?</strong></p>
<p>En España seguramente se conozca bien a François Tosquelles, psiquiatra, psicoanalista y militante anarquista catalán. Refugiado en Francia tras la guerra civil española, fue responsable de una verdadera revolución en la psiquiatría a partir de su trabajo en el hospital de Saint Alban. Comprendió inmediatamente la similitud entre la situación de los hospitales y de los campos de concentración, lo que le impulsó a una subversión de la lógica institucional. Lo que se conoce menos de Tosquelles es su producción teórica. Escribió un libro llamado<em> La vivencia del fin del mundo en la locura</em>, donde describe los cuadros clínicos en los que se pierde radicalmente la confianza en el mundo, la expectativa elemental de que el mundo pueda continuar, tras una quiebra en la vida, un desastre, una crisis. Todo eso apenas sería una contribución en la descripción fenomenológica de un cuadro clínico, como las que hicieron Binswager o Minkowski. Pero su idea más interesante, desarrollada a partir del trabajo de Goldstein, es que esa catástrofe anímica coincide con la apertura a la creación de mundo. Junto a la disolución padecida de la existencia, se da un esfuerzo vital de invención de una nueva forma de vida. Es decir, catástrofe y creación van unidas.</p>
<p>Algo parecido escribió el medico y neurólogo alemán Viktor von Weizsäcker, que lo formuló de manera igualmente sugerente. El momento de la crisis, dice él, es aquel en el que ya nada parece posible. Pero también es el momento en que se cruzan muchas transformaciones. Y por eso, aunque la actualidad le parezca al enfermo completamente bloqueada, es el momento en que se abren todas las posibilidades. Es decir, la crisis es una conjunción del “nada es posible” y del “todo es posible”. La crisis revela las fuerzas que estaban en juego o, más bien, las redistribuye respondiendo a la pregunta: ¿irán las cosas en la dirección de la vida o de la muerte? Así concebida, la crisis no es el resultado acumulativo de una serie previa, sino un comienzo, un origen, una decisión vital. Corresponde a la creación de un espacio y de un tiempo propio, que ya no obedece a las coordenadas del mundo objetivo u óntico, sino a la dimension <em>pática </em>como él la nombra, allí donde puede ocurrir una mutación de la experiencia y de las posibilidades. Félix Guattari bebió de esa fuente aunque lo haya enunciado a su manera, con sus palabras, cuando se refiere al “caos”, a la “caósmosis”, a la “heterogénesis” y, sobre todo, cuando explicita hasta qué punto un hundimiento caosmótico es la condición para una heterogénesis, no sólo en la psicosis, no sólo en el plano psicológico, no solo en el plan individual, sino también colectivo, político, estético, etc. Entonces yo diría, operando transversalmente entre esos niveles tan distintos, que la crisis, la catástrofe, la ruptura, el colapso de sentido o como queramos llamar a esos momentos de derrumbe, son las condiciones de posibilidad para una mutación subjetiva, existencial, vital, sea en contextos micro o macro.</p>
<p><strong>¿Por qué dices que en el momento de crisis “nada es posible” y, al mismo tiempo, “todo se hace posible”? Explícame esa (aparente) paradoja.</strong></p>
<p>Sí, es un fenómeno paradójico. “Nada es posible”, “todo es posible”. Pero, ¿no oscilamos constantemente entre esas disyuntivas o, más bien, no las vivimos simultáneamente? ¿No podríamos reconocer en esa extraña conjunción un rasgo de nuestra sensación contemporánea? Pero no se trata de una sensación individual o psicológica, sino que es una lógica más amplia que se puede encontrar en los fenómenos de cultura o de civilización. Quizá en Nietzsche y en su análisis del nihilismo es donde esa lógica se explicita más claramente. ¿Qué es el nihilismo para él? Es el proceso por lo cual los valores que fundamentaban la cultura de nuestro Occidente se desvalorizan. Es el proceso histórico-filosófico por el cual aquello que era objeto de creencia suprema (el Ser, el Bien, Dios, la Razón, el Progreso) pierde su credibilidad. Así, las figuras metafísicas, religiosas o morales que daban sentido al mundo o a la vida dejan de ser operativas, con lo cual el mundo o la vida pierden el sentido que antes tenían y caen en una orfandad ontológica. Es un proceso de vaciamiento muy complejo que se detecta en dominios tan distintos como la filosofía, el arte, la política, la historia, pero que se puede leer siempre al menos de dos maneras opuestas: una apocalíptica, otra jubilatoria.</p>
<p>En efecto, el fin de una interpretación del mundo dominante (socrático-cristiana) equivale, para unos, al tenebroso <em>fin del mundo y del hombre</em>: es el “nada es posible”. Para otros, por el contrario, la liberación de una interpretación hegemónica del mundo, y por ende el fin <em>de un mundo y de un hombre</em>, representa la apertura a otro mundo y a algo más allá del hombre: es el “todo es posible”. La posición particularísima de Nietzsche consiste en pensar ambas cosas juntas, en asumirlas juntas. Porque, para él, un mundo desprovisto de sentido, tras la desvalorización de los sentidos supremos, nada tiene de condenable, ni de aterrador, y sólo lleva a la parálisis a una voluntad empobrecida, ya que una vida superabundante, por el contrario, soporta y hasta necesita de ese vaciamiento para dar lugar a su fuerza de interpretación y de creación, aquella que no busca el sentido en las cosas, pues se lo impone. En contraposición al creyente que dependía de los sentidos trascendentes, Nietzsche reivindica un espíritu que “se despide de toda creencia, de todo deseo de certeza, ejercitado, como está, en poder mantenerse sobre delgadas cuerdas y posibilidades, e incluso ante el abismo, danzar”. Una lectura nihilista del proceso del nihilismo se queda en el “nada es posible”. ¿Como hacer el pasaje, que ya está en el concepto mismo de nihilismo, del “nada es posible” al “todo es posible”? Sabemos cómo cierta posmodernidad hizo una interpretación nihilista y cínica de la contemporaneidad: fin de las utopías, de las ideologías, de la política, de la historia, etc. Por tanto, nada merece la pena, todo es equivalente: “nada es posible”. Sería necesario examinar cómo otras perspectivas, por el contrario, piensan positivamente estos pasajes históricos de crisis, sin nostalgias en relación a las formas tradicionales que caducaron y de las cuales el presente trata de liberarse, en favor de otras fuerzas y formas por venir: “todo es posible”.</p>
<p><strong>Asocias la crisis (o la catástrofe del sentido) a la creación de mundo. Por tanto, la crisis se convierte en un momento decisivo de la política o la transformación social, porque éstas pasan por la creación de (otros) mundo(s). Sin embargo, a nadie le gusta estar en crisis, que los sentidos que hasta ayer te orientaban ya no funcionen más, porque eso duele. ¿Cómo podríamos sostener entonces una crisis de modo activo?</strong></p>
<p>Es evidente que ante la amenaza de una crisis siempre hay un esfuerzo por preservar la forma de vida previa, la identidad preexistente, la subjetividad cristalizada, los valores tradicionales, en definitiva, el sistema vigente. La incertidumbre puede desencadenar crispaciones identitarias defensivas para aplacar la angustia, reterritorializaciones (1) brutales, a veces mortíferas. El problema es que esa reactividad no “alcanza” lo que está en juego en esos momentos cruciales de transformación. Podríamos usar aquí la bella fórmula de Deleuze: la única ética es estar a la altura del acontecimiento. ¡Pero cuánto desapego implica esto a veces! Nietzsche decía que hay que desprenderse de la religión, de la patria, de la familia, del saber, de los amigos, de uno mismo… ¡y también de la voluptuosidad del desapego! Pero claro, está el miedo a desprenderse de las pertenencias y los territorios, a perderse uno mismo, a enloquecer o morir, a vivir un derrumbe, una separación, un duelo, un hundimiento. El miedo a dejar que se caigan las máscaras y a no conseguir aferrar las nuevas posibilidades que se abren cuando las formas de existencia establecidas se muestran ya inviables. Sí, son pasajes en que uno se ve afectado por una gran incertidumbre, una indeterminación, un vacío incluso, ya sea en el dominio individual o colectivo, existencial o axiológico. Nada de esto se da sin dolor, sin cierto tipo de muerte, sin una experiencia radical de desterritorialización (1). El desafío es vivir la crisis como un proceso (2) abierto, en el que las reservas de vida y de virtualidad que la crisis revela y desvela sean la materia prima del cambio. Esto requiere todo un arte de la mutación muy complejo y sutil. Claro que la perdida de referencias, de límites, de dirección implica muchos riesgos y peligros, como ocurrió tras la caída del Muro de Berlín con las resurgencias nacionalistas, fascistas, fundamentalistas. No sé si es un problema de conciencia. Es más bien una cierta posición de deseo lo que está en juego, sin duda. Lo que se necesita es un nuevo agenciamiento (3) para sostener la mutación en curso, ése es el desafío. Se requiere un arte, mayor o menor: una inteligencia afectiva, un constructivismo experimental, una cartografía esquizoanalítica (4), una micropolítica.</p>
<p><strong>¿Podríamos decir que el proceso de elaboración positiva de una crisis (la creación de nuevos sentidos y relaciones) es al mismo tiempo un proceso terapéutico, sanador de algún modo? Sería una terapia distinta a la habitual que no pasa por la “contención” ni la “reparación”, sino por la renovación existencial y una cierta metamorfosis. ¿Qué piensas?</strong></p>
<p>Estoy totalmente de acuerdo. El desafío es, a partir de ese “agujero de sentido” que se vive, y de los índices de desterritorialización que se despliegan, poder construir nuevos territorios existenciales (1), abrir nuevas líneas de vida, generar nuevos sentidos, engendrar nuevos ritornelos. Pero no se trata de sustituir los sentidos existentes por nuevos sentidos provenientes de la sensibilidad anterior que justamente se está acabando o que entró en colapso. Como decía François Zourabichvili a partir de Deleuze, una mutación de la sensibilidad, individual o colectiva, se caracteriza justamente por una redistribución de la frontera entre aquello que ya no se tolera, aunque antes era lo más cotidiano, y aquello que en adelante se desea, aunque poco antes fuese inimaginable. No se puede hacer la economía de esa mutación, que es de la sensibilidad, de la percepción, del pensamiento, de la vitalidad –una metamorfosis, como dices. Sí, es un proceso que se podría llamar terapéutico, si se quiere y si ampliamos mucho el sentido de la palabra, o esquizoanalítico, si queremos radicalizar la apuesta en nuevas coordenadas de enunciación a partir de una molecularidad (5) intensiva y de agenciamientos abiertos, acompañadas de formas de expresión que se engendran en el proceso mismo de las subjetivaciones en curso. Es verdad que en ocasiones esto exige cosas muy triviales también, un tipo de cuidado, de continuidad. <a href="http://www.situaciones.org/">El colectivo Situaciones</a> habla de manera muy pertinente de tejer lo común cada día, punto por punto, en un trabajo de gran delicadeza, casi artesanal. En todo caso, yo vería todo este conjunto como la construcción y el sostenimiento de un plan de consistencia (6). En ciertos trabajos con grupos o colectivos eso es imprescindible. Pero hay que agregar –ese plan es constituido por una materia de virtualidad– un inconsciente, si se quiere todavía utilizar la palabra, vuelto hacia al futuro. Un inconsciente ampliado y abierto al futuro hace que los cortes y quiebres de sentido no remitan a una interpretación de contenidos profundos, sino que participen de una <em>maquínica</em> (7) extendida, de modo que manifiestan una subjetividad en estado naciente, apertura desterritorializante necesaria para que advenga algo allí donde todo parecía cerrado.</p>
<p><strong>Retomas una cita de Deleuze para afirmar que hoy “no creemos en el mundo”: que nada nos concierne, que somos espectadores de lo que (nos) pasa. ¿Podrías explicarme qué significa esto? ¿Tiene relación con la cuestión de las crisis?</strong></p>
<p>Es como un grito filosófico: “Perdimos el mundo, nos lo quitaron”. O, en otro contexto, Deleuze dice lo mismo con otras palabras: “El hecho moderno es que ya no creemos en este mundo. Ni siquiera en los acontecimientos que nos suceden, el amor, la muerte, como si nos concernieran apenas por la mitad”. Es enigmática esa exclamación. Pero no debería ser leída como una lamentación, trágica o melancólica, sino más bien como un signo del presente. Y de hecho, cuando en sus libros sobre cine, Deleuze analiza el pasaje del cine clásico al contemporáneo, por ejemplo con el neo-realismo italiano, Rosselini, De Sica, insiste sobre esos personajes que delante de una situación de extremo horror o belleza, como una ciudad destruida por la guerra o un volcán en erupción, se ven atravesados por un estupor, una parálisis, una suspensión de la acción. Frente a un exceso de sufrimiento, belleza o abyección, ya ni siquiera consiguen reaccionar, se vuelven como espectadores de lo que les afecta. Para Deleuze, esa situación es un síntoma de que se rompió la conexión sensorio-motora con el mundo, de que ya no estamos en un régimen de acción-reacción.</p>
<p>Más allá de una consideración sobre el cine, y de ese pasaje de un cine del movimiento a un cine del tiempo, hay en el fondo una reflexión sobre una mutación más profunda, una ruptura en la conexión entre el hombre y el mundo. Más radicalmente, lo que fue perturbado es la creencia en el mundo. ¿Y no es el cine, el arte, el pensamiento o la política los que podrían devolvernos la creencia en el mundo? Pero no se trata, justamente, de volver a creer en lo que antes nos hacía actuar, ya sean los dogmas metafísicos, religiosos o políticos. William James, junto a Nietzsche, fue uno de los autores que inspiró a Deleuze en ese tema, porque él pensó a fondo el tema de la creencia en el contexto de un mundo precisamente pluralista, incierto, peligroso, con partes inconexas, indeterminaciones –un mundo no determinista, sino agonístico. Para James, como para Nietzsche, no se trata de creer en cosas que justamente cayeron en el descrédito: Dios, la Revolucion, el Progreso, esos universales o absolutos que se arruinaron, sino de reactivar la creencia a partir de un pluralismo, de un perspectivismo, de un indeterminismo, de una colisión de las voluntades y de las partículas. Según la bella lectura que nos ofrece David Lapoujade a partir de James, creer en el mundo no es creer que el mundo existe, de lo cual no dudamos, sino creer en las posibilidades del mundo, tener confianza en nuestra capacidad de conectarnos con las fuerzas del mundo, tener confianza en la capacidad de nuestras fuerzas de conectarse con las fuerzas del mundo o, como dice él, en una vía más bien bergsoniana, tener simpatía, simpatizar con el mundo, con sus fuerzas, con su devenir, con el devenir de los otros, con el devenir-otro de los otros en el mundo. Si se reivindica esa confianza es precisamente porque ha sido perturbada. Es sobre el fondo de esa perturbación que la acción se volvió problemática, y tanto más necesaria. Toda esa filosofía pragmatista americana es leída por Deleuze como un esfuerzo constructivista, donde los fragmentos se conectan, pedazo a pedazo, donde la simpatía o la confianza son elementos positivos sobre el fondo de una abisalidad caotica. Creo que ese elemento está presente en Deleuze, aunque no siempre explícito, y a veces se utiliza en los contextos más inesperados. Cuando Negri pregunta a Deleuze qué politica puede prolongar en la historia el esplendor del acontecimiento, Deleuze responde: “Creer en el mundo es lo que más nos hace falta. Creer en el mundo significa sobre todo suscitar acontecimientos, aunque sean pequeños, que escapen al control, o hacer nacer nuevos espacio-tiempos, incluso de superficie y volumen reducidos”.</p>
<p><strong>Otro de los temas de tu trabajo es la cuestión de lo común, ¿cómo la piensas? ¿Qué es lo común? ¿Qué relación tiene -si la tiene- con el problema de la crisis?</strong></p>
<p>Varios autores contemporáneos –entre otros, Toni Negri, Giorgio Agamben, Paolo Virno, Jean-Luc Nancy e incluso, antes que ellos, Maurice Blanchot- se refieren con insistencia a una evidencia: vivimos hoy una crisis de lo “común”. Las formas que antes parecían garantizarles a los hombres un contorno común, que le aseguraban alguna consistencia al lazo social, perdieron su pregnancia y entraron definitivamente en colapso. Desde la llamada esfera pública hasta los modos de asociación consagrados: comunitarios, nacionales, ideológicos, partidarios, sindicales. Deambulamos entre espectros de lo común:<em> los media</em>, la escenificación política, los consensos económicos legitimados, pero también las recaídas en lo étnico o en la religión, la invocación civilizadora basada en el pánico, la militarización de la existencia para defender la “vida” supuestamente “común” –o, más precisamente, para defender una forma-de-vida llamada “común”. No obstante, sabemos bien que esta “vida”, o esta “forma-de-vida”, no es realmente “común”, que cuando participamos en esos consensos, esas guerras, esos pánicos, esos circos políticos, esos modos caducos de asociación, o incluso en ese lenguaje que habla en nuestro nombre, somos víctimas o cómplices de un secuestro.</p>
<p>Si hoy hay, de hecho, un secuestro de lo común, una expropiación de lo común, una manipulación de lo común, bajo formas consensuales, unitarias, espectacularizadas, totalizadas, transcendentalizadas, es necesario reconocer que, al mismo tiempo y paradójicamente, tales figuraciones de lo “común” comienzan a aparecer finalmente como aquello que son: puro espectro. En otro contexto, Deleuze nos recuerda que, a partir sobre todo de la Segunda Guerra Mundial, los clichés comenzaron a aparecer como aquello que son: meros clichés. Los clichés de la relación, los clichés del amor, los clichés del pueblo, los clichés de la política o de la revolución, los clichés de aquello que nos liga al mundo. Y sólo en el momento en que, vaciados de su pregnancia, se revelaron como clichés –esto es, como imágenes acabadas, prefabricadas, esquemas reconocibles, meros calcos de lo empírico-, el pensamiento pudo liberarse de ellos para encontrar aquello que es “real”.</p>
<p>Ahora bien: hoy, tanto la percepción del secuestro de lo común, como la revelación del carácter espectral de ese común transcendentalizado, se dan en condiciones muy específicas: precisamente en un momento en que lo común –y no su imagen- está preparado para aparecer en su máxima fuerza de afectación, y de manera inmanente, dado el nuevo contexto productivo y biopolítico actual. Para decirlo con claridad: a diferencia de lo que ocurría algunas décadas atrás, cuando lo común se definía y era vivido como aquel espacio abstracto que conjugaba las individualidades y se sobreponía a ellas –fuera como espacio público, fuera como política-, hoy lo común es el espacio productivo por excelencia. El contexto contemporáneo trajo a la luz, de manera inédita en la historia –pues lo hizo en su núcleo propiamente económico y biopolítico-, la prevalencia de lo “común”. El llamado trabajo inmaterial, la producción posfordista, el capitalismo cognitivo, son todos fruto de la emergencia de lo común: todos exigen facultades vinculadas a lo que nos es más común, esto es, el lenguaje y su haz correlativo: la inteligencia, los saberes, la cognición, la memoria, la imaginación y, por consiguiente, la inventiva común. Pero también exigen requisitos subjetivos vinculados con el lenguaje, como la capacidad de comunicar, de relacionarse, de asociar, de cooperar, de compartir la memoria, de forjar nuevas conexiones y hacer proliferar las redes. En este contexto de capitalismo en red o conectivo –que algunos llaman incluso rizomático (8)-, por lo menos idealmente aquello que es común se pone a trabajar en común. Y no podría ser de otro modo: a fin de cuentas, ¿qué sería un lenguaje privado? ¿Qué vendría a ser una conexión solipsista? ¿Qué sentido tendría un saber exclusivamente referido a sí mismo? Poner en común lo que es común, poner en circulación lo que ya es patrimonio de todos, hacer proliferar lo que está en todos y en todas partes, sea el lenguaje, la vida, la inventiva… Pero esta dinámica sólo parcialmente corresponde a lo que de hecho sucede, ya que se hace acompañar de la apropiación de lo común, de la expropiación de lo común, de la privatización de lo común, de la vampirización de lo común emprendida por las diversas empresas, mafias, estados e instituciones, con finalidades que el capitalismo no puede disimular, ni siquiera en sus versiones más rizomáticas.</p>
<p>También en este caso la crisis de la representación de lo comun abre y revela, al mismo tiempo, otra modalidad de producción del común.</p>
<p><strong>Decías recientemente en Madrid que tal vez parezca extraño escuchar a un deleuziano hablar de crisis o catástrofes de sentido (aunque sea por ejemplo el tema principal del <a href="http://elpulpo.wordpress.com/2009/11/20/pintura-el-concepto-de-diagrama-parte-1-la-pintura-y-la-logica-del-diagrama-clase-1-3131981-germen-y-catastrofe-introduccion-al-diagrama-pictorico-pp-21-47/">libro de Deleuze sobre la pintura y el diagrama</a>), ¿por qué? En la filosofía contemporánea está muy presente el problema de la crisis, el acontecimiento, la interrupción, la discontinuidad, ¿qué diferencias encuentras entre las diferentes lecturas?</strong></p>
<p>En una necrológica de 1995 tras la muerte de Deleuze, Giorgio Agamben compara dos seminarios a los que asistió, uno de Heidegger y otro, veinte años después, de Deleuze: “Un abismo separa a esos dos filósofos… la tonalidad general de Heidegger es de una angustia tensa y casi metálica… Por el contrario, nada expresa mejor la tonalidad fundamental de Deleuze que una sensación que le gustaba llamar por el nombre inglés de <em>self-enjoyment</em>”. La conclusión de Agamben es la siguiente: “La gran filosofía de este siglo sombrío, que empezó por la angustia, terminó con la alegría” Eso nos suena justo y, al mismo tiempo, paradójico. Pero algunas décadas antes, Jean Hyppolite decía algo muy similar, comparando el bergsonismo y el existencialismo, pero con el signo invertido, como si lo lamentara. Él advertía que no hay lugar en Bergson para la angustia humana, sólo para la serenidad. Y agregaba: “es esa serenidad la que hoy ya no estamos en condiciones de comprender. Como si en un periodo de la historia especialmente trágico como el nuestro, no hubiera más lugar para esa serenidad”.</p>
<p>Tenemos aquí un tema fundamental, la <em>Stimmung</em>, la tonalidad afectiva de un pensamiento. Es admirable que tras la posguerra una línea tan sobria atraviese toda la obra de Deleuze, hecha de afirmatividad y de alegría, tan distinta a la que dominó la filosofía inmediatamente anterior. Deleuze nunca se dejó llevar por la negatividad y sus afectos, ni por el culto a la angustia, mucho menos por el tema del fin (la clausura de la metafísica, el fin de la filosofía etc.). ¡No el trabajo de lo negativo, sino el goce de la diferencia! Ahora bien, creo que eso fue mal entendido. Algunos llegaron a hacer de él un apóstol del espontaneísmo hedonista –él se explicó ampliamente sobre eso (el deseo no es natural, sino puro artificio, construcción, etc.). Pero más profundamente, habría que preguntar si la tonalidad afectiva a la cual nos referimos, esa afirmatividad tan característica de su filosofía de la diferencia, justifica una lectura monocorde que la transforma en una positividad plena, y a su alegría, en un dictamen afectivo. Yo veo tantos saltos, desajustes, agujeros, huidas, tantos movimientos y parálisis, velocidades y lentitudes, gritos, incluso derrumbes, colapsos, catatonias… Y no creo que su pensamiento los oculte, muy al contrario, los expone, se instala a veces en ellos para alimentarse, para después saltarlos, como un diablo o una pulga. Es lo que lo hace tan contemporáneo, tan múltiple, tan divertido, polifónico, pero también tan enigmático. Deleuze desordena las cartas de nuestro abanico afectivo.</p>
<p>Véase el tema del agotamiento, para quedarnos en un único ejemplo. <a href="http://openlibrary.org/b/OL20401591M/Samuel_Beckett">Deleuze dice en un pequeño texto sobre Beckett</a> que el agotado es distinto al cansado –el cansado descansa para recuperar sus fuerzas y volver a trabajar, según una dialéctica interna al trabajo y a su lógica. El agotado, en cambio, es aquel que agotó los posibles, que agotó el mundo y se agotó a sí mismo. El agotado es aquel que está instalado en la imposibilidad. Insomne, sentado, en la oscuridad, como en Beckett, en vigilia, en ocasiones le vienen imágenes fugitivas, efímeras, que se consumen y desaparecen… Son fenómenos de videncia, son vislumbres, son flashes de intensidad. Es un texto enigmático, muy bello. ¿Qué es el agotamiento, qué es esa combustión de intensidades, qué es esa parálisis? La mejor lectura está en François Zourabichvili, que explica que ese texto fue escrito por Deleuze poco después del derrumbe del muro de Berlín. Era un momento en que se tenía la impresión de que todos los posibles se habían intentado, se habían agotado y se estaba en una imposibilidad. El agotamiento significa que el repertorio de los posibles que teníamos almacenado se vacía, que abandonamos, lo desertamos. Significa también que todos los clichés sobre qué es lo que debemos sentir, pensar, hacer, cómo debemos amar, indignarnos, hacer la revolución, evocar el pueblo, también se han evaporado, dejándonos vacíos frente al mundo, sin mediaciones ni filtros. Es un encuentro con lo real, a partir de un vaciamiento, de una imposibilidad. Pero nada de eso lleva al llanto ni a la lamentación, mucho menos a la nostalgia, sino que nos fuerza, ya no a elegir entre los posibles existentes que se han agotado, sino a inventar un posible, a volvernos “videntes”, es decir, a vislumbrar potencias justamente a partir de la impotencia. Es un extraña manera de describir una época, pensarla desde el fondo del agotamiento, apoyarse en la impotencia para recusar la melancolía, la esperanza, la angustia o el voluntarismo.</p>
<p>Toni Negri protestó una vez, con razón, de que la gente se acercaba a él con la expectativa de escuchar palabras de esperanza. Y agregó que no era un sacerdote spinozista, que no era su papel expresar retóricas de alegría o de superabundancia, y que la función de la teoría no es reconfortar a nadie. Yo creo que, así, Negri pudo tematizar un cierto desencantamiento, incluso un vaciamiento, pero no para deleitarse en una voluptuosidad nihilista, como lo hicieron algunos de sus contemporáneos, sino más bien para señalar que algo se ha agotado, una época, un ciclo, un paradigma y que frente a eso no deberíamos atrincherarnos en lo que se está acabando. Que era necesario admitir el vacío –no es una palabra muy frecuente en el discurso político. Pero el vacío que él señalaba, a diferencia del vacío depresivo, parecía más bien una indeterminación, la sensación de que está todo abierto, potencia de innovacion, desutopía. Ese vacío permite un principio nuevo, un deseo autónomo, un procedimiento absoluto. Es a partir de un vacío así como él trata de pensar una potencia no subordinada ni a la necesidad, ni al resentimiento, ni a la compasión. No se trata de llenarlo a la manera voluntarista o nostálgica, sino insistir en afirmar la pura pulsión etica y la pasión constructiva.</p>
<p>Así que ni Deleuze ni Negri, aunque muy distintos entre ellos, son líricos leopardianos o sacerdotes spinozistas. Cada uno articuló a su manera, y con su tono, la relación entre la discontinuidad y el acontecimiento. Otros pensadores como Badiou o Rancière, así como Benjamin antes que todos ellos, lo hicieron de otra manera y con otra tonalidad afectiva. Tendríamos que pensar mejor lo decisivo que es eso en un pensamiento, la tonalidad afectiva…</p>
<p>————————————</p>
<p>Otras dos entrevistas con Peter Pál Pelbart:</p>
<p><a href="http://www.nodo50.org/tintalimonediciones/IMG/pdf/Conversaciones_pdf.pdf">Sobre el agotamiento de los posibles</a></p>
<p><a href="http://www.wokitoki.org/wk/272/entrevista-a-peter-pal-pelbart">“Cuando uno piensa está en guerra contra sí mismo…”</a></p>
<p>————————————</p>
<p><strong> NOTAS*: </strong></p>
<p><strong>1.  Territorio, reterritorialización, desterritorialización: </strong>la noción de territorio se entiende aquí en un sentido muy lato, que desborda el uso que recibe en la etología y en la etnología. El territorio puede ser relativo a un espacio vivido, así como a un sistema percibido en cuyo seno un sujeto se siente «en su casa». El territorio es sinónimo de apropiación, de subjetivación encerrada en sí misma. El territorio puede desterritorializarse, esto es, abrirse y emprender líneas de fuga e incluso desmoronarse y destruirse. La desterritorialización consistirá en un intento de recomposición de un territorio empeñado en un proceso de reterritorialización. El capitalismo es un buen ejemplo de sistema permanente de desterritorialización: las clases capitalistas intentan constantemente «recuperar» los procesos de desterritorialización en el orden de la producción y de las relaciones sociales. De esta suerte, intenta dominar todas las pulsiones procesuales (o <em>phylum maquínico</em>) que labran la sociedad.</p>
<p><strong>2.  Proceso:</strong> secuencia continua de hechos o de operaciones que pueden conducir a otras secuencias de hechos y de operaciones. El proceso implica la idea de una ruptura permanente de los equilibrios establecidos. El término no se emplea aquí en la acepción de la psiquiatría clásica, que habla de proceso esquizofrénico, lo que implica siempre la llegada a un estado terminal. Su acepción está más próxima de lo que Ilya Prigogine e Isabelle Stengers denominan «procesos disipativos».</p>
<p><strong>3.  Agenciamiento: </strong>noción más amplia que la de estructura, sistema, forma, proceso, etc. Un agenciamiento acarrea componentes heterogéneos, también de orden biológico, social, maquínico, gnoseológico. En la teoría esquizoanalítica del inconsciente, el agenciamiento se concibe en oposición al «complejo» freudiano.</p>
<p><strong>4.  Esquizoanálisis:</strong> mientras que el psicoanálisis partía de un modelo de psique basado en el estudio de las neurosis, centrado en la persona y en las identificaciones, y que opera a partir de la transferencia y de la interpretación, el esquizoanálisis se inspira, por el contrario, en las investigaciones acerca de la psicosis; se niega a rebajar el deseo a los sistemas personológicos y niega toda eficacia a la transferencia y a la interpretación.</p>
<p><strong>5.  Molecular/molar:</strong> los mismos elementos que existen en flujos, estratos, agenciamientos, pueden organizarse de un modo molar o de un modo molecular. El orden molar corresponde a las estratificaciones que delimitan objetos, sujetos, las representaciones y sus sistemas de referencia. El orden molecular, por el contrario, es el de los flujos, los devenires, las transiciones de fase, las intensidades. Llamaremos «transversalidad» a este atravesamiento molecular de los estratos y los niveles, operado por los diferentes tipos de agenciamientos.</p>
<p><strong>6.  Plan de consistencia:</strong> los flujos, los territorios, las máquinas, los universos de deseo, con independencia de su diferencia de naturaleza, se remiten al mismo plano/plan de consistencia (o plano/plan de inmanencia), que no debe confundirse con un plano de referencia. En efecto, las diferentes modalidades de existencia de los sistemas de intensidades no atañen a idealidades transcendentes, sino a procesos de engendramiento y a transformaciones reales.</p>
<p><strong>7. Máquina (y maquínico):</strong> distinguiremos aquí la máquina de la mecánica. La mecánica está relativamente encerrada en sí misma; sólo mantiene relaciones perfectamente codificadas con los flujos exteriores. Las máquinas, consideradas en susevoluciones históricas, constituyen, por el contrario, un phylum comparable a los de las especies vivas. Se engendran unas a otras, se seleccionan, se eliminan y dan lugar a nuevas líneas de potencialidad. Las máquinas, en sentido lato, esto es, no sólo las máquinas técnicas sino también las máquinas teóricas, sociales, estéticas, etc., nunca funcionan de forma aislada, sino por agregado o por agenciamiento. Por ejemplo, una máquina técnica en una fábrica entra en interacción con una máquina social, con una máquina de formación, con una máquina de investigación, con una máquina comercial, etc.</p>
<p><strong>8.  Rizoma, rizomático:</strong> los diagramas arborescentes proceden con arreglo a jerarquías sucesivas, a partir de un punto central, de tal suerte que cada elemento local remonta a ese punto central. Por el contrario, los sistemas en rizomas o en emparrado pueden derivar hasta el infinito y establecer conexiones transversales sin que puedan ser centrados o clausurados. El término «rizoma» procede de la botánica, donde define los sistemas de tallos subterráneos de plantas vivaces que emiten yemas y raíces adventicias en su parte inferior. (Ejemplo: rizoma de lirio).</p>
<p>* Todas las notas han sido extraídas del “Glosario de esquizoanálisis” presente al final de <a href="http://www.traficantes.net/index.php/trafis/content/download/16241/176307/file/plan%20sobre%20el%20planeta.pdf">Plan sobre el planeta</a>, de Félix Guattari (Traficantes de Sueños, 2004)</p>
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		<title>La lista de Sinde</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 09:07:04 +0000</pubDate>
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&#8220;La Lista de Sinde&#8221; recoge un listado de las páginas web que se han ido &#8220;autoinculpando&#8221; de intercambiar cultura libremente mediante la integración de un buscador de descargas. Nuestro objetivo es responder con esta nueva lista de otras 200, 2.000 o 20.000 páginas web que el Gobierno debería también censurar por la misma razón: compartir cultura. Hasta ahora, los jueces siempre nos han dado la razón, pero si el Gobierno consigue poder cerrar y bloquear webs sin una orden judicial previa, tendrá que ir también a por todas las nuestras. ¡Ahora la Red actúa, únete!</p>
<p>Aquí encontrarás más información y las instrucciones para incluir en tu web un buscador de descargas: <a href="http://lalistadesinde.net/">http://lalistadesinde.net/</a></p>
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		<title>Las nuevas formas de acción colectiva desafían la lógica de la representación</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 11:36:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>leodecerca</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Versión completa de la entrevista con Amparo Lasén aparecida el 12 de diciembre de 2009 en el diario Público.
El 13 de marzo de 2004 un sms activó la protesta de miles de personas contra las mentiras del PP. Dos años más tarde un mensaje convocó en Internet la primera manifestación masiva del movimiento V de Vivienda. Hace una semana, la movilización en la Red obligó en dos días al presidente Zapatero a desautorizar a su Ministra de Cultura. ¿Asistimos a un cambio de paradigma en las formas de la movilización política?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong><strong>Entrevista con Amparo Lasén aparecida el 12 de diciembre de 2009 en el diario Público.</strong></strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong><strong>Fuente original:</strong><a href="http://blogs.publico.es/fueradelugar/114/multitudes-inteligentes-y-multitudes-relampago"><strong> Fuera de lugar</strong><br />
</a><br />
¿Qué te ha llevado a interesarte por los fenómenos de masa? </strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Yo empecé estudiando qué hacen las nuevas tecnologías y qué hace la gente con las nuevas tecnologías. ¿Qué hacemos hacer y qué nos hacen hacer a nosotros Internet, los ordenadores, los móviles? ¿Cómo median en las relaciones personales, las relaciones familiares o las relaciones laborales? Y a partir de estas investigaciones, en principio sobre el uso del móvil, llegué a estos usos “políticos” de las nuevas tecnologías. Pero lo que me interesa sobre todo es pensar cómo se articulan esos usos políticos con las otras prácticas (personales, familiares, laborales, etc.). </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>¿A qué te refieres? </strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Están apareciendo en Internet nuevas categorías o figuras intermedias entre los amigos o los seres queridos y los desconocidos o los extraños. Una nueva modulación de la intimidad. Personas que no son exactamente conocidas ni desconocidas, pero con las que se da intercambio y debates. A veces intercambio de insultos, pero muchas otras veces intercambio de ideas, de afectos. ¿Qué lleva a la gente a discutir de cosas íntimas con gente que no conoce pero con la que se acaba relacionando porque se encuentran periódicamente en un foro, se leen en una página web o se dejan mensajes en un blog? ¿Cómo pensamos la relación con los demás, qué se debate y con quién? De pronto cosas muy íntimas (que tienen que ver con el cuerpo, los sentimientos o la sexualidad) se discuten en público, cuestionando así la división clásica entre lo público y lo privado. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Esto se puede ver a veces en foros, páginas de ocio o privadas. Hablando con usuarios de webs de contactos algunos me contaban cómo, en la presentación de cada uno y en las primeras conversaciones con el otro, surgen opiniones muy contrapuestas sobre las relaciones, el cuerpo o la sexualidad. Y algunos me decían de manera muy cómica que de pronto se veían haciendo “pedagogía política” o “educación cívica”: en un conversación ya no estaban flirteando, sino diciendo “no hombre, no se puede hablar así de las mujeres o de los homosexuales”. Y así de un intercambio para ligar entre personas que no se conocen aparecen de pronto cuestiones sobre género, relaciones amorosas o sexualidad. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Hay otros estudios sobre redes sociales (Facebook, Tuenti…) donde se ve claramente ese cuestionamiento de la diferencia entre lo público y lo privado, pero también la flexibilidad entre el mundo virtual y el mundo físico. Páginas que en principio fueron concebidas para intercambios personales han servido para habilitar movilizaciones políticas, pero siempre a partir de y guardando esa huella de la comunicación interpersonal. Es lo que ocurrió el 13-M con el “pásalo”: si doy confianza al mensaje que me llega es porque me lo envía un amigo, aunque no esté redactado por él. Así, una movilización política que es pública puede no verse ni vivirse como algo separado de las relaciones afectivas privadas. Hay una flexibilidad entre lo que ocurre en Internet y lo que ocurre fuera: conozco a alguien en un blog y luego quedamos, extraños que se vuelven íntimos durante un tiempo, etc. Esa relación entre desconocidos, que tampoco es nueva (la gente siempre se ha encontrado en un bar, una discoteca o una manifestación), para mí constituye una de las bases de la posibilidad de actuar políticamente: la capacidad de establecer conexiones y actuar conjuntamente con gente que no conoces. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>El 13-M que has citado fue una <em>smart mob</em>, ¿nos puedes explicar ese término?</strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><em>Smart mob</em> significa “multitud inteligente”. Es una masa que se forma en la calle (en manifestación, sentada, performance), pero lo que la articula y posibilita es el contacto a través de los medios de comunicación personales, como los móviles o Internet. No hay una estructura estable detrás, tampoco son gente afiliada a un mismo colectivo. Su acción puede ser momentánea y desaparecer, o sucederse de manera intermitente a lo largo de cierto tiempo sin que necesariamente se genere una estructura. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">El 13 de marzo es considerado una <em>smart mob</em>, también lo que ocurrió en Seattle en 1999, las movilizaciones en Filipinas que acabaron con el presidente Estrada o las que ayudaron a ganar las elecciones al presidente de Corea en 2002, manifestaciones de chicos de instituto (que normalmente no participaban políticamente) contra la guerra de Irak, iniciativas ciudadanas para la vigilancia de procesos electorales (no bajo la forma-manifestación) en África o en las segundas elecciones que ganó Bush, pero también cosas menos democráticas o emancipadoras como las protestas de musulmanes en Nigeria contra la celebración del concurso de Miss Universo, que acabaron en linchamientos de cristianos…</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>¿En qué se diferencia una <em>smart mob</em> de un movimiento social? </strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Es la diferencia que se hace desde la sociología ortodoxa o la teoría política entre movilización y movimiento. Se entiende que hay movimiento cuando se da una cierta continuidad, cuando se genera una estructura, una coordinación o una forma de organización estable, cuando existe una ideología o una identidad colectiva. Esos rasgos aquí no aparecen. Aquí se da una forma de comportamiento político, pero desligada de las nociones de estructura o identidad. Hay acción colectiva, incluso una continuidad de esas acciones, aunque no asuma los rasgos estructurales de lo que se han llamado los movimientos sociales. Existen ejemplos de movilización con una continuidad intermitente en el tiempo. Han funcionado durante mucho tiempo con un gran nivel de incertidumbre de los organizadores con respecto a qué es lo que va a pasar, quién va a venir, sin llegar a generar unas estructuras o unas formas de organización sólidas. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>¿Se trata de la clásica diferencia entre organización y espontaneidad?</strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Hay gente que lo lee así, pero no es sólo espontaneidad: están los afectos, por ejemplo la ira o las ganas de hacer algo, pero también hay un germen de otra manera de organizarse. La gente no sólo se lanza a la calle, hay un pensamiento entre los participantes sobre cómo se va a hacer esto, cómo organizar las cadenas de sms, etc. Las movilizaciones contra Estrada o lo que ocurre en Corea no duran sólo un día sino un cierto tiempo, durante el cual se siguen generando contenidos que no tienen porqué venir de las mismas iniciativas. Más que de organización vs espontaneidad, sería mejor hablar de intermitencia o de discontinuidad. También hay una diferencia de tiempos. No se trata tanto de espontaneidad como de un sentido de la oportunidad, como ocurrió el 13-M: cuando hay que organizar algo es <em>ahora</em>. Tampoco la elección de un modelo es consciente o intencional. Depende de la disponibilidad o no de recursos organizativos, de si la gente que participa está o no inmersa en organizaciones activistas o políticas, etc. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>Sin embargo, en esa intermitencia o discontinuidad hay formas de memoria, porque <a href="http://agitpub.wordpress.com/2007/06/06/persiguiendo-a-la-%E2%80%9Cv%E2%80%9D-de-vivienda/" target="_blank">difícilmente se habría dado por ejemplo la V de Vivienda sin el 13-M</a>, o el 13-M sin el “no a la guerra”. </strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Quizá es más preciso hablar de intermitencia que de discontinuidad. El 13-M no se entiende sin el clima de afectos que desencadena el 11-M, pero tampoco se entiende sin la experiencia de movilizaciones anteriores como el “no a la guerra”. Y la <a href="http://www.vdevivienda.net/" target="_blank">V de Vivienda</a> igual. A mí no me interesan tanto los discursos o las ideologías como las formas en que la gente protesta o se manifiesta. Lo interesante del 13-M es que se hace una manifestación sin convocatoria y sin recorrido, pero sin embargo la gente se reúne y se mueve. Es un movimiento autoorganizado, se pasa por delante de las Cortes donde normalmente uno no se puede manifestar, en Atocha se hace un minuto de silencio, etc. Y en la primera manifestación de V de Vivienda ocurre lo mismo. Es otra manifestación sin trayectoria. Yo pienso que hay una relación entre ambas. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Esta inexperiencia o ingenuidad hace visibles las normas: por ejemplo que para manifestarse hay que pedir permiso a la Delegación de Gobierno. Los poderes públicos obligan a los manifestantes a tener una cabeza visible: alguien tiene que responder y ser responsable de lo que pasa. Hay que pedir permiso, anunciar un recorrido, cosas que normalmente se hacen siempre, pero que mucha de la gente que iba a la V de Vivienda desconocía, porque se trata de un movimiento sin cabeza, de iniciativas que surgen porque hay gente discutiendo en un foro, de pronto uno tiene la idea y otros se apuntan. Por supuesto, esas vaguedades a las autoridades no les interesan. Todo esto te hace replantear cosas: ¿por qué no podemos manifestarnos aquí? ¿Por qué no podemos organizar una acción colectiva y pacífica en un espacio como Atocha?</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>¿No estamos ante algo muy frágil? </strong> </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Lo imprevisible, la intermitencia y la ausencia de organización son su fuerza y al mismo tiempo su debilidad. Hay gente que piensa que todo esto no es muy interesante porque es frágil. Evidentemente es frágil si lo medimos con los criterios de los movimientos sociales tradicionales o con los criterios de una lógica que interpreta el éxito de una iniciativa política por su capacidad para crear institución y continuidad. Pero hay que ver su interés en otras cosas, a veces muy difíciles de medir: una politización de los afectos, una forma distinta de ocupar el espacio público, la implicación de gente no politizada anteriormente, una socialización de saberes, un desafío a la lógica de la representación, el impacto que tiene la experiencia sobre la subjetividades de las personas que participan… </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">¿Qué ha pasado con las personas que acudieron a una de estas iniciativas? ¿Qué ha sido de las personas que participaron el 13 de marzo? A mí lo que me interesa es ver no tanto qué pasa en las conciencias de los activistas con más saberes, como en esas personas que no se percibían como activistas, no percibían la calle como un ámbito que les correspondía pero participaron de repente en estas iniciativas. En los testimonios que recogí de la gente que participó el 13 de marzo se expresaba mucha sorpresa, la euforia de “darse cuenta de que somos tantos”. Esa idea es una condición básica para poder pensar la actividad política o el espacio público: la capacidad de conectarte con gente que no conoces para hacer algo juntos. En la teoría de los movimientos sociales prima hablar sobre gente que tiene los mismos intereses, pero a veces no se trata de intereses tan hechos, sino más bien de sentires, malestares, enfados, emociones. Ni tan siquiera opiniones. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Y el 13-M, de pronto, a través de los móviles e Internet, “fíjate cuántos somos” y estamos aquí en la calle porque estamos de acuerdo, tenemos las mismas preguntas o la ira en común. Ese ese sentir que somos tantos y que podemos hacer cosas que no podemos hacer normalmente. Esto es algo que se encarna en las propias prácticas físicas: estamos en medio de la calle donde no se puede estar, estamos protestando en un día de reflexión en el que no se puede salir a la calle, estamos mostrando nuestra presencia y construyendo nuestra presencia como colectivo. Era un colectivo virtual, porque esos sentimientos y esas ideas existían, y de pronto se encarna en esa manifestación y en esa masa. En el momento en que se vuelve masa y masa rítmica de gente que actúa, se mueve, grita y corea consignas en común hay una toma de conciencia: esto es posible. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">A partir de ahí, es difícil ver las trayectorias que se hayan podido generar, cómo siguen trabajando estas experiencias en la gente que participa en ellas, todo es más difícil de ver, de guardar la huella. ¿Por qué la gente participa en estas movilizaciones y luego deja de hacerlo? ¿Por qué las llamadas a veces no funcionan, no pasan o no prenden aunque se hayan usado los mismos medios? ¿Cómo canalizar esa presencia y esa participación fuera de los momentos de movilización? Son preguntas, interrogantes que quedan.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>Durante años, todos los domingos en el Retiro se juntaba muchísima gente a tocar instrumentos de percusión. Sin embargo, cuando ha surgido un conflicto con el Ayuntamiento y la policía la experiencia al parecer se ha volatilizado, <a href="http://percusionretiro.blogspot.com/" target="_blank">apenas queda ahora un puñado de personas protestando contra la medida y reivindicando el espacio</a>. ¿Puede llegar a frustrar esa fragilidad?</strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">No conozco el caso. Pero quizá la gente que se juntaba para tocar no tiene ganas de enfrentarse a la policía. O bien se generó un hábito que se desarticula una vez perdido y la gente se dedica a otras cosas, se pierde el contacto. Cuando las experiencias están articuladas a través de un blog o de un foro no es tanto problema que no pueda ocuparse determinado espacio porque se sigue conectado. Aquí lo que tal vez haya podido pasar es que gente que se juntaba para algo más lúdico, se retrae una vez que se revela ese componente conflictivo o político. Muchas <em>flash mob</em> (multitud relámpago) no tienen una intencionalidad política, pero su propia acción cuestiona determinadas normas del espacio público y el conflicto se genera. Hay gente que se da cuenta de pronto de esa dimensión conflictiva y no tiene ganas de enfrentarse con la policía. A veces estas acciones son conscientes de su carácter político o de ciertos riesgos que puedes correr, como fue el caso del 13-M. Pero en otras <em>flash mob</em> de tipo más lúdico no está esa conciencia y cuando llega el conflicto (por el ruido o la ocupación del espacio) hay gente que se echa para atrás porque eso no estaba en su intención. Ese es otro rasgo de este tipo de movilización: no todo está hecho de manera consciente o intencional, la gente se va dando cuenta de lo que hace según lo va haciendo. Esto puede generar esas sensaciones positivas de euforia o de sorpresa que comentábamos, o bien el miedo de verse de pronto asumiendo un riesgo con el cual no se había contado. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Es un problema parecido al que se ha visto recientemente en Irán: la misma herramienta que sirve para que las gentes se conecten y hace visible una llamada o una convocatoria, hace igualmente visible y vulnerable a la gente que la ha realizado (en países como China o Irán). Por un lado, esto agudiza el ingenio informático de las personas y los activistas: pienso en esa aplicación que cambia la dirección IP de tu ordenador constantemente para dificultar la vigilancia. Pero muchas personas están llegando a la movilización política por esa conjunción de las posibilidades que le abre su propia práctica tecnológica y un deseo que se descubre de repente. Sin experiencia y sin saberes previos uno se da cuenta de esos problemas (la respuesta policial o que ese ordenador podía ser visto por otras personas) a posteriori. Muchas veces los usuarios aprenden sobre la marcha. Igual que no te das cuenta de que en Facebook tienes que ir a la opción “privacidad” para decir que quieres que tu información sólo esté visible para tus amigos y lo descubres cuando una noticia tuya llega a gente a la que nos querías mandársela. A veces es el precio a pagar si quieres beneficiarte de la visibilidad y de la accesibilidad: estar accesible y visible para los que te quieren controlar o puedan tomar represalias en contra tuya. Pero hay un aprendizaje sobre la marcha, lo veíamos hace poco en Flickr: hace unos años muchas de las fotos expuestas te las podías descargar, pero ya no es así, la mayor parte de las fotos no las puedes descargar, sólo ver. Los usuarios han aprendido a protegerse. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>Es verdad, se generan saberes para afrontar situaciones nuevas. Pienso en <a href="http://agitpub.wordpress.com/2007/06/06/persiguiendo-a-la-%e2%80%9cv%e2%80%9d-de-vivienda-ii/" target="_blank">la iniciativa de un bloggero</a> que acudía al comienzo a las manifestaciones de V de Vivienda y que, tras la represión policial contra la segunda y la tercera sentadas, se puso manos a la obra y buscó por su cuenta testigos de las detenciones para apoyar a la gente en los juicios. ¡Y la cosa salió muy bien!</strong> </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Eso quizá tiene que ver con cosas que se aprenden fuera del ámbito de la movilización política, pero que implican prácticas y tecnologías que también pueden utilizarse aquí. Por ejemplo, las personas que están habituadas a usar Internet, los móviles, participar en foros, hacer búsquedas de información, hacer quedadas… Estas prácticas que tienen que ver con el ocio, con el ligue, de pronto pasan a ser útiles en la movilización política. Esa experiencia de usos y hábitos adquiridos en otros contextos, medios y situaciones se moviliza para estas acciones colectivas. Hay gente que no tiene saberes políticos o de movilización, pero sí de cómo buscarse, cómo citarse, cómo organizarse, cómo coordinar a gente que no conocen para debatir sobre cosas que les gustan, etc. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">A veces una experiencia se detiene o desaparece, pero surgen otras. Es cierto que las cosas se vuelven más volátiles. Hay un rechazo a identificarse totalmente con una práctica. La gente se dice: “esta es una más de las cosas que hago, si ahora no puedo hacerlo ya habrá tiempo más adelante”. Un sociólogo australiano llamado Kevin McDonald, que ha analizado movilizaciones contemporáneas en China, movimientos antiglobalización en EEUU o Australia, decía “nadie representa el movimiento ni el movimiento me representa a mí”. Es decir, el movimiento es parte de mi vida, pero en mi vida hay muchas otras cosas también. Entonces ahora vengo, ahora voy, ahora participo de manera más afectiva, imaginaria o virtual y no estoy todos los días de manera presente. Esto condiciona los ritmos de aparición y desaparición de las movilizaciones, etc. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Hay mucho por ver aún, estemos atentos. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías? ¿A qué llamas “agencia compartida”? </strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">La idea de “agencia compartida” quiere evitar dos errores comunes. Por un lado, la idea de que las tecnologías son meros instrumentos pasivos que dejan las situaciones como estaban. Esta tesis afirma que el aspecto determinante es lo social, es decir <em>lo que</em> las personas quieren hacer y hacen, y que al final da un poco igual <em>con qué</em> lo hagan: antes se usaban las cartas y la imprenta, ahora los móviles o Internet. El otro error es el determinismo tecnológico: pensar que por el mero hecho de que una tecnología exista ya altera todo el ámbito de relaciones y de prácticas donde esa tecnología está presente. Sería pensar que como hay Internet y existen los móviles todo va a cambiar y todo ha cambiado. O por ejemplo que los medios por sí mismos van a generar transformaciones políticas. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Agencia compartida significa que las tecnologías no son instrumentos pasivos, sino que contribuyen a generar dinámicas, que nos hacen hacer ciertas cosas y que nosotros las hacemos hacer otras. Por ejemplo, los móviles no estaban hechos para comunicaciones públicas, ni para mandar mensajes a mucha gente. Los ingenieros los habían diseñado para comunicaciones interpersonales. Facebook no está pensado para que se organicen manifestaciones internacionales contra las FARC, sino para que las personas jóvenes se comuniquen entre sí. Esos usos los descubren y los inventan los usuarios. La gente está acostumbrada a usar la tecnología para ciertas cosas y de pronto le da una aplicación política o pública. Si tal o cual tecnología me conecta con amigos o con amigos de mis amigos, por tanto con gente que yo no conozco, me puede servir igual para comunicarles mi enfado o mi indignación política y proponer hacer algo. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">El hecho de que haya tecnologías facilita ciertas cosas, dificulta otras, crea hábitos nuevos y hace olvidar otros antiguos. Es lo que llamo “procesos de subjetivación y desubjetivación”. Nos constituye como lo que somos y hace que perdamos formas de lo que éramos antes. En el caso de una investigación sobre el uso del móvil, preguntamos en las entrevistas: ¿cómo te organizabas antes, cómo te coordinabas con tus amigos, tu familia o tu pareja hace 5 o 10 años? La gente no se acuerda, usa el condicional (”pues supongo que lo hacía…”). </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">O cambian las maneras en que nos comportamos en los espacios públicos, renovando o transformando las normas de etiqueta. Pero aparentemente tampoco nos hemos dado cuenta de esto. La gente se detiene hoy a hablar en la calle con el móvil en Inglaterra, cuando la práctica del espacio público allí es que la calle sea un espacio de tránsito y de circulación permanente donde nadie se pare. La tecnología hace hacer y la hacemos hacer.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>Antes has citado las <em>flash mob</em> (multitudes relámpago), ¿en qué consisten? ¿En qué se diferencian de una <em>smart mob</em>?</strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">En la literatura sobre estas cuestiones se hace una distinción entre <em>smart mob</em> y <em>flash mob</em>. Las <em>smart mob</em> son acciones colectivas organizadas a través de Internet o móviles con un mensaje claramente político. Las <em>flash mob</em> son idénticas formalmente, pero no tienen mensaje político, sino un sentido más lúdico o absurdo: hagamos algo que se salga simplemente de lo habitual (como una guerra de almohadas, por ejemplo). Me interesaba ver porqué se separaban como dos fenómenos completamente distintos (uno inteligente y otro bobo) cuando sólo les distinguía la existencia o no de un mensaje político. ¿Por qué en una <em>flash mob</em> no se ve nada político, cuando se usan las tecnologías de modo activo y creativo (no <em>padecido</em>) para conectarse, personas que no se conocían se juntan para hacer algo de forma concertada, se propone un uso del espacio público y urbano que no es el habitual, lo cual muchas veces revela conflictos sobre qué puede hacerse en el espacio público y quién lo decide? ¿Por qué pensar entonces que no es algo político? ¿Sólo porque falte un mensaje crítico intencionado? Las <em>flash mob</em> rompen la dicotomía medios/fines. En ellas el cómo es el qué.</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Esto lo poníamos en relación con ciertos estudios sobre movimientos sociales y nuevas tecnologías que minimizan éstas como meros instrumentos, que además se critican porque favorecen la autorreferencialidad y sólo promueven la sociabilidad, oponiéndose la sociabilidad a “lo social” (es decir, la cuestión social de la izquierda más tradicional). Nos preguntábamos si la comunicación y el uso de los medios no sería una participación en sí misma, admitiéndole un valor político. En la actividad cotidiana con las tecnologías hay conflictos de poder (intereses contrapuestos: propiedad intelectual, control, usos comerciales): ¿por qué un conflicto ahí va a ser menos real políticamente? Todos los trabajos que hacemos nos muestran que las personas no ven lo real y lo virtual como ámbitos separados (eso está más bien en el ojo del investigador), que todo forma parte de la vida y que hay una continuidad y flexibilidad entre las relaciones cara a cara, en mi trabajo, en mi casa y lo que pasa en la Red. ¿Por qué íbamos a separar entonces unas acciones de las otras? No es de recibo. ¿Se puede excluir estas formas de acción y comunicación de lo político? ¿A qué llamamos lo político? </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">No se consideran acciones políticas porque no tienen discurso ideológico. No se consideran acciones políticas porque no hay reivindicación o un desafío explícito a las autoridades, a una empresa, al gobierno. Ciertamente, estas acciones no se presentan como una relación de fuerzas directa, no se presentan como una demanda a un gobierno. No hay interpelación a un enemigo, tampoco hay una apelación a las instancias tradicionales (el gobierno, etc.). Pero esas interpelaciones pueden darse de manera no intencional y aparecen en el mismo desarrollo de las acciones surgiendo conflictos de manera latente. Es otra manera de entender lo político. Son acciones y reacciones a relaciones de poder, cuestionamientos de qué es lo público, interrogaciones sobre qué hacemos cuando estamos juntos y las maneras en que nos relacionamos. En el fondo todo esto entra en las definiciones tradicionales de lo que son las cuestiones clásicas de lo político: qué es la vida en la polis, qué es la vida en común. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Hay algo propio del uso de las nuevas tecnologías muy interesante que es no tanto crear cosas nuevas, como hacer visibles aspectos de las relaciones y de las acciones que ya se daban pero que no se podían ver. Con las nuevas tecnologías se pueden seguir las comunicaciones a través del e-mail, se pueden ver las personas que uno conoce en el móvil, se puede medir la intensidad de los intercambios. De hecho, la gente percibe el móvil así, con ese punto de auto-reflexividad. Quizá las nuevas tecnologías nos están haciendo volver a ver, recordar o visibilizar aspectos que nunca dejaron de existir, pero que habían quedado en segundo plano en el conflicto entre los profesionales de la política (políticos, activistas o politólogos). Porque todo esto que digo tiene que ver con los discursos de los nuevos movimientos sociales como el feminismo o el movimiento por la liberación sexual: cuestionar la dicotomía público/privado, recordar que la política pasa por los cuerpos, valorizar la cuestión personal y de los afectos, etc. ¿Por qué el pensamiento de izquierdas tiene en general tanto miedo de los afectos y las emociones? Como si fueran algo irracional, fascista. Hay otras apariciones de los afectos y las emociones, no sólo en las masas fascistas. Separar las emociones de la razón es un rasgo típico de la modernidad. En cualquier ejemplo de movilización política siempre están las emociones y los afectos. Es lo que te afecta y te motiva a participar y continuar. También se suele ver el placer o lo lúdico como frivolidad. Hay un problema muchas veces entre los movimientos sociales de izquierda con la dimensión placentera de la movilización, como si sólo lo grave y solemne fuera serio y real. </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>Sin embargo, al otro lado hay una <a href="http://blogs.publico.es/fueradelugar/29/nueva-derecha-y-malestar-social" target="_blank">Nueva Derecha 2.0</a> que hace un uso muy desprejuiciado de las nuevas tecnologías y las nuevas formas de movilización… </strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Tendemos a ver a la derecha como un bloque político más estucturado, centralizado, organizado. Pero también hay mucha heterogeneidad y últimamente ciertos componentes se han servido de estos medios para hacer efectiva esa heterogeneidad y movilizar. Estoy convencida de que estas prácticas están creando también dentro de estos grupos cuestionamientos internos y cambiando las subjetividades. ¿Cómo se articula luego esa descentralización con las otras estructuras tan jerárquicas? El hecho de estar manejando formas que favorecen la descentralización y la proliferación de iniciativas, favoreciendo así la autonomía y la multiplicación de grupos, debe de estar cambiando también las subjetividades en la derecha. Allí donde la organización se daba mediante el control continuo y la jerarquía sobre los militantes, todo esto tiene que estar a la fuerza produciendo cambios. De hecho, las subjetividades de que hablamos también se dan a la derecha: participación intermitente, desconfianza hacia las formas de representación tradicionales, gente que piensa que la acción política tiene que ver en su vida pero que hay otras cosas, etc. ¿Cómo les cambia la experiencia de participar de esa euforia de tomar la calle? ¿Cómo les cambia la experiencia de la autoorganización más allá de los partidos? </span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;"><strong>Dices que las nuevas formas de movilizarse “atentan contra las bases de lo político”, ¿qué quieres decir? </strong></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Según el Barómetro europeo, España fue el país donde más manifestaciones hubo entre 2006 y 2007. Sin embargo, en el mismo estudio varios politólogos escribían que España era a la vez el país dónde la desafección y el desinterés por la política era mayor. Qué paradoja, ¿no? Esos politólogos medían el interés por la política a través de la afiliación y del conocimiento: ¿se siguen los medios de comunicación, se sabe reconocer nombres de políticos o de la actualidad? No, por tanto hay desinterés y desafección por la política. La gente manifestándose en la calle y sin embargo se mide el interés por la política a través de los niveles de afiliación a partidos y otros colectivos institucionalizados, a través del seguimiento mediático de la actualidad política. ¿Acaso estar en la calle no es una forma de participación política?</span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Bitstream Vera Sans Mono,sans-serif;"><span style="font-size: x-small;">Desde un punto de vista sociológico, me parece apasionante analizar este tipo de procesos no intencionales: prácticas que no están organizadas ni impulsadas por identidades (identidad obrera, etc.), pero que sin embargo existen, activan solidaridades y formas de actuar en común. ¿Qué papel juegan las tecnologías en esas otras maneras de ir construyendo subjetividades (es decir, cómo las personas se perciben a sí mismas, su entorno, el mundo, las relaciones con los demás)? ¿Por qué la gente recibe una llamada en su móvil o un mensaje y decide participar en estas performances un poco teatrales, un poco artísticas, a veces más subversivas que otras, con reivindicaciones o sin ellas? De alguna manera, creo que estas nuevas formas de movilización hacen visibles cosas que siempre han estado en la política, pero quizá nunca han sido subrayadas por los observadores: por ejemplo, la importancia de los afectos, de las emociones, de los sentimientos como motivadores de acción. Quizá estamos asistiendo, de una manera no intencional por parte de las perdonas participantes, a una redefinición de la naturaleza de lo político, de una movilización política.</span></span></p>
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		<title>El Yo-Marca y los Malestares. Fotos de las charlas con Espai en Blanc y Bifo.</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Nov 2009 13:46:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>xavi</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Muchas gracias a todos los que asististeis a las charlas del miercoles y el jueves pasados!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas gracias a todos los que asististeis a las charlas del miercoles y el jueves pasados!<br />
La verdad es que estamos muy contentos de haber podido ofrecer dos actividades tan interesantes. </p>
<p>Aquí teneis las fotos.</p>
<p>
<strong>-- SimpleFlickr Content --</strong><br />
(Please visit the original post page to view the details.)
</p>
<p>
<strong>-- SimpleFlickr Content --</strong><br />
(Please visit the original post page to view the details.)
</p>
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		<title>“Tenemos que liberarnos de lo que la realidad nos obliga a ser” Entrevista a Santiago López Petit</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2009 10:24:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>leodecerca</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Entrevista realizada por Verónica Gago para el diario argentino "Página 12".
Militante de las corrientes de Autonomía Obrera en los años ’70, el catalán López Petit señala la coincidencia de capitalismo y realidad y que esta última se constituye en el problema porque queremos cambiarla. Vivir ya es un hecho de resistencia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fuente original: <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-130911-2009-08-31.html&lt;b&gt;">Diario Página 12</a></p>
<p><strong>–Usted dice que hoy la realidad misma se ha hecho capitalista y “no deja nada afuera”. ¿Cómo entender entonces las experiencias de resistencia?</strong></p>
<p>–Cuando digo que la realidad y el capitalismo coinciden, y que por tanto, no queda nada afuera, no hago un discurso de la impotencia, del no se puede ya hacer nada. Evidentemente que existen experiencias de lucha. Evidentemente que se sigue luchando, porque en muchas ocasiones la vida obliga a luchar. Eso es innegable. La pregunta clave es si estas experiencias de lucha –desde la resistencia a la precariedad y a la exclusión pasando por el “No a la guerra”– abren verdaderamente caminos de liberación. Más bien parece que no es así. Una sensación generalizada de impotencia y de escepticismo paralizante se extiende y nos acompaña. Eso es lo que deseo combatir y creo que la tesis de la coincidencia entre capitalismo y realidad es, paradójicamente, un buen punto de partida ya que contiene el mínimo autoengaño necesario para luchar.</p>
<p><strong>–¿En qué sentido?</strong></p>
<p>–La tesis que afirma la coincidencia entre realidad y capitalismo es una tesis histórica, filosófica y política. Histórica porque señala nuestra entrada en la época global y explica, asimismo, el proceso que ha conducido a ella; filosófica, porque considera que esta realidad hecha una con el capitalismo, esta realidad única, y que a la vez se indetermina en sus múltiples caras (evanescente, oculta, obvia), se ha convertido en nuestro problema fundamental; y política, ya que la realidad se constituye en nuestro problema en la medida que queremos cambiarla. La tesis de la coincidencia entre capitalismo y realidad plantea, en definitiva, la pregunta fundamental: ¿es posible intervenir políticamente de un modo crítico y radical en una época pospolítica, es decir, en una época que parece haber bloqueado todo intento de verdadera transformación social?</p>
<p><strong>–¿Cómo contesta usted esa pregunta?</strong></p>
<p>–Es válido y más cierto que nunca, que vivir significa resistirse al poder, a los hechos, a la realidad. Lo que sucede es que esta resistencia se ha hecho más complicada ya que somos íntimamente capitalismo: nuestra vida, la vida de cada uno, es profundamente capitalista. Pero, a la vez que aumentan las dificultades a la hora de resistir –y ésa es una constatación ampliamente compartida– la propia resistencia se hace necesariamente más radical. Más radical en el sentido de que hay que ir a la raíz de lo que somos, partir de nuestro querer vivir. En otras palabras, resistir es cada vez más resistir(se). Este pequeño desplazamiento es fundamental. La reflexividad que el castellano nos permite introducir en el verbo “resistir” es la marca en el lenguaje de lo que decimos y también una vía de salida.</p>
<p><strong>–Desde esta perspectiva, ¿cuál es la lectura y/o el balance de luchas recientes en las que usted ha participado tales como la ocupación de viviendas y las manifestaciones contra la guerra?</strong></p>
<p>–Las experiencias de lucha de las que habla, en cierta medida prolongan lo anterior. Creo que las luchas más interesantes de los últimos años son las que han sabido inventar gestos radicales. Un gesto radical no es una gesticulación claro está. Es una práctica que sostenida en el tiempo permite interrumpir las relaciones de sentido, de poder y de explotación. Tomemos un ejemplo: la ocupación de un edificio deshabitado. Cuando se ocupa colectivamente un edificio para convertirlo en centro social, se pone en marcha un gesto que afirma: “esto es un espacio de libertad y de vida”. Lo que constituye una auténtica provocación, pero todo gesto radical es siempre, por lo menos al comienzo, una provocación. La ocupación implica, en verdad, un proceso de desocupación del espacio. El espacio ocupado se vacía de “relaciones mercantiles, de relaciones de poder” evidentemente hasta cierto punto. Más allá del éxito o fracaso del ciclo de la ocupación –me estoy refiriendo a Europa– está claro que la ocupación al emplear el espacio como palanca interrumpe el funcionamiento de la realidad, la ataca. El movimiento antiglobalización, por su parte, tuvo su momento de mayor éxito cuando pudo plasmar el gesto radical que defendía: “esta cumbre de jefes de Estado no va a tener lugar”. Y este ejemplo es interesante para mostrar la poca importancia de las argumentaciones y, en definitiva, de la consigna “otro mundo es posible”. Lo crucial era el gesto radical que desbarataba el enfrentamiento medido en términos de correlación de fuerzas y acorralaba al poder. Por eso en Génova el poder tuvo que matar como única manera de cortar un movimiento que escapaba a su control.<br />
<strong><br />
–¿Habría entonces diversos tipos de gestos que confluyen en el ataque a la realidad?</strong></p>
<p>–Ciertamente hay más gestos radicales y no todos son comparables. Algunos abren verdaderamente espacios del anonimato al territorializarse. Otros no superan el límite que la provocación lleva en sí misma. En todo caso lo que me parece interesante es que los gestos radicales asociados a estas experiencias de lucha, y otros muchos que colectivamente puedan inventarse, atacan la realidad. Atacan la realidad por cuanto ponen la interrupción en un primer plano. Interrupción como he dicho de las relaciones de poder, etc. Pero sobre todo, interrupción del sentido común. El sentido común es lo que, en última instancia, permite que la obviedad proteja la realidad. Por eso atacar la realidad es antes que nada agujerear la obviedad.</p>
<p><strong>–El poder hoy, según su último libro, se expresa y actúa como “poder terapéutico”. ¿Qué significa? ¿Por qué logra ser efectivo de este modo?</strong></p>
<p>–La realidad que nos oprime es la propia realidad que construimos viviendo. O lo que es lo mismo, la realidad se construye a partir de la movilización de nuestra vida. Hoy cada uno de nosotros es una vida movilizada que tiene que hacer un esfuerzo inmenso para constituirse y no caer en la muerte social de la exclusión. Ciertamente no todas las vidas son iguales y la movilización es estratificadora. Unos son emprendedores (empresarios de sí mismos), otros precarios o simples marionetas, otros sombras estigmatizadas. Pero en todos los casos, vivir no es vivir. Vivir es gestionar la propia vida. Esta gestión puede ser la simple gestión de un currículum vitae o la dura supervivencia por salvar la propia vida. Lo que sí es común es el hecho decisivo de que la movilización –una movilización que tiene un carácter global– tritura nuestras vidas. Por esa razón el poder tiene que convertirse en poder terapéutico, y la política en gestión (productiva) de ese malestar. La política se aproxima a la terapia ya que su función consiste en mantenernos con el mínimo de vida, en capitalizar nuestra vulnerabilidad. En esta sociedad estamos condenados a ser tan sólo una vida sostenible al borde de la crisis. O dicho más concretamente: el poder terapéutico tiene como objetivo principal imponer la persistencia del ser precario que es el único ser que podemos ser. El ser precario tiene que persistir porque comporta un tipo de vulnerabilidad que produce el máximo de beneficios para el capital. La precariedad no es por tanto meramente laboral. La precariedad configura nuestro ser y transforma el hecho mismo de vivir. En definitiva, el poder se hace terapéutico para permitirnos aguantar. “Aguantar” quiere decir funcionar como piezas de esta movilización insensata en la que se (auto)reproduce esa realidad obvia.<br />
<strong><br />
–¿Cómo se ubica en relación con el más clásico poder represivo?</strong></p>
<p>–Es importante aclarar que el poder terapéutico no es solamente la medicalización generalizada. En la escuela al niño hiperactivo se le dan medicamentos para calmarlo; tomamos somníferos para poder dormir e ir a trabajar; tomamos antidepresivos cuando estamos sencillamente tristes. El poder terapéutico gestiona, como ya hemos dicho, nuestra vulnerabilidad. Hace que nuestra vida privada no nos ahogue, hace que sea más soportable. Esto en el mejor de los casos. A menudo, el poder terapéutico es el mero reciclaje de las vidas que sobran. El poder terapéutico, no es en absoluto un poder blando si bien su modo de reprimir es distinto. Incluso en ocasiones podemos hablar de un verdadero estado de excepción terapéutico. ¿Qué es si no lo sucedido en México y Argentina con la gripe A?</p>
<p><strong>–¿Se puede decir que el malestar como “cuestión social” ha reemplazado a lo que este término clásicamente refería: el problema de los pobres y los marginales? ¿Por qué?</strong></p>
<p>–Creo que una de las conclusiones más importantes de lo que llevamos dicho es el nuevo estatuto de la vida. Al confundirse la movilización global con el propio vivir, la vida misma se convierte en una cárcel. La propia vida se constituye como la forma de dominio más perfecta. Entonces la crítica de la economía política se queda corta por mucho que se hable de biopoder, ya que estamos más allá de la economía política desde el momento en que hemos puesto la realidad como nuestro verdadero problema político. Es viviendo como reproducimos esta realidad obvia y capitalista que se nos cae encima y nos oprime. Pero a continuación hay que añadir, en seguida, que si bien la vida es la forma misma del dominio, también constituye el campo de batalla. Y aquí es donde aparece la cuestión del malestar social. La movilización global que (re)produce esta realidad, que nos clava en el cuerpo la marca (comercial) que somos, genera profundo malestar. Las enfermedades del vacío (depresión, estados de pánico, etc.) se extienden de modo epidémico, en la misma medida que lo hace la precarización. Y con la movilización global una nueva cuestión social se abre paso: el malestar. Pero no hay que confundirse. El malestar no es un simple estado psicológico. El malestar es querer vivir y no poder hacerlo. Y la dificultad máxima que nos encontramos al querer vivir es la pobreza. En nuestro mundo globalizado, la miseria de la abundancia es también la abundancia de la miseria. Nuestro malestar nace de la imposibilidad de ser dueños de nuestra propia vida, de la imposibilidad de expresar una resistencia común y liberadora contra esta permanente movilización en que se ha convertido la vida. Ahora podemos reformular nuestro objetivo: atacar la realidad es politizar el malestar social, politizar nuestro estar-mal. Lo que nos llevaría necesariamente a plantearnos qué es politizarse hoy.</p>
<p><strong>–En este sentido, usted habla de la fuerza del anonimato como arma política, ¿por qué? Usted incluso sugiere una relación con el. “¡Que se vayan todos!” argentino ¿Cómo sería?</strong></p>
<p>–Sí, la fuerza del anonimato es para mí fundamental. La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿existe una fuerza política que pueda atacar esta realidad que tan sólo hemos empezado a definir? Si analizamos algunas experiencias de resistencia de los últimos tiempos, siempre nos encontramos con un fuerte componente anónimo. Anónimos son los que en las periferias de París queman coches, anónimos son los que salieron a la calle en Madrid con ocasión del atentado del 11-M del 2004 a manifestarse contra Aznar, anónimos eran los argentinos que exigían que todos los políticos se fueran. Podríamos poner más ejemplos. La novedad de estos movimientos reside en que no se trata de sujetos políticos en un sentido clásico porque no buscan un reconocimiento político mediante la visibilización. Al contrario, estos movimientos huyen de la forma sujeto, y se constituyen como verdaderos espacios del anonimato, como agujeros negros abiertos en la realidad. La política tradicional que persigue siempre hacer inteligible la realidad se halla impotente frente a ellos. Por lo demás, la izquierda más radical a menudo tampoco sabe qué hacer con ellos ya que siempre los ven como deficitarios, como incapaces de hacer política puesto que no poseen un proyecto político definido. Y ésa es, en cambio, su fuerza. Si la fuerza del anonimato puede desfigurar la realidad es precisamente por ser una fuerza anónima. Una fuerza anónima es una fuerza extraña y paradójica cuyo máximo poder se basa en su no-poder. La fuerza del anonimato, en el fondo, no es más que la fuerza del querer vivir. Atacar la realidad es clavar en ella un espacio del anonimato. ¿Y qué son los espacios del anonimato? Son todo y son nada. Son el ritmo repetido del gesto radical que ha interrumpido la movilización global. Son los espacios en los que la gente pierde el miedo y hace de su querer vivir un desafío.</p>
<p><strong>–Finalmente, ¿a qué se refiere con la propuesta de una “política nocturna”?</strong></p>
<p>–Con el término política nocturna intento sintetizar la propuesta que he presentado. La política nocturna –como la propia palabra lo indica– se sitúa más allá del proyecto ilustrado, o dicho más concretamente, más allá de la crisis de las categorías políticas modernas. Estado-nación, democracia, sujeto político, son categorías en crisis, porque la misma noción de espacio político está en crisis. La política moderna era un intento de hacer inteligible lo social, y esa inteligibilidad suponía una visibilización que pasaba siempre por la forma de la representación. La política moderna más revolucionaria comprendía ese proceso de representación bajo un horizonte emancipatorio que debía hacerse realidad algún día. La política nocturna dice que ese día no llegará, que tenemos que olvidarnos de los horizontes, y que eso, paradójicamente, nos hará más libres porque nos va a permitir luchar.</p>
<p><strong>–¿Es una política disutópica entonces?</strong></p>
<p>–En el fondo la política nocturna es una política desesperada. Desesperada por encontrar algo en lo que creer. Pero la política nocturna va a encontrar en el querer vivir esa idea en la que creer, porque al final sólo queda creer en lo que nos hace vivir. ¿Y lo que nos hace vivir no es precisamente el querer vivir? La política nocturna es por tanto una política del querer vivir. Su caja de herramientas está formada por gestos radicales, travesías del nihilismo, tierras de nadie que desafían la realidad. Articulada en torno de la tríada fuerza del anonimato-interioridad común-espacios del anonimato, quiere hacer del querer vivir de cada uno un desafío colectivo. Y así sabotear la realidad. Sabotear la realidad para liberarnos del poder, aunque por encima de todo tenemos que liberarnos de lo que somos. De lo que la realidad nos obliga a ser.</p>
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		<title>ROMPER LOS LÍMITES DEL CONTROL  (Notas sobre The Limits of Control de Jim Jarmush)</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2009 09:36:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>leodecerca</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Leónidas Martín Saura
La creación, las prácticas artísticas desempeñan un papel esencial en la tarea de mezclar -hasta confundirse- capitalismo y vida y, sin embargo,<em>The Limits of Control </em>parece decirnos que otro uso de esas mismas prácticas creativas, una aplicación distinta de esa misma imaginación puede ser capaz de abrir un abismo, de crear una interrupción, un espacio en nuestras vidas capaz de desafiar de nuevo al poder.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Leónidas Martín Saura</p>
<p><a href="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/limits-hunter-440x652.jpg"><img class="size-full wp-image-433 alignleft" title="limits-hunter-440x652" src="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/limits-hunter-440x652.jpg" alt="limits-hunter-440x652" width="163" height="242" /></a>Hace unos días, estando en Alemania, una amiga me invitó al cine. Fuimos a ver la última película de Jim Jarmush: <em>The Limits of Control</em>.<br />
Aun tratándose de uno de los cineastas actuales que más aprecio, poco, por no decir nada, conocía acerca de los contenidos de esta producción. Sabía, por ejemplo, que había sido rodada en España, circunstancia que despertó mi curiosidad. Conocía también el título que Jarmush había elegido para esta ocasión, que también me intrigó. Recuerdo que cuando lo leí pensé en seguida en William Burroughs y, más concretamente, en aquél ensayo homónimo aparecido en 1975 en el que, a su manera -siempre tan peculiar-, Burroughs nos invitaba a pensar en las palabras como verdaderos agentes del orden, como los principales instrumentos de control. Todo orden -decía Burroughs- toda sugerencia, toda indicación es al fin y al cabo una palabra, sin ellas no hay forma de aplicar el control,  ellas son, de hecho, el control mismo.<br />
Los “límites” que nos muestra Jarmush, sin embargo, parecen ir por otros derroteros. Más que con la palabra, aquí nos enfrentamos con la imagen o, mejor dicho, con el proceso de crear imágenes, con la capacidad (y los límites) de formar imaginarios y la posibilidad que éstos tienen de afectar a la realidad.<br />
<a href="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/limits-control2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-426" title="limits-control2" src="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/limits-control2.jpg" alt="limits-control2" width="532" height="295" /></a><br />
<span id="more-837"></span>DESDE LAS TORRES DE CONTROL</p>
<p>La última vez que había visto el emblemático edificio madrileño <em>Torres Blancas</em> en un trabajo cinematográfico, había sido en <em>Del amor y otras soledades</em>, del director salmantino Basilio Martín Patino. En aquella ocasión recorría los pasillos de este edificio de corte futurista (hoy ya <em>retro futurista</em>, podríamos decir) una mujer en crisis, María (Lucía Bosé), una mujer huyendo de su propia vida, una vida que hacía aguas y poco a poco dejaba de tener sentido para ella. Todas y cada una de las instituciones que anteriormente le habían dotado de seguridad, pertenencia y comunidad parecían ahora derrumbarse bajo sus pies dejando entrever aquello que durante tanto tiempo habían escondido: su soledad, la soledad. Recuerdo que esta <em>toma de conciencia</em>, o sea, la evidencia de que tales conceptos (seguridad, pertenencia, etc…) se instituían a costa de doblegar todos sus deseos hasta hacer de ella un sujeto disciplinado, era la causa por la que la protagonista emprendía esa huida de sí misma, una huida sin regreso y destinada irremediablemente a toparse de bruces con los límites propios de su condición: mujer burguesa española de finales de los años sesenta.<br />
Cuarenta años después del estreno de aquella película, Jim Jarmush vuelve a utilizar el edificio <em>Torres Blancas</em> como localización, y aunque sus paredes alberguen lo mismo, soledad, es ésta de una naturaleza bien distinta a la de la protagonista de Patino.<br />
<em>Alone</em> -sí, este es el significativo nombre que arrastra el héroe de <em>The Limits of Control</em>- representa, efectivamente, una figura solitaria al margen de la ley, alguien ajeno a los convencionalismos sociales. Un personaje excluido (como todos los personajes de Jim Jarmush) que se encuentra en pleno proceso por acabar una misión encomendada, una tarea, algo que en ningún momento se nos explica con claridad. El detonante que hace caminar a <em>Alone</em>, aquello por lo que se mueve, lo que le hace recorrer parte del paradigma cultural español a lo largo del film, no nos es revelado en ningún momento, permanece oculto. Sabemos que tiene una misión, sí, pero no sabemos cuál. Como el de la protagonista de Patino, el de <em>Alone</em> también es un viaje subjetivo a través de su propia conciencia, pero, a diferencia de ella, el protagonista de Jarmush no huye.<br />
Las instituciones que en <em>Del amor y otras soledades</em> aparecen en crisis, se han desintegrado por completo aquí. Nada ni nadie acompaña ya a este hombre. <em>Alone</em>, en efecto, está solo y así parece haber estado toda su vida. Solo recorre una tierra sin fin, un mundo tan solitario como él. <em>Alone</em> ya no es ese hombre encerrado o disciplinado (como diría Foucault), más bien se trata de un hombre endeudado (recordemos que la misión que está llevando a cabo es un encargo). Sin ninguna institución que lo ampare ni lo represente y sin más compañía que la suya propia, es sobre él y nadie más sobre quién recae ahora toda la responsabilidad y sentido de la vida, una vida que persigue algo que no conocemos y de la que nadie ni nada, salvo él mismo, es responsable. ¿No es acaso ésta una imagen muy acertada del hombre contemporáneo?</p>
<p><a href="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/the_limits_of_control01.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-428" title="the_limits_of_control01" src="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/the_limits_of_control01-1024x682.jpg" alt="the_limits_of_control01" width="533" height="356" /></a></p>
<p>EL CINE NEGRO Y SU LUZ</p>
<p>Sabido es que Jarmush nunca se encasilla en una tipología cinematográfica; más bien recoge convenciones de distintos géneros para reflexionar sobre ellos. Así ocurre, por ejemplo, con el género del Oeste en<em> Dead Man</em> o con la película de Samurais en <em>Ghost Dog</em>. En todo caso, si tuviésemos que adscribir este film a un género determinado, diríamos que <em>The limits of control </em>es una película de cine negro, un <em>Noir</em> sí, pero un <em>Noir</em> que mantiene muchas de sus características sólo para ir deconstruyéndolas una a una. Como en los mejores exponentes del cine negro, aquí también el héroe parece ser un personaje experto y endurecido, alguien que no necesita de un mentor ni de un guía para ser orientado; <em>Alone</em>, como, por ejemplo, hiciese en su día <em>Jeff Costello</em> (Alain Delon) en <em>Le Samurai </em>(1967), o <em>Walker</em> (Lee Marvin) en <em>Point Blank</em> (1967), también ha interiorizado un arquetipo que habita en su interior como código de conducta. Si el control sobre sí mismo es, como afirman algunos, la facultad de seleccionar los pensamientos para convertir en actos sólo los convenientes, <em>Alone</em>, a lo largo de la película demuestra tener mucho. Es un hombre que aunque en un momento del film afirme que “un profesional no se distrae nunca pero todo hombre tiene sus límites” parece estar blindado ante todas y cada una de las seducciones que se cruzan por su camino; por ejemplo la que representa la actriz Paz de la Huerta en el papel de <em>Nude </em>(otro nombre significativo), una mujer (casi siempre desnuda) que, sin mayor explicación, aparece en la habitación de nuestro héroe dispuesta a seducirlo (con el aproximado histrionismo que muestran los anuncios comerciales cada día en nuestro salón, en la calle, en todas partes). En un momento determinado, tras varios intentos de seducción fallidos, <em>Nude</em> le dice a <em>Alone</em>, en clara alegoría del quehacer cinematográfico hollywoodiense: “No guns, No sex… how can you stand it?” (sin, pistolas, sin sexo… ¿cómo puedes soportarlo?) Ella es el deseo (el deseo hecho seducción por el mercado, deberíamos puntualizar) y él,  <em>Alone</em>, es la resistencia que pareciera saber que en la vida tramada con el capitalismo el deseo es el que construye las trampas que atrapan al deseo mismo; que él -el deseo- es el que levanta las estructuras donde se sostienen los actuales dispositivos de represión y de control.<br />
A partir de aquí el argumento se hace más evidente. Con esta pista hemos averiguado parte del sentido que encierra la película: el deseo o, mejor aún, la imagen como agente del deseo, es parte integrada del control. Sin embargo, este film, como todo buen cine negro, guarda otros secretos. El caso todavía no está resuelto. Si queremos completar el rompecabezas, si queremos desvelar la clave de <em>The Limits of control</em>, tenemos que afinar en la búsqueda. Si el deseo es una parte del control, ¿cuáles son las otras partes? Y, lo que es más importante, ¿tiene límites este control tal y como asegura su título? ¿Puede ser controlado este control?, y, si es así, ¿cómo?<br />
Precisamente aquí, en las posibles respuestas a estas preguntas, es donde la película de Jarmush se torna, desde mi punto de vista, más interesante.<br />
Pónganse, pues, gabardina y sombrero que vamos a intentar resolver este caso.</p>
<p><a href="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/the_limits_of_control10.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-429" title="the_limits_of_control10" src="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/the_limits_of_control10.jpg" alt="the_limits_of_control10" width="529" height="352" /></a></p>
<p>EL CASO DE LA IMAGEN ATRAPADA EN LA IMAGEN</p>
<p>Recapitulemos. El héroe de la película es un hombre solo, un hombre acompañado por sí mismo y guiado por un código de conducta interior. El mundo que le rodea es un mundo extraño, ajeno, un mundo que ha sido construido a su alrededor sin contar con él para nada. Durante su viaje, diferentes personajes se cruzan en su camino a modo de figuras alegóricas: <em>Nude</em> (la seducción), <em>Violin</em> y <em>Guitar</em> (el arte, la creatividad), <em>Mexican</em> (lo desconocido, el otro), <em>Molecules</em> (la ciencia), <em>Blonde</em> (la imagen representada hecha sujeto, los arquetipos del cine encarnados en alguien) y, por último, <em>American</em> (el poder, la industria cinematográfica). Todos están ahí, compartiendo con él un sitio en el mundo; de hecho, todos ellos, incluido <em>Alone</em>, son los elementos que conforman el mundo recorrido por el héroe, un mundo que a todos controla, un mundo que es el control en sí mismo. Todos y cada uno están colocados en su lugar, todos actuando tal y como se espera que actúen. Esa posición que cada uno ocupa en el mundo es, precisamente, la que propicia el control. Sin embargo -defiende Jarmush- ese control tiene sus límites. ¿Cuáles, pues, son estos límites?<br />
Examinemos ahora la primera pista, la de William Burroughs en su T<em>he limits of control</em>. Si la adaptásemos a nuestro propósito, podríamos decir que hoy el mundo aparece ante nosotros como un sistema de imágenes que se imponen sin remedio. En este sentido el mundo es, como asegura Santiago López Petit en su último libro (1) “una <em>obviedad</em> imposible de refutar”. Desde esta afirmación parte la aventura de <em>Alone</em>, pero su destino no es la resignación (como no lo es para Petit), y así lo demostrará el inesperado final que Jarmush nos ha reservado.<br />
El mundo, efectivamente, es &#8220;la obviedad del capitalismo hecho uno con la vida&#8221; (López Petit), sin embargo <em>Alone</em> parece decirnos en el final del film que esa obviedad que no nos permite cambiar nuestro destino es también, a la vez, parte del sistema de imágenes que forman dicha obviedad o, lo que es lo mismo: la obviedad, sin dejar de ser al mismo tiempo una imagen, es la que nos encierra en esta vida. Una imagen que, como tal, puede, naturalmente, interpretarse de maneras diversas, asociarse a significados múltiples o abrirse a distintas subjetividades. Ésta es la forma más vulnerable del control; ahí se encontraría su debilidad, su límite, su talón de Aquiles.<br />
Esta es la hipótesis que plantea Jarmush, y lo hace, cómo no, desde la cinematografía porque es la tarea y el medio que a él le incumben. Quizá la nuestra sea la de ver si esa misma idea es también aplicable al conjunto de prácticas creativas. Resolver esto es resolver mucho; constatar que el control, al fin y al cabo, sólo sería una imagen más y que como todas podría perfectamente sucumbir a nuestra interpretación y, por lo tanto, perder toda su fuerza sería, sin duda, una gran reorientación en la trama de nuestra vida.</p>
<p><a href="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/the_limits_of_control031.jpg"><img class="alignnone size-large wp-image-430" title="the_limits_of_control031" src="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/the_limits_of_control031-1024x620.jpg" alt="the_limits_of_control031" width="529" height="320" /></a></p>
<p>LA REALIDAD EN LAS PELÍCULAS DE FICCIÓN</p>
<p>Las formas dominantes de alienación del siglo XX transitaron desde el ámbito del trabajo hacia el del consumo. Los años sesenta significaron, de alguna manera, la confirmación de este tránsito. Desde entonces la cultura, entendida como el lugar donde se produce el símbolo y por donde circulan los arquetipos que nos ofrecen maneras de subjetivación, se convirtió en el nuevo terreno de conflicto; a partir de entonces, los mecanismos de representación pasaron a ser mucho más influyentes, actuando con más determinación en el hecho de conectar lo imaginario con lo real. Sobre la representación cayó entonces una responsabilidad mucho mayor en la tarea de enlazar el deseo con las figuras sobre las que se fija. No es de extrañar, pues, que asistiésemos entonces a un incremento de aquellos trabajos artísticos dedicados a censurar, precisamente, los nuevos mecanismos de representación y sus funciones simbólicas en el capitalismo avanzado.  No es de extrañar tampoco que fuese también entonces, durante la década de los años sesenta, cuando muchos artistas comenzaron a entender su nueva posición y la función crucial que desempeñaban a la hora de conectar signo y deseo como necesidad imperiosa del capitalismo cuando hubo de ampliar nuevos mercados. Es en ese momento cuando se empieza a ver proyectos artísticos de marcada intención crítica hacia los nuevos mecanismos de representación. <em>The Limits of control </em>recoge el testigo de esta corriente crítica. Lo hace, como hemos dicho, desde su posición: la industria cinematográfica, pero, a diferencia de otras obras críticas con los mecanismos de representación pasados, esta película parece producirse desde un mundo -el nuestro- en el que la evolución del capitalismo en esa dirección habría continuado su curso hasta encontrarnos hoy en una situación en la que la imagen representada sería ya la ficción definitivamente impuesta. Desde esta perspectiva, sería la imagen la que conformaría nuestras identidades, desde ella estaríamos viendo e interpretando el mundo. Ya no se trataría, pues -como defendían algunas corrientes teóricas del siglo pasado-, de meras representaciones ideológicas, ni de ejemplos de falsa conciencia; muy al contrario, el estatuto de la imagen representada sería hoy, para todos nosotros, el mismo que el de la realidad porque, en definitiva, ella es la realidad que vemos, la realidad que vivimos.<br />
<em>The Limits of Control</em> parece decirnos que si esto es así, si, efectivamente, las ficciones poseen hoy la realidad por ser ellas las que crean efectos de realidad, ha llegado el momento de pensar cómo a partir de ellas, a partir de las ficciones, vamos a ser capaces de cambiar la realidad a nuestro favor y no dejar ese asunto exclusivamente en manos de las industrias de la imagen (<em>Hollywood </em>a la cabeza de todas ellas).  	La realidad como constructo elaborado por las representaciones de ella misma, no es una idea nueva. De hecho, si uno se fija con atención verá que, de una forma u otra, esta idea ha estado presente en muchas de las prácticas artísticas pasadas, como por ejemplo en el <em>constructivismo </em>soviético de principios del siglo xx. Este movimiento artístico pensaba que la realidad era <em>construida</em> por el observador; para el constructivismo ninguna realidad existía independientemente de esa mirada. Mi interés en la película de Jarmush recae, precisamente, en el esfuerzo que invierte por retomar esta idea moderna procurando acercarla a las condiciones de producción de imagen contemporáneas. En un momento determinado del film se admite que la realidad es subjetiva, más adelante <em>Mexican</em> (este es el nombre del personaje que encarna Gael Garcia Bernal) le confiesa a <em>Alone</em> -en uno de los muchos monólogos enmascarados de diálogo que abundan en el film- que “a veces el reflejo es mucho más real que la cosa reflejada”; ante tales afirmaciones no le queda más remedio a uno, como espectador, que participar en la construcción del contenido así expresado. Es el espectador el destinatario del mensaje, y recibirlo (tanto para aceptarlo como para negarlo) depende únicamente de su propia percepción, de su atención, de su participación, en definitiva.</p>
<p><a href="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/the_limits_of_control06.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-431" title="the_limits_of_control06" src="http://leodecerca.net/wp-content/uploads/2009/08/the_limits_of_control06.jpg" alt="the_limits_of_control06" width="529" height="352" /></a></p>
<p>EL DESAFÍO DEL AGENTE SECRETO</p>
<p>Es bien conocido que a principios de octubre del año 2001 el Pentágono solicitó la ayuda de <em>Hollywood </em>para formar un grupo de guionistas y directores de cine especialistas en películas de catástrofes con la intención de imaginar situaciones y formas de combatir posibles ataques terroristas. Este es un buen ejemplo de aquello que Zizek, siguiendo a Lacan, llama “atravesar la realidad” (2), lo cuál ya no consistiría tanto en confrontar lo real con lo imaginario, sino, paradójicamente, todo lo contrario: identificarse plenamente con la fantasía para llegar a la verdad.<br />
Esta ficción que sin salir de ella misma es capaz de modificar lo real, lo que podríamos llamar <em>la verdad de la ficción </em>es precisamente lo que parece reivindicar Jarmush cuando rueda un final como el que cierra <em>The Limits of Control</em>. El héroe se aproxima al lugar que encierra el máximo peligro, ese sitio que acostumbra a estar localizado bajo tierra, allí donde suele esconderse el objeto de la búsqueda, aquello que ha motivado el viaje del héroe. Como en muchas otras películas de cine negro, el viaje de <em>Alone</em> también le ha llevado hasta las puertas del cuartel general del antagonista, su mayor enemigo. Los solitarios pasos del héroe a través de un mundo plagado de apariencias y seducciones le han guiado finalmente hasta el enclave más peligroso de su vida, hasta el rincón más oscuro de esa noche sin fin que rodea a <em>Alone</em>.<br />
Los héroes de este género suelen detenerse a las puertas de este lugar envuelto en hipótesis, dedicándose por un tiempo a preparar lo que se cierne sobre ellos, planeando una estrategia capaz de burlar a los guardias del villano, una estrategia que le permita solventar todas las barreras que separan al héroe del antagonista. Esta fase se denomina<em> la aproximación</em> o <em>el acercamiento</em>; pues bien, en esta película, Jarmush ignora toda ese tránsito pasando directamente a mostrar una escena en la que <em>Alone</em> se encuentra ya, sin explicación racional alguna, frente a frente con su enemigo <em>American</em> (la figura alegórica que representa al poder). Cuando <em>American</em> le pregunta cómo ha logrado llegar allí, nuestro héroe responde: “He usado mi imaginación”, y, acto seguido, acaba con él asfixiándolo con la cuerda de una guitarra, espléndida metáfora del potencial creativo, la belleza, el arte, convertido en máquina de guerra, en arma capaz de transformar el uso poético de los significantes y provocar con ellos un impacto político real.<br />
Este salto narrativo, esta grieta abierta en la acción-reacción es la clave secreta del film. Revelarla es entender que solamente dentro de la ficción pueden ocurrir los acontecimientos, y que si esto es así, desde ese lugar, desde la imagen, desde la fantasía es desde donde vamos a tener que atacar a la realidad.</p>
<p><em>As I was floating down unconcerned Rivers<br />
I no longer felt myself steered by the haulers</em><br />
(Al descender ríos que no me concernían<br />
Ya no volví a sentirme guiado por los transportistas)</p>
<p>Esta frase construye el pórtico de la película de Jarmush. Pero su autor es Arthur Rimbaud (<em>Comme je descendais des Fleuves impassibles, / Je ne me sentis plus guidé par les haleurs</em>) (3), uno de los máximos exponentes del artista que se tiene a sí mismo como guía, el artista libre de convencionalismos, el artista fuera de control en definitiva, alguien consciente de que sólo desde una vida rota se inicia el camino posible hacia la verdad. Si, como atestigua, los ríos (la vida, nuestra vida) ya no nos conciernen, si definitivamente nos hemos retirado a vivir dentro de los anuncios, si nuestras vidas suceden ya en el interior de una realidad que no es más que la apariencia de sí misma, si ya lo hemos perdido casi todo, ha llegado el momento, pues, de perder también el miedo (lo advirtió antes Fénélon en el parlamento de Mentor con Telémaco: “el peligro hay que prevenirlo, pero, una vez dentro de él, sólo nos queda despreciarlo”). Es hora de lanzarnos a desafiar todo intento de control, todo “transportista” que se cruce en nuestro camino. ¿Cómo?, pues como nos ha enseñado <em>Alone</em>: “usando nuestra imaginación”; pero cuidado, no confundamos esta enseñanza con la invocación de “la imaginación al poder” de los años sesenta. Ésa ya se cumplió de manera perversa; hoy el poder es, efectivamente, la imaginación. La creación, las prácticas artísticas desempeñan un papel esencial en la tarea de mezclar -hasta confundirse- capitalismo y vida y, sin embargo, las pistas dejadas por <em>The Limits of Control </em>nos dicen que otro uso de esas mismas prácticas creativas, una aplicación distinta de esa misma imaginación puede ser capaz de abrir un abismo, de crear una interrupción, un espacio en nuestras vidas capaz de desafiar de nuevo al poder; es decir, desde el que desmontar nuestra propia vida.<br />
Tenemos que atravesar los límites del control. Ojalá <em>Alone </em>tenga razón y el arte, llegado el momento, nos sirva de algo; sea nuestra cuerda de guitarra.</p>
<p>____________________________________</p>
<p>-(1) López Petit, Santiago, <em>La movilización global. Breve tratado para atacar la realidad</em>, Madrid, Traficantes de sueños, 2009<br />
-(2)  Zizek, Slavoj, <em>Bienvenidos al desierto de lo real</em>, Madrid, Akal, 2005</p>
<p>-(3)  Rimbaud, Arthur, <em>Le bateau ivre</em>, 1871</p>
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		<title>La cultura se ha convertido en una fábrica de entretenimiento (entrevista a Alain Brossat)</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Aug 2009 14:02:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>leodecerca</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Materiales]]></category>

		<category><![CDATA[pensamiento cultura filosofía entrevista]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuestra pereza mental asocia aún cultura y emancipación. Sin embargo, la actual inflación del sector cultural no parece llevar aparejada una emancipación social muy visible. ¿Y si más que hacernos actores, nos vuelve espectadores? ¿Y si más que afinar nuestra sensibilidad al mundo, nos anestesia?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2009/08/brossat-thumb.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-835" title="brossat-thumb" src="http://www.enmedio.info/wp-content/uploads/2009/08/brossat-thumb.jpg" alt="brossat-thumb" width="225" height="261" /></a>Por: Amador Fdez-Savater<br />
Fuente: <a href="http://blogs.publico.es/fueradelugar/81/la-cultura-se-ha-convertido-en-una-fabrica-de-entretenimiento">Fuera de Lugar</a></p>
<p>Alain Brossat es filósofo. Imparte clases de filosofía contemporánea y filosofía política en la célebre Universidad de París VIII, fundada tras Mayo del 68. Entre otros numerosos ensayos de crítica radical de la sociedad contemporánea, publicó en 2008 El gran hartazgo cultural sobre el papel de la cultura hoy. Su obra La democracia inmunitaria ha sido traducida al castellano por la editorial Palinodia.</p>
<p>Nuestra pereza mental asocia aún cultura y emancipación. Sin embargo, la actual inflación del sector cultural no parece llevar aparejada una emancipación social muy visible. ¿Y si más que hacernos actores, nos vuelve espectadores? ¿Y si más que afinar nuestra sensibilidad al mundo, nos anestesia?</p>
<p><strong>Ha escrito usted que vivimos en un “todo cultural”, ¿qué significa esto?</strong></p>
<p>Lo más propio de lo que hoy se designa con el vocablo de “cultura” es ser una esfera en expansión permanente: los vinos de Burdeos y las obras de arte expuestas en el Louvre, las series de televisión, las carreras de caballos, los cruceros por el Mediterráneo, la gastronomía, los peregrinajes a Santiago de Compostela y los cursos de tango. Hay pocos objetos y conductas, si lo pensamos bien, que no puedan encontrarse dotados de una dimensión o una coartada cultural. Lo que se llama comúnmente cultura tiene en ese sentido la apariencia de uno de esos almacenes donde los anticuarios hacen coexistir los objetos más heteroclitos. La yuxtaposición de los objetos, las prácticas y los discursos más heterogéneos es el principio mismo de lo cultural hoy: coexisten en un mismo plano lo antiguo y el último grito, lo popular y lo elitista, lo familiar y lo exótico, etc. Esto es de lo que se quejan los nuevos reaccionarios que quieren que cada cosa esté en su sitio: Mozart en todo lo alto y por abajo el rap de las periferias urbanas.</p>
<p><strong>Si su crítica no es reaccionaria, ¿de qué tipo es?</strong></p>
<p>Al mismo tiempo que es un cajón de sastre, sometido a un principio de equivalencia estricto, imposible de jerarquizar, la cultura contemporánea es un medio líquido en el que todo circula, se vende y se vuelve intercambiable. El dominio de la cultura se ha vuelto indistinto al del consumo. En ese sentido, la cultura es esa especie de cemento líquido que contribuye poderosamente a mantener unida la vida social en torno a una multitud de objetos o a un conjunto de conductas estereotipadas (contemplar una emisión de televisión, visitar un museo, seguir un acontecimiento deportivo, leer el último premio Planeta…). Ahí donde tantos factores sociales, políticos y económicos tienden a desgarrar nuestras sociedades, incrementando las desigualdades, atizando los conflictos, la cultura funciona hoy como un dispositivo de agregación involuntaria de los seres vivos, una fábrica de la vida común sin debate ni consentimiento.</p>
<p><strong>¿Quiere decir que la cultura despolitiza la vida social?</strong></p>
<p>Mientras que la democracia representativa moderna reposa sobre la institucionalización del conflicto y, por tanto, sobre el reconocimiento de su carácter primero e irreductible, la democracia cultural niega el conflicto como fundamento mismo de la política: amos y esclavos, patricios y plebeyos, burgueses y proletarios, aristocracia y pueblo. Sustituye el conflicto por la coexistencia pacífica de las diferencias y el imperio del gusto individual: cada uno tiene sus antojos, sus manías, sus fascinaciones, sus hobbies, sus estrellas y emisiones preferidas, sus vacaciones de ensueño, etc. El público cultural suplanta al pueblo político. La sociedad ha sustituido la pasión de la igualdad por un régimen de tolerancia generalizada, pero una tolerancia blanda, cuyo reverso es el repliegue sobre sí de las “comunidades”, cada una de ellas una micro-cultura no igual, sino equivalente a las demás.</p>
<p>En nuestras sociedades se da una relación entre la contracción de la esfera política, la esfera de la acción colectiva y la política viva, y la expansión de modalidades culturales: el consumo, la espectacularización, etc. El entretenimiento, todavía ayer, se inscribía esencialmente en el registro de la vida privada. Hoy es el negocio de las industrias culturales. No soy yo quien lo dice, sino Sarkozy que, en la víspera del último Mundial de Fútbol, fabricó este aforismo: “Francia en la final, tres meses de paz social”. El análisis crítico debe consistir en un esfuerzo constante para describir el proceso mediante el cual un movimiento insurreccional o un desplazamiento en la esfera política vive siempre bajo la amenaza de ser reciclado, reinyectado en el medio líquido de la cultura, transformado en un grumo del protoplasma cultural, como las películas recientes sobre Louise Michel o el Che Guevara.</p>
<p><strong>En otro tiempo la cultura fue sinónimo de emancipación…</strong></p>
<p>Contrariamente a lo que pudo afirmar un día Pasolini en un arrebato de optimismo prematuro, la cultura no es lo que resiste a la distracción, sino que se ha convertido en la fábrica del sujeto ocupado y entretenido. La cultura contemporánea mezcla las dimensiones de la formación, del conocimiento -que supuestamente son el fundamento de la responsabilidad y la lucidez del sujeto moderno- y de la distracción y el entretenimiento. El gesto de vincular el destino de la cultura como tal al de la emancipación del sujeto moderno se vuelve de golpe impracticable. Bajo el umbral soleado de la Ilustración, personajes como Fígaro, Jacques el Fatalista de Diderot o el Jean-Jacques de las Confesiones establecieron un pacto entre la cultura que habían adquirido por sí mismos (eran autodidactas), su experiencia propia de la vida y la pasión de la emancipación, de la igualdad que les movía. Ese pacto hoy está roto. Ha sido revocado por la cultura contemporánea, que se ha vuelto, en lo esencial, un coagulante social, un tranquilizante, un consuelo, sobre todo en su forma masiva, la de la cultura de masas producida y difundida por las industrias culturales, fundamentalmente hecha de imágenes. Los regímenes de consolación tradicional están muertos o moribundos (la religión, la vida de familia, la existencia comunitaria…) y la cultura aparece entonces como la música de acompañamiento de nuestra melancolía perpetua que nos distrae del dolor punzante de una existencia sin esperanza, objetivo ni gozo. “Cuando los hombres mueren, entran en la Historia. Cuando las estatuas mueren, entran en el Arte. Esa botánica de la muerte es lo que llamamos cultura” (Chris Marker, en el film de Alain Resnais Las estatuas también mueren).</p>
<p><strong>¿Qué posibles vías de resistencia anti-cultural ve hoy?</strong></p>
<p>Como decía Artaud, “no me parece qué lo más urgente sea defender una cultura cuya existencia jamás ha salvado a un hombre de la preocupación de vivir mejor o de tener hambre, sino extraer de aquello que llamamos cultura las ideas cuya fuerza viviente sea idéntica a la fuerza del hambre”. Se vuelve cada vez más difícil nombrar una manifestación de la vida humana que se mantenga rigurosamente a distancia de la cultura. Enumeremos sin embargo algunas: una huelga con ocupación no es un acontecimiento cultural, aunque se baile y se cante en los talleres como en junio de 1936; escribir En busca del tiempo perdido o Las palabras y las cosas, rodar Un perro andaluz o pintar el Guernica no son actividades culturales, aunque a posteriori haya una captura cultural del acontecimiento suscitado por un gesto de arte. Como decía autor desconocido o, más bien olvidado, “en la organización de la sociedad, ninguna obra de arte puede sustraerse a su pertenencia a la cultura, pero no hay ninguna, si es algo más que un producto industrial, que no oponga a la cultura un gesto de rechazo: la voluntad misma por la que se convirtió en obra de arte”. En este sentido, la política y el arte son lo que resiste al movimiento general de “culturización” de nuestras existencias. Un asunto cultural no suscita el conflicto más que cuando una cuestión política lo atraviesa: por ejemplo, la cuestión de los intermitentes del espectáculo [trabajadores flexibles y discontinuos de la industria cultural] no es un tema cultural, interno a la cultura, sino más bien político; cuando la embajada de Francia en Washington suspende la representación en el centro cultural francés de la capital estadounidense de una pieza de Michael Vinaver sobre el 11 de septiembre, con el fin de no arriesgarse a una reacción negativa de las autoridades americanas, no es tanto la “cultura” la que expone sus facultades críticas como el arte el que manifesta sus virtualidades política, suscitando la censura, un gesto decididamente político.</p>
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